2- Explicaciones Parte II

2634 Words
Asintió.  —Miklos me dio una foto, pero el idiota me dio una foto de su día de bodas y Dimi tenía un maldito velo que le cubría parcialmente la cara. Él asumió que yo sabía quién era porque era hija de Vasili, pero la mayoría de mi trabajo para la familia antes de eso era en las calles, no en los almacenes. Me hizo jurar mantenerlo en secreto porque nadie en la familia sabía que estaba casado, y quería que se mantuviera así. A mí no me importaba. Era un trabajo con un salario estable. Ella sonrió y asintió. —Lo sé. Me pateó debajo de la mesa, y supe que quería que siguiera la corriente, y yo era demasiado tímida para discutir. Cuando te sentaste en la mesa cercana, ella ideó su plan. Ella puede idear planes sobre la marcha, con mucha más facilidad que la mayoría de las personas. —Lo sé. La vi convertir el pene de un hombre en un desastre candente y le tomó diez segundos hacerlo. Ella se rió de su descripción. —Pobre Ben. Él se rio, una sonrisa apareció en sus labios. —Es feroz. —Sí, lo es. De todos modos, ella dijo que si Miklos se enteraba de las cosas que ella planeaba hacer en la universidad, él la sacaría. No quería volver a Los Ángeles y vivir en una gran casa sola mientras él se acostaba con todas las mujeres que pudiera encontrar. Ella dijo que tú ya pensabas que yo era ella, así que me pidió que siguiera con eso. No me gustaba mentir, pero luego dijo que si aceptaba, podría recibir los pagos mensuales de manutención conyugal. Pagaría para que mi mamá estuviera en una mejor residencia de cuidados y una parte de mi educación. Podría trabajar en la biblioteca, hacer turnos en el club de striptease si fuera necesario. —Espera, ¿trabajaste en los clubes mientras yo te observaba? Encogió los hombros. —Te daban tiempo libre cada vez que Dimi se iba a casa. Ella y yo íbamos juntas a los aeropuertos. Yo me quedaba en el baño hasta que te ibas. Ella volvía a Los Ángeles y su guardaespaldas de allí la recibía en el avión. Tú tenías tu merecido tiempo libre para pasar con tu familia. Yo hacía turnos para engordar la cuenta bancaria y pasaba más tiempo con mamá. —Pero, ¿en un club de striptease? —Sí. Creo que no entiendes la diferencia muy real en los salarios entre la biblioteca y el club de baile. Podía ganar en una noche en el tubo lo que ganaba en un mes en la biblioteca. —¿Te desnudabas por completo? —En topless —encogió los hombros. —Siempre me dejaba la ropa interior puesta. Casi podía ver el vapor saliendo de sus oídos. —¿Cuándo fue tu último turno? ¿Cuándo dejaste de trabajar allí? Miró hacia otro lado y luego respiró hondo.  —Dos semanas antes de que te enteraras. Observó cómo él se alejaba de la mesa como si estuviera listo para irse, y luchó contra el dolor en su pecho.  —Lo siento, Jonas. Sé que no lo entiendes, pero hay algo que necesitas saber. —¿Qué? Dios, ¿qué más hay? —Nunca salí con nadie. Nunca dejé que nadie me tocara. Nunca consideré estar con nadie más. Desde la primera vez que cambiaste de mesa en la cafetería donde pasábamos tiempo juntos, y te sentaste conmigo, siempre fuiste tú. Quería decírtelo tantas veces, pero el riesgo de que mi mamá fuera expulsada de su casa de cuidados me lo impidió. —Sienna, ¿entiendes lo difícil que fue para mí querer a la esposa de mi jefe? Me iba a dormir cada día preguntándome si era mi último día. Si Miklos descubría cuánto te deseaba, estaría muerto. El nivel de estrés que esto me causaba todos los malditos días durante seis años. ¿Cómo puedes sentarte ahí y decirme que te importaba cuando me hiciste pasar por eso? —¿Fue solo deseo? —susurró ella sin poder mirarle a los ojos. —Sienna —gruñó mientras negaba con la cabeza. —No me permitía admitir nada más. Hasta donde yo sabía, eras Dimitra Lykiaos Laskaris, y yo no era más que un maldito soldado. Mi vida no es mía. Le debo todo a esta familia. Me acogieron cuando era un niño y me dieron un propósito. Ser confiado para cuidar la posesión más preciada del jefe era una gran responsabilidad. —Entonces nunca me amaste —sus ojos se encontraron. —No se me permitía. —Y ahora? Ahora que sabes la verdad, ¿podrías verte estando conmigo? Él movió la cabeza solo una vez.  —Sienna, quiero decir que no. Quiero mantener mi orgullo e irme de aquí sin mirar atrás. Me lastimaste. Me mentiste. Me pusiste en una situación peligrosa en la que nunca debería haber estado. Maldita sea, te encontré en las duchas del dormitorio usando un consolador y gimiendo mi nombre. Si Miklos hubiera descubierto que la mujer que yo pensaba que era su esposa estaba disfrutando con mi nombre en sus labios, estaría muerto. Ella contuvo las lágrimas amargas. —Pero no puedo alejarme —admitió en voz baja mientras su mirada se encontraba con la de ella. —Estoy obsesionado contigo todo el tiempo. Estás atrapada aquí —tocó su sien. —Y no puedo sacarte. —Entonces, ¿qué hacemos ahora? —Necesitamos empezar de nuevo —dijo simplemente. —Necesitamos empezar como dos personas que no se conocen en absoluto, y quiero conocer a la verdadera Sienna Lawrence, no a la falsa Dimitra Lykiaos-Laskaris. Sintió que su respiración temblaba de emoción al escuchar sus palabras.  —¿En serio? —Sí —asintió él. —Podemos aprender el uno del otro, hablar y conocernos mutuamente. Lo tomaremos un día a la vez. Ella asintió. —Estoy dispuesta a intentarlo si tú lo estás. —Perfecto. Pero, ¿nada de bailes, verdad? No por dinero. Por favor. Ella rió. —No tengo necesidad. Las chicas hicieron un fondo para mamá y pagaron todos mis préstamos estudiantiles. Mamá tiene su seguro médico pagado hasta los cien años, si llega a vivir tanto tiempo. Tengo un nuevo trabajo que paga seis cifras, lo cual es genial. Estaré viviendo en un condominio que está siendo renovado en este momento. —¿Compraste un condominio? —No. Las chicas compraron un edificio con dos unidades. Tienen sus oficinas en la planta baja y dos condominios arriba. La hermana de Darya, Lyra, vivirá en el que Darya iba a tomar. Ha pasado por mucho últimamente y Darya le ofreció el lugar para quedarse. Yo estaré alquilando la unidad de arriba. No está lejos de donde está la casa de mamá y se puede ir y volver a la universidad. Es seguro y puedo personalizarlo exactamente como quiero. Me quedaré con Dimi y Miklos hasta que esté listo, ya que se niegan a dejarnos regresar a la casa de la playa. —Teniendo en cuenta que el tipo que secuestró a tu amiga puede entrar y salir sin dejar rastro, tengo que estar de acuerdo en que la casa de la playa no es segura. —El Fantasma —susurró ella. —¿Qué? —El tipo que secuestró a Magda es conocido por Miklos como El Fantasma. Él está realmente emocionado con este tipo —Vio la sorpresa en su rostro y luego, al igual que Miklos y Kostas, su emoción, y rodó los ojos —Incluso pidió estar presente cuando me reúna con él. Su emoción desapareció y sus ojos se abrieron.  —¿Qué diablos vas a hacer reuniéndote con él? Sienna, ¿sabes quién es este tipo? —Sí. Compró nuestro calabozo s****l en Boston y es alguna especie de capo de la mafia. —No es alguna especie de capo de la mafia. Él es EL capo de la mafia. Es la razón por la que existen las películas de pandilleros. Hace que Miklos parezca un cobarde. ¿Es ese el tipo que se llevó a Magda? —Sí —Tenía la sensación de que los soldados no recibieron tantos detalles como la alta gerencia de la mafia de Miklos. —¿Por qué te vas a reunir con él? —Darya hizo un trueque. —¿Disculpa? —Él quería a su primo que estaba en la celda de Miklos. Darya intercambió su ayuda para localizar a la mujer que me robó a cambio de su primo. —No entiendo —Masajeó sus sienes e inhaló profundamente. —Explícame esto, por favor. ¿Por qué vas a reunirte con el hombre más buscado del planeta en todas las listas de gobierno? —Es fácil. Dimitra es un genio certificado, pero nunca ha sido capaz de encontrar a la mujer que le robó a mi mamá y la dejó morir. Él puede, o al menos esa es nuestra esperanza. —¿Con qué propósito? —Necesito saber por qué, Jonas. Necesito entender por qué esta mujer dejó a mi mamá completamente sola durante días, quizás semanas, y le quitó todo. Darya, basándose en la experiencia de Magda con él y el hecho de que sus habilidades informáticas superan con creces a las de Dimitra, sugirió que tal vez él pueda encontrar a la mujer que dejó a mi mamá morir. —No me gusta. —Jonas —habló suavemente, preocupada de que ya estuviera arruinando el comienzo entre ellos. —Debo hacer esto. Necesito saber por qué. —¿Por qué? ¿Por qué no puedes aceptar que te han jodido y seguir adelante? —Porque yo estaba allí, Jonas. Estuve allí en noviembre y debería haberme quedado. Debería haberme dado cuenta de que la mujer me estaba estafando. Mi madre ya se había deteriorado. La cantidad de culpa que tengo dentro de mí por no reconocer que puse a mi mamá en peligro y me fui a la escuela y me quedé más tiempo del que debía, me consume todos los días. Esos tres meses que la dejé atrás, ella empeoró tanto que rara vez tiene un día de lucidez ahora. La hice empeorar al no estar allí. Necesito enfrentar a esta mujer por mi propia tranquilidad. —No puedes recuperar el dinero ni la mente de tu madre. ¿Qué va a lograr esto realmente? ¿La vas a hacer matar? —No. Quiero mirarla a los ojos y decirle lo que ha hecho y preguntarle por qué. —No le va a importar. Personas como esta mujer hacen