Cap. 08

1423 Words
Gabriele observaba el rostro de la joven, se había quedado muda ante la revelación y ni siquiera noto que ya le habían servido el desayuno. Por un momento sintió algo de pena, al parecer sus padres no la querían lo suficiente como para defender su bienestar, a su lado estaría bien pero no sería feliz. —Se enfriará tu comida —Dijo él para sacarla del ensimismamiento, pero ella no respondió — Debes alimentarte —continúo queriendo provocarla —Estas muy flaca, creerán que no soy un buen marido —se burló —Me importa muy poco lo que piensen de ti como marido. —respondió ella sin ganas de pelear. —Déjame libre, puedes decir que me escape y así librarte de nuestro compromiso. —Con la noticia de que su hermano se iría lejos, Anna también quiso ser liberada. Gabriele sonrió de medio lado —Jamás me creerían y estaría en problemas. Te quedarás aquí no importa cuánto ruegues. —Sentenció y luego se levantó para irse. —Vendré a las ocho. —Dijo antes de desaparecer. El impulso con el que Anna se había despertado esa mañana, desapareció. Volvía a ser la Anna triste y miserable. Paso el día conociendo la propiedad, el lugar estaba lleno de lujos y espacios que podían servir de distracción. El gimnasio y la piscina le sacaron una sonrisa, podría pasar mucho tiempo allí, le gustaba estar en forma, aunque ahora no sabía para qué pues no podría mostrar su figura posando ante la cámara. Pronto se hizo de noche y estuvo lista para esperar a Gabriele, él llegó puntual a recogerla, aunque con mucho fastidio por desperdiciar su noche en una cena que no le importaba ni un poco. Ya estaba harto de los caprichos de su padre. Después de casarse, le pediría el mando de la organización, ese era el trato. Salieron en silencio y subieron a la parte posterior del vehículo siendo seguidos por los hombres de Gabriele quienes los cuidaban de cerca, el camino era largo hasta la propiedad de los Zanetti. —No nos quedaremos más del tiempo necesario y no intentes nada estúpido. —Advirtió Gabriele. Anna puso los ojos en blanco al escuchar aquello —¿Tienes miedo de quedarte sin esposa? —No, tengo miedo de quedarme sin herencia. —Respondió él con sinceridad. —¿Y no podrías conseguir otra mujer para que cumpla ese papel? —Anna quería irritarlo. —Podría, mujeres abundan, pero mi padre insistió en una alianza con tu padre así que eres la elegida. Creo que ya te lo he explicado antes y me gustaría que te calles de una vez. —Respondió Gabriele manteniendo la calma. —Oh, no quiero callarme. Pretendo conocer a mi futuro esposo para saber exactamente qué le disgusta. —Ella le dio una sonrisa falsa. —Todo de ti me disgusta, incluso tu existencia. —Él le devolvió la misma sonrisa falsa. —Qué pena, tendrás que soportarlo hasta que la muerte nos separe. —El sarcasmo en las palabras de ella era evidente pero la respuesta de él la dejó fría. —Puede que eso ocurra antes de lo que piensas. —sentencio. Anna lo miró con ojos muy abiertos, ese hombre era un psicópata ¿Acaso iba a matarla después de su boda falsa? Aunque pensándolo bien, la muerte no parecía un destino tan malo después de todo. —Me harías un favor. —Respondió ella tomándolo por sorpresa. Gabriele la observó por un momento, ella era preciosa y no tenía la culpa de nada e incluso era una víctima más, él estaba disgustado con su padre, pero Anna era quien recibía el mal trato a causa de su molestia. Aunque, no podía negar que ella era un poco irritable. Llegaron a la mansión Zanetti y fueron recibidos por Alessandro quien inmediatamente le dio un abrazo a su hija, ella se sintió mal, aun no lo perdonaba y con las noticias recientes más tiempo le tomaría hacerlo. —Que gusto tenerlos aquí. —dijo al separarse de su hija para luego tenderle la mano a Gabriele. —Te di mi palabra de que la traería. —Respondió Gabriele restándole importancia. Ellos entraron y tomaron asiento en el salón para platicar un poco, Anna se sentía oprimida en su propia casa, miraba a su hermano que permanecía en silencio con ojos tristes. Después de unos minutos en los que ya no pudo soportar más, Anna se levantó y le extendió la mano a Dante, quería hablar con él a solas. Al ver la acción, Gabriele se tensó, pero Alessandro le dió una mirada suplicante, sabía que sus hijos necesitaban ese momento a solas, así que entendió. Anna se dirigió hasta su habitación, contuvo las lágrimas al entrar en su precioso refugio, debía ser fuerte ante su hermano. Tomó asiento en la cama y Dante se sentó a su lado. —¿A dónde van a enviarte? —Preguntó ella rompiendo el silencio. —Iré a Norte América, mi madre consiguió un buen lugar donde poder terminar mis estudios. —Respondió, pero no pudo evitar quebrarse. —No quiero irme… —su voz temblorosa. —No quiero dejarlos y estar tan lejos. —Lo sé. —Anna lo abrazó con fuerza dejando caer algunas lágrimas. —Pero es por tu bien, estarás a salvo de la contaminación que existe en nuestra familia. Si te quedas aquí, correrás peligro. —¿Y qué hay de ti? ¿Quién va a protegerte? —Preguntó angustiado. —Estaré bien, la familia Visconti me protegerá y mientras tú estés a salvo lo demás no importa. —Ella sonó lo más segura que pudo, quería que su hermano se fuera tranquilo, por lo menos uno de ellos merecía ser feliz. —No soy idiota Anna, tampoco soy un niño, sé lo que mis padres están haciendo. Quieren que te cases con ese hombre, aunque tú no estés de acuerdo. —Dante había escuchado todo mientras sus padres discutían. —Lo resolveré, está bien, no tienes que preocuparte por eso. —Quiso tranquilizarlo — Gabriele es bueno y yo estoy de acuerdo en que nos casemos. —Mintió —Prométeme que serás feliz por los dos. —Ella le acarició el rostro con ternura. —Lo prometo, pero tú también prométeme que estarás bien y huiras si es necesario hacerlo. —Él sabía que su hermana mentía respecto al matrimonio. —Te lo prometo. —Sonrió, de alguna manera su hermano le había dado fuerzas para continuar. Anna aprovechó para empacar algunas de sus cosas, se las llevaría esa misma noche, minutos después fue avisada para bajar al comedor y reunirse con los demás. La cena transcurría con normalidad, aunque Gabriele preferiría estar en cualquier otro sitio, sobre todo porque Kara no paraba de hablar e incluso podía ser más irritante que su hija. —Me dijo Alessandro que la ceremonia se hará a fin de mes, debemos comenzar los preparativos inmediatamente, tres semanas serán muy poco tiempo. —Dijo Kara tomando un sorbo de su vino. —¿Preparativos? No habrá ningunos preparativos mamá. —Respondió Anna con voz firme. —Bastará con cumplir las formalidades legales del matrimonio y eso será todo. —Pero hija, el matrimonio es un acontecimiento especial en la vida de una mujer, debe ser motivo de gran celebración junto a nuestros amigos y socios. —Kara quería hacer una gran boda, digna de las revistas. —Es un acontecimiento especial cuando la pareja se casa por amor, no por conveniencias familiares o negocios. No vas a hacer un circo de esto, te informo que no pienso permitirlo. —La dureza en su voz no dejó lugar a dudas. Gabriele miro a Anna arqueando una de sus cejas, le gustaba esa actitud de ella y estaba completamente de acuerdo con lo que había dicho, él tampoco quería un circo alrededor de esta alianza. —Estoy de acuerdo con Anna. —La apoyó. —No me importa lo que mi padre diga, la ceremonia será privada, solo con nuestro círculo. —No puedo creerlo. —Kara se puso una mano en el pecho, indignada. —Alessandro, ¿No piensas decir nada? —miró a su esposo. —Se hará como ellos quieran hacerlo, es su matrimonio, no el nuestro. —Él ya había jodido lo suficiente la vida de su hija, no pensaba llevarle la contraria en esto. Para Anna no era nada fácil, el solo hecho de nombrar su inminente matrimonio, le revolvía el estómago.
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