Capítulo 4

2111 Words
Capítulo 4 Tenía que admitir que escuchar una voz familiar era tan reconfortante como curativa. Me hizo bien, me hacía bien. Miranda lloraba detrás de su teléfono, congojada y con voz queda. Digamos que pude decirle algo luego de que se calmara en su totalidad. —Sí, soy yo —afirmé, mientras abría la puerta de mi apartamento. —¡Dónde estás!¡Te fuiste así, de la noche a la mañana!¡Te suicidaste!¡¿Sabes lo devastador que fue saber que te habías ido al mismísimo infierno?!¿Qué demonios se te cruzó por la cabeza, Ada?! —su grito era enfurecido, sacada de quicio. Me sentía como una niña regañada escuchándola. Dejé mi bolso sobre el recibidor y me saqué los zapatos, dejando mis pies descalzos sobre las baldosas negras. —Es muy difícil de explicar, Miranda —bufé. —¿¡QUÉ ES MUY DIFICIL DE EXPLICAR!?¡¿ESO DIJISTE?! —tuve que apartar el celular de la oreja ante ese grito suyo. Mierda, a veces era muy intensa, pero estaba súper justificado —¡Adam no para de preguntar por ti, cree que te has ido de viaje con Max!¡Oh mi Dios!¡¿Y Max?!¡Mi madre me ha contado que ambos murieron!¡Por Dios!¡¿Qué demonios se les ha cruzado a la cabeza para ir al Inframundo?! Adam. Se me detuvo la respiración por algunos segundos cuando escuché su nombre. Mi dulce e inocente Adam. Él se merecía una explicación sobre mi ausencia. Había sido tan bueno conmigo hace tiempo atrás. Tan generoso ofreciéndome su amistad. Me daba asco pensar que habíamos tenido algo carnal siendo...sentí nauseas al instante. Claramente nunca lo había visto como algo más. Mi corazón le pertenecía a Max, aunque sabía que eso estaba mal. Que no era moral. Toda mi vida estuvo mal porque mis decisiones me llevaron a la ruina emocional y la estabilidad de la misma se había ido a la mierda. —¿Qué tan ocupada estás cómo para venir a Miami a vivir conmigo por un tiempo? —le pregunté, tratando de calmarla —Es imposible explicártelo por vía llamada, Miranda. Se tomó su tiempo para contestar. Escuché como soltaba el aliento. —Si me envías los pasajes iré y me quedaré unos días. No tengo mucho dinero conmigo. No sabes cuánto te extraño, quiero estar contigo ya mismo. —No te preocupes por eso ¿eso quiere decir que vendrás? —una pizca de ilusión se produjo en mi voz. —Sólo si no te mueres otra vez. —No prometo nada —suspiré, viendo la playa de noche desde mi ventanal —. No veo la hora de verte. Fui a buscarla al aeropuerto a la semana siguiente con mi motocicleta. Llevaba una mochila conmigo porque tenía un cartel dentro que decía su nombre para encontrarnos más rápido. La adrenalina de aquel momento por llegar al aeropuerto y encontrarla me tenía emocionada. La había extrañado más de lo que había imaginado. Ver alguna cara conocida jamás me había dado tantas esperanzas porque sabía que aquel día no era uno cualquiera. Era un reencuentro con ella. Con la loca de mi sobrina. En cuanto la vi a la distancia, entre las personas que bajaban de un vuelo, se me cayó el alma a los pies. Tenía un bolso enorme sobre una valija negra con rueditas en una mano. Con la otra sostenía su móvil. Estaba bellísima. Tenía el cabello n***o super largo y suelto hasta la cintura y unos anteojos de sol sobre su cabeza. Llevaba una camisa a cuadros hasta las rodillas color rojo y n***o y unas botas altas negras. En cuanto nuestros ojos se encontraron, algo en mí se reinició. No tardamos en correr hacia la otra y embestirnos en un largo abrazo. Ella se vio sacudida por las lágrimas y no paraba de llorar contra mi hombro. Su tristeza fue tan conmovedora que yo también empecé a lagrimear, sin decir nada. —Creí que no volvería a verte y esa es una sensación horrible ¿lo sabes verdad? —me murmuró, entre el llanto y la emoción. —Lo sé —logré decir, ya que mi voz se partió. —Por favor, no vuelvas a irte. No te vayas maldita zorra rubia folla hombres —carraspeó, tratando de sonreír. —Esta zorra no volverá a irse —la tranquilicé, tomándola de las mejillas y secándolas con mis dedos pulgares —. Mírate, estas hecha una diosa. —Lo sé —admitió, sonriendo —. Tú sigues igual, pero Dios —tomó varios mechones de cabello con sus dedos y los miró con los ojos bien abiertos —. Tu cabello está larguísimo. Tomé la manija de su valija y pasé mi brazo libre sobre su hombro, estrechándola contra mí. —Y se quedara largo —le dije, sonriendo.  