Cap. 11

1203 Words
Gabriele había permanecido fuera de casa tanto como fuera posible, su padre le había estado insistiendo en que él y Anna echaran un vistazo a cómo iban quedando los preparativos para la pequeña ceremonia que la wedding planner estaba preparando para ellos, al parecer Massimo era el más emocionado. Además en la más reciente conversación que tuvo con su padre, este le dejó claro que solo le cederia el mando si era capaz de llevar correctamente su matrimonio. Gabriele entornó los ojos hasta que casi se le salen. Su padre estaba enfocado en que él creara una familia y había aprovechado la desgracia de los Zanetti para beneficiarse no solo en los negocios, sino también para manipular la vida de su hijo. Gabriele sabía que Anna le daría un portazo en la cara de solo mencionarle los detalles de la boda, aunque, buscaría la manera de que ella al menos eligiera que ponerse; pensó en algo, buscaría ayuda. —Es un verdadero placer tenerte aquí con nosotros. —Kara recibió a Gabriele con una amplia sonrisa y lo invito a sentarse. —Supongo que estas nervioso por la boda. La madre de Anna era verdaderamente falsa, pensó Gabriele. —No estoy nervioso, señora Zanneti, si estoy aquí es porque necesito que me ayuden a convencer a Anna de que escoja un vestido para la ceremonia. Quisiera que al menos en eso, ella tuviera el poder de decidir. —Las palabras afiladas no pasaron desapercibidas. —Quizás yo podría convencerla, mi hija puede ser un poco testaruda, pero se cómo manejarla. —Kara mantenía su sonrisa. —No creo que sea una buena idea. —Intervino Alessandro, siendo él más sensato que su mujer. —Te recuerdo que nuestra hija no quiere ni vernos y tu relación con ella nunca ha sido buena. —Cariño, este no es el momento. —Respondió Kara dándole una mirada de advertencia a su marido. —Creo que no fue buena idea venir, si me disculpan… —Gabriele no quería presenciar una escena incomoda, además, era cierto que ella no quería ni verlos. —Disculpa Gabriele, no quisimos incomodarte. —Se disculpó Alessandro. —Sin embargo, creo que hay alguien que puede ayudarte, su mejor amiga, Claudia. Te diré dónde encontrarla. Mientras más cómoda se sienta, más fácil será para Anna lidiar con todo. —Gracias Alessandro, tu hija es una persona difícil así que espero que esto funcione. —Mi hija no es una persona difícil, Gabriele, es dulce y bondadosa, pero está pasando por un momento muy complicado por mi culpa. Te aconsejo que no la hagas enojar, porque también sé que es capaz de hacerte bajar al mismo infierno. —Las palabras de Alessandro sonando como advertencia. Gabriele asintió, recordando lo que esa loca le había hecho a su amante hace algunas noches atrás. —Agradezco la ayuda. —Gabriele se levantó, era hora de irse. —Alessandro, te veo esta noche. Alessandro asintió y le estrecho la mano, Kara imito la acción despidiéndose así de su futuro yerno. Estaba encantada de emparentar con la familia Visconti, ellos eran poderosos y reconocidos, además muy ricos. Una vez fuera de la propiedad, Gabriele reviso la información sobre la amiga de Anna, la llevaría a casa para que pudieran verse y tal vez así ella calme un poco su carácter. Aunque tendría que inventar alguna excusa y no revelar quién era realmente en la vida de Anna. Odiaba esos dramas juveniles, cuando tuviera el control, mandaría a su padre al diablo y haría lo que quisiera, esperaba ese momento con ansias, por eso quería que todo saliera bien con Anna, ella no lo sabía, pero su ascenso al poder dependía de su matrimonio. En el Gimnasio, Claudia corría a un ritmo constante mientras escuchaba música con sus audífonos, de pronto vio la figura de un hombre muy imponente vestido de n***o entrando, le pareció demasiado atractivo y llamativo con su cabello casi blanco. Sus miradas se cruzaron y ella se tensó cuando lo vio dirigirse en su dirección seguido por dos hombres que no había notado antes, escoltas. —¿Claudia? —Pregunto Gabriele frente a ella. Inmediatamente se quitó los audífonos y asintió —¿Nos conocemos? —Ella lo observó con evidente curiosidad. —No realmente, pero conoces a Anna y necesito que te reunas con ella, ahora mismo. —Era una orden clara. —Perdón, no estoy entendiendo. ¿Quién eres? —Claudia estaba confundida. Gabriele tomó aire, no tenia mucha paciencia. —Eso no importa —Se agarró el puente de la nariz con sus dedos. —Tu amiga te necesita. —Anna está de viaje... —NO ESTA DE VIAJE —La interrumpió Gabriele levantando un poco la voz. —Si no me acompañas ahora, tendré que obligarte. Los ojos de Claudia se abrieron ante esa amenaza ¿En qué diablos se había metido su amiga? —Esta bien, iré. Solo déjame buscar mis pertenencias. —aceptó ella, no queriendo imaginarse el significado de ir obligada. Gabriele le hizo una seña a un escolta para que la siguiera. No quería sorpresas. Minutos después se encontraban camino a la mansión de Gabriele. Los nervios de Claudia eran evidente, ella no debió confiar en aquel extraño ¿Y si la estaban secuestrando? Su mente volaba con cada pensamiento. Ante ella se presentó una magnífica visión, la propiedad se elevaba imponente mientras entraban por las rejas que daban al camino principal rodeado de árboles hasta llegar a la entrada. Claudia suspiró con admiración pero también con temor, había seguridad por todos lados y eso le resultó inquietante ¿Quien vivia aquí? Al estacionar, uno de los guardias le abrió la puerta para que pudiera bajar. —Sígueme. —Ordenó Gabriele que bajó de otro auto. Ella obedeció y al entrar a casa se quedó aun más impresionada, aquel lugar no solo era hermoso por fuera. Subieron las escaleras hasta el segundo piso y cuando estuvieron frente a una puerta, Gabriele, sin tocar abrió. Anna rodó los ojos en cuanto lo vió entrar. —¿Podrías tocar la maldita puerta antes de entrar? Sé que esta es tu casa pero respeta mi privacidad. —gritó irritada pero su enojo se convirtió en sorpresa cuando se dió cuenta de que Gabriele estaba acompañado. —¿Anna? —Claudia sintió una mezcla de alivio y confusión. ¿Por qué su amiga le había mentido? —¿Qué haces aquí? —Anna se levantó de la cama con cautela. —Yo la traje. —Intervino Gabriele alcanzando a Anna. La abrazó y sujetó la parte posterior de su cabeza. Anna se confundió por aquel gesto, aspiró el olor de él cuando apoyó la cabeza en su pecho y era delicioso, sintió sus labios cerca al oido —Necesitas apoyo para el gran día, tómalo como una ofrenda de paz. Además debes elegir tu vestido.—Susurró Gabriele solo para ella y luego la soltó. —Gracias. —Respondió ella, aunque no estaba segura si había sido una buena idea. —Si necesitas algo, sólo pídemelo. —Dijo él saliendo de la habitación para darles espacio. Esperaba que su plan funcione y todo salga bien, el tiempo se estaba acabando.
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