Cap. 13

1321 Words
El día de la boda había llegado y Anna se encontraba parada frente al espejo de su habitación, sin duda se veía hermosa; un vestido blanco de la firma Armani abrazaba su figura, era sencillo pero muy elegante, con una especie de capa blanca y transparente cayendo desde sus hombros que perfectamente podría simular un velo. No parecía una novia en absoluto, parecía más bien que asistiría a una fiesta de gala, eso pensaba ella. Su maquillaje perfectamente aplicado tratando de ocultar su tristeza sin éxito y el cabello peinado cuidadosamente en un moño alto que la hacía ver aún más estilizada. La puerta fue tocada con suavidad y ella dió permiso para que entraran. Sabía quien era. —Te ves preciosa. —murmuró Claudia —En serio te ves increíble. —Ojalá pudiera sentirme igual de increíble. —El rostro de Anna se contrajo, el matrimonio ahora era una realidad. —Lo siento tanto, quisiera poder ayudarte. –Me ayudas estando aquí. —Anna le dio una pequeña sonrisa genuina. Apreciaba tenerla ahí. Alessandro entró a la habitación seguido por Kara, ella llevaba una gran sonrisa en sus labios. —Estás deslumbrante, lástima que no quisiste una boda con un pomposo vestido como debe ser. —Kara no perdía tiempo para hacer reproches. —Por favor... —Alessandro la miró con advertencia clara. —Quisiera hablar a solas con mi hija, por favor. Las dos mujeres entendieron el mensaje y salieron de la habitación para dejarlos solos. —Papá sácame de aquí por favor. —Los ojos de Anna llenándose de lágrimas y súplica. —Sabes que no puedo hacer eso hija. Te pido perdón, solo estoy tratando de salvar a nuestra familia. —El corazón de Alessandro dolía. —No podía dejar de intentarlo... —las palabras casi un susurro. —Te amo Anna, siempre velaré por tu seguridad. —¿Vamos? Se hace tarde. —Ella ya no quería escuchar más de lo mismo, así que comenzó a andar hacia la salida. —Terminemos con esto. Alessandro asintió, salió tras de ella. Bajaron hasta el salón dónde Claudia y Kara aguardaban mientras tomaban una copa de vino. Los ojos de Anna se iluminaron, eso era lo que necesitaba, alcohol. Se acercó al mini bar y entonces se sirvió un whisky, luego otro. —Basta. —Le dijo Alessandro. —El último. —Respondió Anna sirviendose un tercero y llevandolo a sus labios para repetir el proceso —Ahora sí, vámonos. Los 4 salieron de la casa y se dirigieron hasta el registro donde firmarán el contrato matrimonial, alli los estaba esperando la familia Visconti, luego de eso sería la recepción en compañía de algunas personas cercanas a su círculo. Al llegar, Anna se tambaleaba un poco gracias al efecto del alcohol. Gabriele no pudo quitarle los ojos de encima, estaba realmente hermosa, parecía un ángel, uno que actuaba raro. —Wao, tu casi esposa es una verdadera belleza. —Susurró Matt junto a su primo. —Si no la quieres, yo podría hacerla feliz por tí. Gabriele volteó para darle una mirada que hizo a Matt encogerse. —No te pases de listo. —advirtió. Luego de eso se acercó a Anna y ofreció su brazo para llevarla adentro, ella lo tomó sin protestar. Sentados frente al juez, que leía los derechos y obligaciones de los contrayentes, la mente de Anna estaba en cualquier lugar menos allí. Para ella eran solo murmullos lejanos hasta que sintió un codazo de Gabriele. —¿Señora Zanetti? —Preguntó el juez, ella lo miró espectante. —Le haré nuevamente la pregunta, ¿Acepta usted al señor Gabriele Visconti como su esposo? —Acepto. —Dijo sin vacilar. —Por el poder que me confiere la ley los declaro marido y mujer. —aplausos siguieron a esta oración. Siendo Massimo el más feliz, seguido por Kara. Anna miró a Gabriele, se había perdido la parte dónde él aceptaba. Así de