Caminamos juntas y pegadas porque no paraba de abrazarme. Me dolió saber que mi ausencia le había afectado muchísimo. A veces, cuando una persona decide irse de la vida de otra, puede causar la destrucción total o mejorar su vida. En este caso, había destrozado a Miranda. Pude notarlo en su rostro. Cuando se llegamos a mi apartamento, un taxi iba detrás de mi motocicleta con su valija. Abrí la puerta y Miranda entró, fascinada y boquiabierta. —¡¿Vives aquí con esta vista sensacional?! —me preguntó. Asentí, sonriendo. —Creo que vivir en Miami ha sido una de las mejores opciones que he encontrado para empezar de cero —cerré la puerta —¿Quieres una Coca-cola en lata? —le ofrecí, dirigiéndome a la heladera. —Sí, por favor. Estoy sedienta. Saqué dos de la heladera, una para mí y otra para ella. —Perdón por no decirte donde estaba —le dije, lamentándolo. Ella me miró sin decir nada y bebió un poco de su lata, con cierta desaprobación en sus ojos por lo que le había dicho. —Si no fuera por mi madre Cupido hubiera creído que la tierra te había tragado —carraspeó, claramente enojada. Nos dejamos caer en el sofá con el atardecer de la playa a nuestro lado por el enorme ventanal. Ambas, hipnotizadas por la combinación de colores que el cielo ofrecía. Un cielo pintado de vivos colores azules, rojizos, anaranjados y amarillos, que también se reflejan en el agua y solamente son separados por una franja negra a lo largo del horizonte. —Decidí suicidarme porque he cometido el peor de los pecados, Miranda —le dije finalmente, rompiendo el silencio y mirando el amanecer —. Max, Adam y yo somos hermanos tanto de madre como de padre. Mi abusador fue todo este tiempo mi padre biológico y yo forniqué con tanto con Max como con Adam. Incluso...con los dos al mismo tiempo. Apenas lo supe...decidí marcharme de lo terrenal porque sabía que no podría vivir con eso en mente ¿sabes el peso de la culpa que me ha caído encima? ¿Sabes lo tentador que es ver algo filoso todos los días y pensar en clavártelo en el pecho con tan sólo recordar lo que pasó? Miranda me miró, con los ojos cristalinos. —Mamá no me ha contado esa parte de la historia... ¿eso quiere decir que Adam y tú? —miró a algún punto de la sala, como si le hubiese caído la ficha de algo —¿Adam es mi...tío? ¿Qué? —musitó, volviendo sus ojos en mí. Dejó su soda encima de la mesa ratona y se llevó las manos a la cara —¡No puede ser! —gritó, en shock. —Perdóname por no confesártelo antes...apenas estoy analizando lo que ocurrió conmigo. Por favor, no pienses que soy una egoísta por no decírtelo —le supliqué, al borde del llanto. —¡Ada, yo me acosté incontables veces con él! —explotó, llevándose las manos abiertas al pecho —¡¿Qué mierda hemos hecho?!¡Yo no quiero ir al infierno por dicho acto! —empezó a llorar —¡Yo no quiero eso en mi vida, Ada!¡Me he portado bien, he sido buena y no hice nada fuera de lo moral! —¡Pero los dioses te perdonaran!