Al día siguiente, desperté más agotado de lo normal. Entre la incertidumbre de saber qué pudiera estar sucediendo entre Marissa y el padre de Nathaniel más la información que me dio el Director del Cuerpo de Seguridad me impidió dormir con soltura. A parte de haber logrado el sueño bien avanzada la noche, en varias oportunidades desperté, dificultándome conciliar nuevamente el sueño. Bajé de mi cama y fui al sanitario a hacer mi rutina habitual. Luego de ello, fui directo al comedor donde encontré a Ana ya con todo dispuesto para mi desayuno. - Buenos días nana –le saludo-. - Buenos días Mauricio –me responde poniendo frente a mí una taza-. - Gracias –le dije sin agregar nada más, tanta es mi ofuscación que no quiero hablar-. Me dediqué a desayunar en silencio. Inme