lejos estaba. Con el matrimonio efectuado, y como una pareja de recién casados, ambos abordaron el auto designado para llevarlos a la recepción. El silencio incómodo entre ellos durante todo el trayecto, Anna comenzó a llorar silenciosamente y para su asombro, Gabriele limpió sus lágrimas con el pulgar. —Estarás bien. —le dijo —Solo hagamos esto juntos y pronto esta noche habrá acabado. Ella se volteó para mirarlo y asintió comprendiendo sus palabras. Cuando hicieron su entrada al salón, los presentes rompieron en aplausos. Anna maldijo por lo bajo, habían por lo menos unas 100 personas. Ellos habían acordado que solo serían unas pocas, pero al no haber revisado los detalles previamente, Massimo hizo caso omiso. Juntos tomaron sus asientos, Anna aprovechó para echar un vistazo, todo estaba hermosamente decorado en tonos blancos y dorados. La gente conversaba animadamente mientras bebían y comían. Anna desearía poder matarlos a todos, mientras ella sufría, los demás se divertían. Claudia se acercó y le extendió una bebida, una sonrisa cómplice adornando sus labios. Anna la aceptó y mantuvo a su amiga junto a ella, pronto estaban ebrias y riendose por todo. —Gracias por estar aquí, de no ser así ya me habría ahorcado. —le dijo Anna a su amiga, casi arrastrando las palabras. —No lo digas ni en broma. —Su mirada seria —Además, hoy es tu noche de bodas. ¿Te lo vas a coger? Anna casi se ahogó por el comentario de su amiga y luego soltó una carcajada. —Ni siquiera sé cómo coger ¿Lo olvidas? —Hoy es un buen día para aprender, además, míralo... Está muy bueno el cabrón. —Claudia miraba a Gabriele haciendo gestos mientras hablaba. Anna enfocó sus ojos, ya casi estaba viendo doble a causa del alcohol. —Si, está muy bueno y desnudo se ve mejor. —Soltó sin pensar. La boca de Claudia se abrió —¿Entonces ya lo viste desnudo? —Sí, una vez por error. —confirmó Anna riendo. —Pues deberías consumar ese matrimonio y divertirte. —Los ojos de Claudia se desviaron a una pareja que se escabullia hacia los baños —Mira, el primo fanfarron de Gabriele no pierde tiempo. Anna miró en la dirección que su amiga indicaba y no podía creer lo que veia, esa mujer era la zorra con la que discutió en casa de Gabriele cuando recién había llegado. ¿Acaso él había invitado a su amante? Era un imbécil. —¿Anna? —Claudia volvió a llamar su atención —La conozco, esa es la zorra de Gabriele. Vamos a ver que hacen. —Anna se levantó para seguirlos cuando ya habían desaparecido. —Pero Anna ese no es Gabriele, es su primo. —Claudia trataba de detenerla. Las detuvieron un par de veces algunos invitados para saludar a la nueva integrante de los Visconti, estaban intrigados con ella. Pero Anna fue cortez y no se quedó más de lo debido. Entraron al baño y se hizo evidente lo que estaba ocurriendo ahí, estaban teniendo sexo en uno de los cubículos. —Anna, vamonos. —insistía Claudia. —Ya te dije que ese no es Gabriele, sino Matt. —¿Estás segura? —Preguntó ella, había tomado demasiado y su juicio estaba nublado. —Estoy muy segura, no hagamos un espectáculo, por favor. —Claudia, aunque también estaba tomada, era mas consciente. Sacó a su amiga de vuelta al salón y divisaron a Gabriele. —Mira, tenias razón, ahí está la rana albina —Se rió Anna. —Su zorra lo está engañando. Gabriele encontró los ojos de su esposa, era claro que estaba ebria por la forma en que se reia. Además tenía rato observandola beber como desquiciada. Se disculpó cortando la conversación para dirigirse hacia Anna, no quería que ella y su amiga hicieran un espectáculo. En ese momento, el caos se hizo presente y la sangre comenzó a teñir el lugar de rojo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD