Cuando llegué a mi departamento no pude evitar sentir una pena inmensa al saber que no vería a Shawn quizás hasta cuándo. Sabía que había prometido volver a verme, pero su vida y la mía aún nos jugaba en contra; él siguiendo su gira mundial como un rockstar y yo como una persona común y corriente. Pero como había aprendido estando con él, no me dejaría hundir en ese tipo de pensamientos, Shawn me había demostrado que era una persona que no dejaba de sorprenderme, dispuesta a todo y a superar todo obstáculo que se le presentase.
Me recosté en mi cama y saqué la cámara de su funda para mirar las fotos que tenía mi tarjeta de memoria. Pasé por todas las que había sacado personalmente, pero me sorprendió ver a Shawn y a mí en el aeropuerto abrazándonos con nuestras frentes unidas, besándonos y mirándonos a los ojos antes de que nos sacáramos la foto grupal. Recordé lo llenó que se sintió mi corazón con las palabras que salieron de Shawn y como antes de eso Jacob había pedido prestada mi cámara para sacar algunas fotos.
Jacob eres un pillo.
Sabía lo que había querido hacer, pues noté que desde que le presté mi cámara hasta que me la devolvió solo habían fotografías de su hermano y yo juntos. Se lo agradecí hasta el alma por ahora tener esas fantásticas imágenes en mi poder.
Dejé la cámara a un costado y me concentré en mi techo, recordando los últimos días que cambiaron mi vida por completo. Intenté recordar con detalle todo lo que había pasado. En el momento que conocí a Shawn, en como luego conocí a los chicos y cambiaron mi percepción de los famosos con solo unas palabras. Pasé por el recuerdo de la primera noche que pasamos juntos, en como él durmió en la cama siguiente después de confesarme su pasado y como habíamos llegado a la conclusión que lo habían drogado y que no estaba borracho como había podido jurar. En como me mostró por primera vez su batería y el espectacular concierto que me regalaron. Mis recuerdos se fueron a su camerino y como sus ojos cambiaron al quitarme por fin la falda que tenía. Me fui completamente a él, a como se sentía su piel junto a la mía, como sus manos grandes acariciaron mi piel, y a como sus labios se posaban en los míos junto con todas las emociones que me producía cuando éramos uno, y mientras pensaba en Shawn lo miraba directamente a los ojos, esos ojos gatunos y perfectos que resaltaban en el póster que se encontraba en el techo de mi habitación sonriéndome desde hace un año, junto con el centenar que cubrían todas mis paredes.
¿Han oído hablar del dicho; el que sigue la consigue?
Pues yo lo había conseguido.
Planeé todo por mucho tiempo, todo meticulosamente para poder lograr mi cometido. No fue la mejor forma de hacerlo, pero tenía que marcar la diferencia.
Y lo hice.
Hace un año, mientras viajaba por el mundo, llegué a parar a un concierto. No sabía de quién era ni como se llamaban, pero un amigo me había regalado la entrada full access y decidí ir. Ahí fue cuando lo vi por primera vez, y me cautivó completamente. Sus ojos, su pelo, su boca, su cuerpo, todo. Caí rendida a él y no pude evitarlo, pero cuando fue el momento de conocerlo tras bastidores mi mundo se desmoronó; no era más que una simple fan que quería conocerlo, y aunque le hablé un momento no parecía interesado en nada de lo que tenía que decir, pero estaba tan cegada por él que decidí no rendirme, pues ya me había enamorado.
Lo conocería a como dé lugar.
Todo fue planeado a la perfección desde el momento que supe que estarían en mi ciudad; el correo, la pastilla, la llave de la habitación, las cámaras de seguridad, mi pelo.
Todo fue parte de un plan.
