Cap. 12

1384 Words
—Tengo tantas preguntas ahora mismo. —Rompió Claudia el silencio entrando a la habitación. —Siento haberte mentido, pero no sabía cómo lidiar con el desastre que ha sido mi vida estas últimas semanas. —Anna sintió sus ojos llenandose de lágrimas. —Eres como mi hermana, puedes decirme cualquier cosa. Ambas tomaron asiento en el sofá dentro de la habitación. —Te contaré todo desde el principio. Anna comenzó a relatar todo desde el día uno, cuando encontró a su novio con otra y luego fue secuestrada esa misma noche. La cara de Claudia se encontraba horrorizada al pensar en que su mejor amiga había estado pasando por todo eso sola. —Anna debiste haberme dicho todo cuando retomamos nuestro contacto. Lo siento por no haber estado ahí para tí. —Se limpió una lágrima que rodó sin permiso. —No tenías como saberlo y me sorprende que Gabriele te haya buscado. Algo trama. —Pensó Anna. —Tu prometido está jodidamente sexy. —Soltó Claudia con una sonrisa pícara. —¿Acaso estás ciega? Parece una maldita rana albina. —se rió de su comentario. —Pues es una rana muy sexy, no hay cómo no mirarlo. —No te dejes engañar, es un bastardo sin corazón. —Deberías conocerlo un poco más, digo, a él también lo están obligando a casarse. Podrían sobrellevar esto juntos. Anna negó con la cabeza. —No, él es un hombre muy extraño y antipático. No hay forma de que nos llevemos bien. Los recuerdos de ella y Gabriele compartiendo momentos íntimos vinieron a su cabeza, pero obviaria contar sobre eso. —Bien, entonces te casas en tres días... ¿Supongo que al menos me dejarías estar allí para darte apoyo? —Sí, puedes asistir a mi funeral. Aunque no tengo ningún detalle al respecto. Ni siquiera sé qué usaré, tal vez esta pijama... —Dijo ella esta última frase mirando la ropa que llevaba puesta y sonrió. Claudia rió también, negando con la cabeza. —Creo que te has enloquecido. Deberías poder elegir un lindo vestido, Anna. —Entiende que no quiero ser participe de esta locura. —Su voz salió casi en un susurro. —Lo sé y te entiendo, pero podrías hacerlo más llevadero. Sobretodo cuando tú misma has dicho que no tienes escapatoria. —¿Quieres ayudarme a elegir uno? —Se encontró preguntando. —Tienes razón. Soy Anna Zanetti, no usaré cualquier cosa. —¡Esa es mi Anna! —Aplaudió Claudia emocionada. —No dejes que esto de derrumbe. —Voy a arreglarme y luego le pediré a Gabriele que me permita salir para escoger un vestido apropiado. Decidida a cumplir su objetivo y con una inyección de fuerza renovada, Anna se preparó para salir, estaba segura de que Gabriele no se negaría, él estaba actuando raro últimamente. Se dió un vistazo en el espejo, su cabello n***o suelto caía como cascada por su espalda, jeans ajustados y un hermoso suéter vinotinto cubrían su figura esbelta. Estaba sencilla pero se veía muy bien. —Tienes un increíble trasero. —El comentario de Claudia la sacó de sus pensamientos. —Estoy de acuerdo. —Se escuchó una voz ronca desde la puerta. Gabriele estaba parado en el marco observando la escena. ¿Cuándo había entrado que ninguna lo notó? —No te queda bien espiar conversaciones de chicas. —Soltó Anna. —No estoy espiando, solo quería ver si necesitaban algo y por lo visto así es. —Se defendió Gabriele. —Eso es muy extraño ¿Desde cuándo te preocupan tanto mis necesidades? —Anna no podía evitar ponerse a la defensiva. Claudia se aclaró la garganta atrayendo la atención de su amiga para darle una mirada rogandole que se calmara. —Serás mi esposa muy pronto, claro que me preocupo por tí. —Gabriele se acercaba más a ella con cada palabra, dándole a su vez una sonrisa que Anna sabía falsa. Ella rodó los ojos, no podía creer el teatro que ese idiota quería montar. —Cariño, qué dulce de tu parte... —Anna usó un innegable tono de burla en aquellas palabras. —Quisiera ir con mi amiga a mirar vestidos de novia para el grandioso día. —el sarcasmo presente. Gabriele tomó el rostro de ella con una de sus manos y le estampó un beso corto en los labios. —Por su puesto que puedes ir, mis hombres las llevarán seguras, puedes comprar todo lo que necesites. La mandíbula de Claudia casi se cae al suelo al mirar aquel juego de poderes entre esos dos. Sabía que terminarían teniendo sexo. Anna no se inmutó aunque él la había besado para hacerla enojar. —¿Es necesario que tus perros falderos nos acompañen? —Lo es. —respondió él soltandola. —Deberías ir acostumbrandote. Te seguirán como una sombra. —Le extendió una tarjeta negra que ella tomó. —Bien... —Sin decir más, Anna tomó a su amiga del brazo y tiró de ella hacia la salida. —Que se diviertan. —Gritó Gabriele a sus espaldas con una sonrisa divertida en los labios, Aquello había sido más fácil de lo que pensó. Por su parte, él se divertiría esa noche, su padre había organizado una despedida de soltero y sabía perfectamente cómo eran aquellas reuniones. Sonrió. Massimo podía llegar a comportarse como un adolescente caliente a veces. Después de la muerte de su madre, él se había quedado solo aunque siempre habían mujeres a su alrededor. En un reservado del club, varios hombres tomaban whisky y celebraban mientras un montón de mujeres bailaban seductoramente para complacerlos. —Gabriele hijo, disfruta tu noche. —Dijo Massimo acercándose a su hijo. —Primo, no podía creerlo cuando me dijeron que te casabas. —Matt, un primo cercano había llegado para la boda de Gabriele. —Ni yo lo creería, pero solo son negocios. —Pero puedes llegar a quererla y formar una maravillosa familia con ella. Me encantaría un nieto. —Massimo le dió una elegante sonrisa a su hijo. —Tío, eso ya es pedir demasiado. —intervino Matt. —Estoy de acuerdo, además ella me odia, cree que también soy culpable de su desgracia. —Miró a su padre arqueando una ceja. —Dale tiempo. Se acostumbrará. —Resolvió Massimo. De pronto, una escultural mujer ataviada en un sexi vestido rojo que no dejaba nada a la imaginación, entró al reservado. Sus ojos fueron directo a Gabriele. —Entonces es cierto... —dijo ella acercándose. —Anette ¿Qué haces aquí? —Preguntó Gabriele. No sabía cómo es que ella siempre se enteraba de sus movimientos. —Vine a darte una despedida de soltero digna, no pienso dejarle el trabajo a cualquiera de estas perras. —miró a su alrededor con desdén. Massimo se aclaró la voz, conocía a Anette, era hija de un hombre muy conocido y peligroso en el bajo mundo. Además sabía que llevaba tiempo detrás de su hijo. —¡Oh! Perdón señor Visconti, no lo había notado. —Ella le dió una sonrisa apenada a Massimo, no debió hablar así. —A mí tampoco me notaste, belleza. —Matt se levantó para acercarse a ella. —Matthew Visconti, un gusto conocerte. —Su coquetería saliendo a relucir. —El placer es mío —Respondió ella pero su vista seguía fija en Gabriele. Gabriele se levantó de su asiento y tomó a Anette del brazo sacándola del lugar para llevarla a la parte trasera del club, fuera de la vista de todos. —¿Qué crees que haces? Estoy con mi padre y tienes el valor de aparecerte aquí para ofrecerte. —Gabriele estaba furioso. —Solo quería darte un poco de diversión —un brillo en la mirada oscura de ella mientras le agarraba la entrepierna haciendolo tensarse. Gabriele jadeó, la volteó de forma brusca estampandola contra la pared, levantó su vestido para acariciar su trasero y sin previo aviso la estaba p********o de forma frenetica, un asalto salvaje que tenía a Anette gimiendo sin poder evitarlo. Cuando terminó, Gabriele se recompuso como si nada y se acercó a su oido para susurrarle —Esa también fue tu despedida. No me vuelvas a buscar. —Luego se marchó dejando a Anette hecha un desastre de ira y placer.
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