esto día tras día sin ninguna consideración por las personas que estafan. ¿Crees que la harás sentir culpable? Te garantizo que no lo harás. No sentirá nada. Lo único que estás haciendo es prepararte para la decepción. —¿Por qué no puedes apoyarme en esto? —Porque creo que es un esfuerzo inútil. Si me dijeras que quieres hacer esto para vengarte realmente y recuperar el dinero o lanzarla a la isla extraña del tío de Dimi, lo entendería. ¿Hacer esto solo para hablar con ella? Para mí suena como una pérdida de tiempo. Al final, llorarás porque esta mujer no sentirá remordimiento y no estarás más avanzada. Ella frunció el ceño. —Bueno, lo estoy haciendo. Necesito saber. —¿Y él te llevará como llevó a Magda? —Se llevó a Magda porque era un trabajo —Luchó por no sonreír. —Y es posible que le gustara un poco. —Hombres como él no tienen enamoramientos, Sienna. Si la quisiera, sería suya. —La devolvió a Ares porque ama a Ares, pero… —¿Cómo sabes? —él sacudió la cabeza. —Sienna, eres ingenua. No conoces la reputación de este hombre si crees que tuvo una respuesta sentimental y la devolvió por bondad de su corazón. Estaba incómoda.  —¿Crees que soy ingenua? —Sí. Olvidas, cariño, que te seguí durante ocho años. Te vi enfocada en libros en todas partes a donde íbamos. Estaba contigo en la biblioteca cuando apenas podías hacer contacto visual con cualquier hombre que sacara un libro o que osara coquetear contigo. Hablas poco a menos que te hablen. El hecho de que vayas a ser profesora universitaria me desconcierta porque no sé cómo te dirigirás a un aula llena de extraños —Se recostó en su asiento y la miró fríamente. —Vamos, Sienna, si no puedes ser honesta contigo misma, ¿cómo pretendes ser honesta conmigo? —Jonas, tienes razón. Soy tímida. Soy reservada y tiendo a reflexionar mucho antes de hablar, pero no soy ingenua. No estoy ciega ante las atrocidades de este mundo, Jonas. Simplemente tengo esperanza de que la humanidad tenga suficiente humanidad para equilibrar lo bueno y lo malo. —De verdad no quiero que te reúnas con este tipo sola. Es peligroso, Sienna. Podría hacer que desaparezcas del mapa y nadie se daría cuenta. Podría hacer que parezca que solo fuiste un sueño. ¿Vas a confiar en él? —No —arrugó la nariz. —Estoy aprovechando una oportunidad para cerrar un tema que me ha molestado durante ocho años. No estoy empezando una relación con él. —Hablaré con Miklos. La arrogancia de su declaración le recorrió la espalda como una cuchilla. —No lo harás —le respondió cortándolo. —Jonas, acabas de sentarte aquí enfrente de mí y me dijiste que no me amas porque nunca te permitiste la posibilidad de sentir algo más que deseo por mí. Me dijiste que quieres empezar desde cero como si fuéramos desconocidos. No tienes voz en cómo vivo mi vida si no estamos en ninguna relación en este momento. Las personas que realmente me aman, a pesar de que soy una tonta y tímida, me apoyan en esto y confiaré en sus opiniones y pensamientos. Te fuiste —se apartó de la mesa y recogió su bolso. —Me dejaste y te fuiste a Grecia. Entiendo que necesitabas tiempo para pensar, pero han pasado dos meses. Por cierto, mi madre está bien en su nueva casa. Estoy emocionada de haber conseguido un nuevo trabajo. No puedo esperar a tener mi primer apartamento en Los Ángeles. Esas hubieran sido las respuestas a preguntas básicas que se intercambian entre dos personas que toman café juntas. Te sentaste en esta mesa con el objetivo de hacerme sentir culpable, ¿y para qué? ¿Para sentirte menos idiota por desaparecer durante dos meses? —Colgó su bolso sobre su hombro y sacudió la cabeza.—Esto fue un error. Ya terminé. —¿Qué? —se levantó a su lado y la alcanzó. —Sienna. —Frunció el ceño incrédulo. —No. La única razón por la que me llamaste esta semana es porque tuve café con el profesor que dio esta clase el año pasado. No me amas y no estoy segura de que siquiera te caiga bien. He tenido dos meses para superarte, Jonas. ¿Crees que me quedé en la cama todas las noches rogándole a Dios que te trajera de vuelta? Supérate.—Hizo una pausa. —Y para que conste, decir que Dimitra es la posesión más preciada de Miklos es cosa de la Edad Media. Tú y tu club de cavernícolas deberían golpear la arena en otro lugar. Salió enfurecida de la cafetería y se dirigió al coche que Miklos le había dejado. Se deslizó en el asiento trasero.  —Llévame a casa. Notó a Jonas saliendo de la cafetería mientras el coche se alejaba de la acera, sus dedos pasando frustrados por su cabello. Limpió las lágrimas enojadas de su mejilla y por primera vez se preguntó qué diablos había visto en él.
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