Claro está, hubo cosas que no había anticipado, pero salieron mucho mejor de lo esperado. Fue difícil introducir la pastilla en el vaso de Shawn, pero era una experta en eso. Había estudiado con sutileza en la prevención de eso que me ayudó a hacerlo sin problemas. Había trabajado en un hotel con anterioridad, así que también era una experta en cámaras de seguridad y cómo funcionaban. Había contado con toda la gente que se acercaría a él, lo que hizo que todo fuera más fácil. Y esa mujer, esa bendita mujer alta y bella apareció como traída del cielo. Sabía que tenía que culpar a alguien una vez que mencionara el tema de las cámaras de seguridad, y después de haber apostado por el bar tender, aposté por el tipo que hablaba por teléfono, sabía que conversaba con una mujer, sabía que decía cosas sucias esperando que nadie lo escuchara, y claro, como si lo fueran a pillar miraba hacia los lados para ver si estaba pasando desapercibido, y ese comportamiento, aquí y en cualquier otro lado es de alguien culpable de alguna cosa, yo solo tenía que poner el qué. Pero la verdad es que esa mujer, esa bella mujer que solo quería coquetear con Shawn hizo que todo trabajara a mi favor.
¿Quién iba a pensar que un simple movimiento de mano se vería como si fue ella la que introdujo la droga a su vaso?
Le daba crédito a esa desconocida por ayudarme inconscientemente en mi plan.
¿El trabajo y el correo que me llevó hasta el hotel?
Una cuenta que me creé hace unos meses, junto con un f*******: y un perfil completo de una familia inventada. Tenía que tener mi coartada si todo se iba a la mierda, pero tal como predije; todo salió a la perfección.
Esa noche cuando encontré a Shawn dejé caer la llave de mi habitación estratégicamente para que la viera, y aunque no tenía planeado que apareciera en mi puerta a altas alturas de la madrugada ayudó que las cosas fluyeran con más naturalidad. Lo ayudaría a encontrar a la persona que lo drogó, alejando la atención del incidente de mi persona y a la vez, atrayéndolo a mí como mujer. Sabía que no sería difícil acostarme con él después de pasar un tiempo juntos, sabía como actuaba y sabía que las mujeres eran su perdición, pero no quería eso, quería hago más, quería que sintiera. Podía solo suponer que ninguna mujer se había negado a ir a un after con él, así que también sabía que lo descolocaría si yo lo hacía. Pero tenía que hacer más, tenía que meterme más en el juego, tenía que ser una víctima también.
Y es que a los hombres les encanta ser el caballero de la armadura brillante, dispuestos a ayudar a una damisela en peligro, y cuando me propuso ir al bar por unas cervezas vi mi oportunidad.
¿Mi cabello?
Unas tijeras escondidas estratégicamente y un precio bajo que pagar por conseguir mi cometido.
Lo había estudiado tanto que sabía como actuaría, y tal como lo predije; lo hizo. Y gracias a esos días encerrados en su habitación llenándonos del otro ayudó a que se olvidara de la denuncia, dejándome a mí las pruebas de sangre para que las hiciera personalmente.
Claro está, jamás lo haría.
Sonreí al recuerdo de nuestros cuerpos juntos. De sus labios posándose en los míos, de su atención, de su buen corazón. No hay que malinterpretar las cosas, lo quiero mucho, realmente está en mi corazón, y me dolió hacerlo pasar por lo que hice, pero el fin justifica los medios.
¿No?
La droga era inofensiva y sabía exactamente la cantidad a utilizar para no provocarle nada que no fuera lo esperado.
Recordé la noche en donde me confirmó que todo lo que teníamos no hubiese ocurrido si no hubiera pasado lo que pasó.
¿Y quién podría culparlo?
Por eso necesitaba abrir una ventana de oportunidad, necesitaba conocerlo, que me conociera y no me tomara como otra simple mujer más en su lista de conquistas. Necesitaba hacerme notar, sino nada hubiera sido posible. Todas las conversaciones fueron reales, todas auténticas y del corazón.
Todo fue planeado a la perfección, pues el destino lo forja uno, hay que mover cosas, hacer planes y crear oportunidades. Y ese es en el tipo de destino que creo, el que uno crea y no el que te da la vida así sin más.
Seguí mirando el póster de Shawn cuando mi celular vibró con un mensaje entrante de él.
«Cuida mi corazón. Nos veremos pronto. Lo prometo»
Sonreí.
Todo resultó… Como lo imaginé.
FIN.