¡Lo hicieron conmigo y lo harán contigo! —traté de consolarla. —¡Tía, no me jures un Olimpo cuando tú te fuiste al Inframundo en vez de ascender! —masculló, apuntándome con su dedo acusador. Como me arrepentía por no contarle antes que Adam pertenecía a nuestro linaje familiar. Aquella situación incestuosa parecía no tener fin. Lo moral en lo terrenal y la divinidad no era lo mismo. En la tierra no estaba permitido relacionarse de manera amorosa con alguien de tu misma sangre. Era algo enfermizo. En cambio, cuando se le echaba un vistazo a la mitología griega, era muy común que dioses se relacionaran con algún familiar. Pero en algunas ocasiones el incesto es lícito; en la formación de la sociedad divina dentro de la mitología griega y otras mitologías. Incluso entre las realezas de algunas sociedades antiguas el incesto fue permitido como medio de crear un grupo de poder endogámico. En la mitología griega las relaciones sexuales incestuosas son frecuentes entre hijos y madres, padres e hijos, entre hermanos o primos o entre tíos y sobrinas. Son los ejemplos de Edipo, Sísifo o las Danaides. ¿Pero por qué nos preocupaba tanto a mí y Miranda este tipo de relación? Fácil. Nos habíamos criado con valores terrenales y morales pisoteándote. Era sencillo sentirnos culpables, por eso nos había afectado. Por eso tomé la decisión que tomé cuando me enteré lo que me unía a Max. Eso también involucraba a Adam. Pero...aquella información la supe luego de vivir nuevamente. Actué sin escuchar. Como siempre. Entonces, llegué a una conclusión que me dejó un destello de luz en los ojos. Un momento... —Yo no fui al Inframundo por hacer un acto pecaminoso —le dije a ella, tocando su hombro, descubriendo una información crucial y que respondía a la mayoría de mis dudas. Miranda me miró, con aquel maquillaje corrido por debajo de sus ojos —. Miranda, yo fui a la oscuridad por ser la hija de Hades ¡Mi lugar es allí! Frunció el entrecejo, asimilando lo que acababa de soltar. —No entiendo..., el incesto es pecado, Ada—me dijo, pestañeando deprisa. —Nosotros pertenecemos a un grupo de dioses diferentes a lo terrenal ¿Conoces al tipo que por error se acostó con su madre y que luego se quitó los ojos cuando se enteró? —le pregunté, con la esperanza de que entendiera a dónde iba encaminada —¡Zeus quiso acostarse con mi madre!¡Ellos son familiares! —por poco saltaba del sillón de la emoción —¡No hemos pecado por relacionarnos con alguien de nuestra sangre!¡Edipo no era un dios!¡Es por eso que se autocastigó!¡Nosotras no somos humanas! Max tenía que saberlo. Demonios ¿cómo no pensé aquello antes? —¡Te equivocas! —me corrigió, levantando el dedo —La que no es humana aquí eres tú, Ada. Mi madre se relacionó con un humano. Así que es válido que yo me vaya al inframundo o a dónde mierda que ellos quieran que vaya mi alma—se levantó del sofá, completamente fuera de sí, caminando de aquí para allá, inquieta. —Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que nada te pase—insistí, angustiada. Se paró en seco y me miró. —Ya nada importa, después de todo, la que pecó fui yo. No tú—molesta, se fue dando pasos firmes y se encerró en el baño dando un portazo que me sobresaltó. No iba a permitir que su alma fuera al Inframundo. Si eso pasaba, yo misma iría a buscarla. Lo que debía hacer ahora, por más egoísta que me sintiera por priorizar encontrar a Max y decirle a la conclusión que quizás, podría salvar lo que alguna vez fuimos. Lo que alguna vez fue amor. Mis argumentos podrían salvarnos a ambos. ... Hola, soy Florencia Tom, escritora de este libro y quiero agradecerte por quedarte enganchada con este capitulo. No te olvides por favor de darle un corazoncito y compartir esta historia con aquella persona que quiera sentir lo mismo que tú con esta historia!¿Quieres continuar leyendo esta historia?¡Desliza hacía abajo y continua disfrutando de esta historia!¡No olvides visitar mi perfil y encontrar nuevos libros escritos por mí!¡Beso grande, te quiero!   
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD