Me peinaba mi corto cabello en el baño mientras mi cuerpo estaba dolorido a más no poder, pero no me molestaba en lo absoluto, pues sabía que el dolor duraría un par de días más, pero las imágenes en mi cabeza se quedarían estancadas ahí. Sonreí recordando con cada músculo contraído que era lo que lo había provocado.
—Te dije que hay una manera más efectiva de hacer ejercicio que subir escaleras —escuché a Shawn cerca de mi oído después de darnos una ducha juntos y de gritar su nombre a los siete mares.
—Creo que termino peor cuando las subo —respondí divertida apartándolo para tomar la bata de baño sin prestarle atención.
Pero Shawn se interpuso en mi camino solo para tomar mi cuerpo y girarlo en un ágil movimiento para presionar mi pecho contra la pared caliente por el vapor que aún quedaba mientras sus manos presionaban mis caderas.
—No me tientes, bebé. —Su voz en mi oído, ronca y seductora sonaba a una amenaza—. Soy bueno con los desafíos.
Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo y mi respiración ya se había acelerado con solo ese simple movimiento.
—Ver para…
Pero no pude terminar la frase. Solo como él podía hacerlo, giró mi cuerpo y sus labios se posaron con tanta violencia contra los míos que casi me hace daño.
No me quejé.
Los días siguientes no salimos de la habitación y solo utilicé la ropa que había llevado de mi departamento cuando los demás volvieron y tuvimos que dejar el cuarto para reunirnos con el resto a desayunar por última vez.
—¿Qué sucede? —me preguntó cuando bajábamos las escaleras para llegar al lobby.
—Nada —sonreí, aunque no me creyó.
—Estas haciendo un puchero, ¿sabías? —dijo con una sonrisa, y yo me sonrojé hasta la mierda al no notar que lo estaba haciendo—. Y aunque es extremadamente adorable me gustaría saber el por qué lo haces.
—Eres un fastidio —respondí.
Shawn tomó mi mano y me detuvo para quedar frente a él.
—¿Tendré que sacártelo yo mismo? —preguntó juguetón acercándose unos pasos.
—¡Está bien! ¡Esta bien! Es que… —Bajé mi cabeza intentando no hundirme en sus ojos—. No puedo creer que es unas horas más tendremos que despedirnos.
—Lo sé —escuché, y cuando volví a mirarlo su desplante había cambiado completamente—. Parece irreal.
Irreal.
Era la palabra que describía perfectamente todo el tiempo que había estado con él. Desde que lo vi en las escaleras hasta ese momento.
Total y completamente irreal.
—¿Qué más tienes que hacer antes de marchar?
—Desayunar, ordenar un par de cosas que me quedan y estaré listo. Hey —dijo al ver como volvía a bajar la vista—. Disfrutemos lo que nos queda ¿sí?
—Disfrutemos lo que nos queda —le dije asintiendo con la cabeza.
No podía dejar que pensamientos tristes me envolvieran en las últimas horas que tenía con él. Aprovecharía hasta el segundo final para luego ocupar toda la película que había grabado en mi cabeza con él y la banda una vez que se marcharan y así poder recordarlos y no olvidarlos jamás.
Thomas y Jacob nos recibieron con los brazos abiertos y ambos me levantaron del suelo con un fuerte apretón al ver que me encontraba mucho mejor.
—¡Tu cambio de look es fantástico! —me dijo Jacob una vez que me soltó.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó Thomas.
—Estoy bien, gracias. Lamento mucho lo que sucedió.
—Carolina, ya hablamos de eso por teléfono, no tienes por qué disculparte —me retó el vocalista—. Agarraremos a esa mujer para que no sea un peligro a la sociedad por si tiene más de un artista favorito y se le ocurre hacer otra cosa como la que hizo con ustedes dos.
—¿Tienes las pruebas? —me preguntó el guitarrista.
—Las tengo listas para encerrarla —contesté con una sonrisa—. ¿De verdad no les molesta que vaya a dejarlos al aeropuerto? —pregunté.
—No te daré un sermón —dijo Jacob antes de darse la vuelta y marchar al comedor.
Jesús.
Los hermanos eran iguales.
Pero aún así sonreír con todo mi ser.
—Vamos a desayunar —me dijo Shawn tomando mi mano para seguir al resto.
Me masajeaba el muslo estando sentada en la mesa mientras todos comíamos juntos por última vez y Jacob nos contaba como les había ido en su viaje cuando Shawn tomó la mano que tenía en el muslo por debajo de la mesa y se acercó a mí.
—Te dije que era bueno con los desafíos.
Esa voz ronca hizo que se encendiera mi cuerpo. Solo atiné a sonreír al recuerdo intentando que bajara el ardor de mis mejillas y tratar de prestarle toda mi atención a su hermano. Soltó una risa seductora al verme así y siguió en lo suyo, dejando que su mano se posara tranquila sobre la mía.
—Shawn es un tipo afortunado —me dijo Thomas con su sonrisa peculiar, hablando bajo para que el resto no lo escuchara.
Negué con la cabeza.
—Creo que la afortunada soy yo —le dije devolviendo la sonrisa.
—Nunca dejaremos de estar agradecidos por lo que hiciste, Carolina, aunque te hayas arrastrado a la mierda por culpa de eso.
—Lo haría de nuevo sin pensarlo. Me alegra que nada le haya sucedido a Shawn y saber que esa mujer no ganó el juego que tenía planeado.
Ambos nos dedicamos una sonrisa y seguimos el desayuno, sin antes que Thomas le regalara un pequeño guiño a su primo.
Cuando terminamos nos juntamos todos en el lobby para que los chicos y el staff ajustaran las últimas tareas que tenían.
—En unas horas partiremos —escuché a Shawn mientras me agarraba sorpresivamente por la cintura.
Thomas y Anastasia, que se encontraban conmigo sonrieron y se apartaron de nosotros.
—Shawn, la loca puede vernos. —Intenté alejarme de su cuerpo pero me abrazó más fuerte.
—Y que nos vea esa zorra. Que vea que no ganó.
Acercó sus labios a los míos y les dio un rápido beso con sus manos a cada lado de mi rostro. Sonreí complacida y algo avergonzada por la muestra pública de cariño, ya me había acostumbrado a sus ataques de besos y abrazos, pero no estando con todo su equipo cerca.
—Como aún queda tiempo iré a darme una ducha rápida y recoger mis cosas de tu habitación. Te veo aquí en unos momentos —le dije, le dio otro apretón a mi cuerpo y me separé de él para subir hasta su cuarto.
No sé cómo, pero supe lo que pasaría una vez de darme la ducha.
Estaba apoyada en el escritorio cuando entró a la pieza y cerró la puerta a sus espaldas. Mi corazón se saltó un latido cuando me miró con esos ojos que ya conocía bien. Caminó hacia donde estaba y sus dedos se fueron directamente a mi mentón, moviendo mi cabeza para mirarlo. Sus ojos verdes y gatunos gritaban lo mucho que quería tenerme como lo había hecho ya un montón de veces, pero ahora por última vez, y no protesté porque sabía que los míos gritaban igual de fuerte. Su cabeza se acercó lentamente, tan lento que estuve a punto de acobardarme, pero sus labios llegaron a los míos y algo en mí se encendió como una llama en gasolina. Un beso salió de los dos mientras el resto de la gente terminaba de arreglar sus cosas para partir justo debajo de nosotros, sin saber nadie lo que estaba pasando, pensando que solo me estaba dando una ducha y preparándome para dejar el hotel. El beso se profundizó y mi respiración comenzó a entrecortarse.
—Creo que es hora de nuestra despedida —me dijo en un suspiro contra mis labios.
Ya no confiaba en mis palabras, así que solo asentí con un montón de emociones dentro de mí. Me sonrió lujurioso y su mano se fue a mi nuca para adentrarnos más en nuestro beso. Nos dimos cuenta de que estando en la posición que estábamos no había mucho que podíamos hacer más de lo que ya estábamos haciendo. Y sin previo aviso y con una agilidad que me sorprendió ya estábamos recostados en la cama. Él sobre mí, tocando todo mi cuerpo mientras mis manos hacían lo mismo con el suyo, nuestros labios peleaban para acaparar toda del otro para dejarlo como la mejor de las despedidas mientras estábamos intercambiando gemidos y suspiros deseando que la ropa que nos tapaba el cuerpo saliera flotando.
Y así fue.
Sus manos ya sabían recorrer mi piel y cómo hacerlo para volverme loca, sus labios saboreaban todo dejando huella y marcando su territorio por donde pasasen. Mis manos intentaban grabar la curva de sus brazos, dejar marcado en mi cabeza los músculos de su espalda que se flexionaban al apartar su peso de mi cuerpo. Sus labios volvieron a los míos hasta que se alejó unos centímetros para mirarme a los ojos. Su mano bajó desde mi cuello hasta mi abdomen hasta llegar hasta la única y pequeña tela que me separaba de la completa desnudez. Sus ojos seguían mirándome con un par de tonos más oscuros de lo normal, y la sensualidad de sus caricias casi me hace explotar. Tuve que ahogar un quejido cuando terminó de desvestirme haciendo que mi pecho se irguiera al contacto, y me excitó tanto verle el rostro determinado a darme placer que hacía que me mordiera el labio con tanta fuerza que por un momento temí sangrar. Lo besé una vez más hasta que se separó de mí para penetrarme con sus ojos y los míos le respondieron al ver como quería que me entregara a él por última vez.
Era tanta la energía que sentíamos que no pude esconder los espasmos que mi cuerpo le regalaba. Los gemidos salían de corrido mientras sus manos recorrían mi cuerpo y las mías el suyo.
Volvimos a ser uno en esa habitación.
Mierda, lo extrañaría. Extrañaría toda su persona. Quería que lo que estaba pasando no acabara nunca.
El tono de su celular sonó solo para hacernos salir de nuestro paraíso personal, pero capté al instante que no dejaría que nos interrumpiera al sentir como me mantuvo en la misma posición mientras estiró su mano para tomar su teléfono y responder con mi cuerpo aún debajo del suyo. Me dejó anonadada y excitada hasta el infierno, tanto que tuvo que ocupar la mano que no sostenía el aparato para posarla delicadamente en mis labios, haciendo callar todos los sonidos que me producía solo con saber que había sido capaz de contestar sin arruinar lo que estaba pasando.
No sé por qué me excitó tanto.
—¿Sí? —habló con una voz que prometía profesionalismo, mientras mi cuerpo se hundía en espasmos.
—¿Por qué se demoran tanto? Estamos listos para partir —escuché a Jacob al otro lado del teléfono, pues estábamos tan cerca que pude oírlo sin problemas.
Sus ojos estaban posados en los míos mientras una sonrisa salió de sus labios al notar que de los míos salió preocupación pura al darme cuenta que ya nos estaban esperando. Intenté zafarme de su agarre para decir algo, pero un movimiento de él me dejó con un gemido escondido en mi garganta.
—Shawn, por favor —supliqué bajo mientras mordía los dedos que tapaban mi boca mientras sus ojos me miraban lujuriosos y sonreía mientras disfrutaba la pequeña tortura que me infligía.
—Bajamos en un momento. Estamos por acabar. —Y sin más colgó.
Y como si hubiésemos pensado lo mismo, volteamos nuestro cuerpos para él quedar de espaldas a la cama, yo sentada sobre él, y tal como lo dijo acabamos en cuestión de segundos y mis labios al fin dejaron escapar el sonido de un orgasmo perfecto y él se dejaba ir con todas las fibras de su ser con un gruñido áspero.
Mi cabeza cayó en su pecho, rendida, y ambos intentamos recomponer nuestra respiración después de tan gran culminación. Sentía los latidos de su corazón volver a la normalidad con el tiempo mientas mi respiración lo imitaba, hasta que ambos lo hicimos con normalidad. Sus manos acariciaron dulcemente la piel desnuda de mi espalda en pequeños movimientos asimétricos. Moví mi cuerpo, pero los brazos de Shawn me detuvieron manteniéndome tal cual estaba.
—Unos minutos más. —Su voz sonaba como si recién se hubiese despertado, ronca y sexy hasta la mierda.
—Perderán el vuelo si te demoras.
—No me molestaría si lo hacemos.
No protesté después de eso, su calor se sentía tan bien. Tomé todo lo que había pasado para guardarlo en la caja de los momentos que había pasado con él durante los días que estuvimos juntos. Para poder repasarlos cuando ya no estuviese conmigo, para extrañarlo, pero sonreír al recuerdo.
Había sido una despedida perfecta.
—Ya es hora de…
—Tengo que confesar algo —dijo tranquilo y misterioso, cortando lo que iba a decir.
Apoyé mi mentón en su pecho para escucharlo mejor.
—¿Qué tienes que confesar? —pregunté con curiosidad.
—No quiero que esta sea la última vez —dijo bajando su cabeza para mirarme de lleno—. Puede que sea una despedida, pero no quiero que sea la última vez que estemos así.
Su confesión hizo que una sonrisa saliera del fondo de mi ser, pero luego se fue apagando de apoco.
—Yo tampoco lo quiero, pero ¿qué más podemos hacer?
Mire sus ojos verdes y gatunos, hermosos hasta la mierda. Su rostro estaba serio y podía ver como intentaba encontrar la respuesta para mi pregunta.
—Lo averiguaremos con el tiempo, bebé —contestó al fin, haciendo que una nueva sonrisa saliera de mí.
Me dio el último beso en los labios y volvimos a ponernos la ropa para volver a encontrarnos con el resto de la banda.
—¿Listos? —preguntó Jacob una vez que nos encontramos.
—No —respondimos al unísono, haciendo que su hermano riera.
Camino al aeropuerto no podía dejar de pensar lo mucho que lo extrañaría. Habían sido unos días tan extraños, tan imposibles, tan sacados de una novela, que no podía evitar que me entrara una ola de pánico al pensar que todo había sido producto de mi imaginación, pero cada vez que suspiraba con tristeza sin darme cuenta de que lo había hecho, Shawn le daba un cariñoso apretón a mi mano que no había soltado desde que nos subimos al auto junto con un tierno beso en mi frente aún emparchada. Pasó su brazo por mis hombros y apoyé mi cabeza en su pecho, hundiéndome en un sentimiento eterno de tristeza, y pude notar como él soltaba un suspiro de lo más profundo de su ser, pero ninguno de los dos dijo palabra alguna, eran innecesarias a esas altura, solo nos mantuvimos en esa posición; yo abrazada a su torso y él reposando su mentón en la coronilla de mi cabeza con sus brazos envolviendo todo mi cuerpo, hasta que el auto se estacionó.
El aeropuerto era un caos total lleno de fans y policías que intentaban calmarlos. Era imposible saber cómo se había corrido la voz de que se iban días después, pero ahí estaba la prueba, a esas personas no se le escapaba nada. Los chicos firmaron autógrafos y se sacaron un par de fotos mientras yo cambiaba la tarjeta de mi cámara que ya estaba llena de imágenes de Shawn y yo, junto con una que otra demasiado candente como para que otra persona que no seamos nosotros las viese, y muchas otras que Shawn había sacado, diciéndome que quería que se las enviara todas a su correo personal después de una sesión improvisada de modelaje.
—Viene con nosotros —le dijo Jacob a un guardia gigante cuando este intentó apartarme de ellos—. Ten.
—¿Y esto? —pregunté al ver como me pasaba una tarjeta con la palabra Staff en ella.
—Póntela, así no te confundirán con los fans, al menos no nuestra fan, ya que sí lo eres de mi hermano —me dijo cerrándome un ojo burlesco y le di un pequeño empujón divertida.
Caminamos entre los gritos de la gente que se iba apagando mientras más nos adentrábamos al aeropuerto hasta llegar a la puerta de salidas internacionales.
—Espero poder verlos de nuevo —le dije a Thomas mientras abrazaba su cuerpo flaco.
—Lo harás —me tranquilizó mientras me revolvía el cabello.
Miré a Jacob quien ya se encontraba con los brazos abiertos.
—Tú y tu país son increíbles —me dijo apretándome fuerte—. Gracias por todo, y gracias nuevamente por ayudar a Shawn.
Las lágrimas estaban amenazando con salir.
—Lo haría nuevamente sin pensarlo —repetí lo que le había dicho a su compañero unas horas antes.
—Aunque es un imbécil —continuó.
—Aunque es un imbécil —reí.
Jacob me dio un basto beso en la mejilla y tomó mi cámara.
—Sacaré unas fotos.
Di la vuelta y Shawn me miraba con una sonrisa triste. Tomé un respiro para calmar las lágrimas revoltosas que ya burbujeaban en mi garganta. Se acercó a mí y me dio un gran abrazo, de esos que solo él sabía dar.
—Estos días fueron maravillosos —le dije escondiendo mi rostro en su pecho y aspirando su aroma por última vez. Shawn se separó un poco y levantó mi mentón con su dedo. Extrañaría a morir ese movimiento característico de él. Su pulgar secaba una gota que se había escapado de mí y pude ver como sus ojos se entristecieron aún más.
—Gracias por todo, bebé.
Negué con la cabeza.
—Gracias a ti por ser tan maravilloso. Siempre te recordaré.
—Tendrás que hacerlo porque nos veremos pronto. —No sé que rostro puse, pero él soltó una risita encantadora para luego continuar—. Te dije que no quería que lo nuestro acabara, aunque no sé que es lo que tenemos realmente. No le librarás de mí tan fácilmente, nos seguiremos complicando la vida si es necesario.
—Pero…
—No hagas que te de otro sermón. Nos veremos pronto, lo prometo. Ven aquí.
Sus manos tomaron mi rostro y me dedicó un beso tan tierno que me dejó sin aliento, delante de todos. Ya no me importaba, me aferré a él intentando grabar ese beso perfecto hasta que pueda cumplir su promesa y nos volvamos a ver. Separamos nuestros labios y apoyó su frente contra la mía.
—Lo prometiste —le dije.
—Lo prometo —repitió y sonreí apenada, pero con su promesa grabada en el fondo de mi ser. Pero antes de poder separarme de Shawn tomó mi muñeca para mantenernos un poco más en esa posición—. No sé qué fue lo que me hiciste, Carolina.
—Ya dijiste eso —hablé bajo con una pequeña risa, con mis ojos cerrados y nuestras frentes aún unidas—. Yo no sé qué fue lo que me hiciste tú. Entraste a mi corazón de tal manera que dudo un montón poder sacarte.
—No lo hagas. Me quedaré en tu corazón y te dejaré una gran parte del mío contigo.
No podía darle crédito a lo que había oído. Abrí mi boca para responder, pero escuchamos a Jacob gritar cerca de nosotros, haciendo que nos separásemos del otro y dejándome con el corazón en la garganta y las palabras en los labios.
—¡Saquemos una fotografía grupal!
Todos nos juntamos y el hermano le pasó la cámara a Jeff, un ayudante de sonido para que sacara la foto. Sacó varias y me devolvió la cámara con una sonrisa. Shawn me abrazó por última vez mientras sus labios besaban los míos, me besó en la frente, en las mejillas, en la nariz, tratando de marcar todo mi rostro con sus labios y su promesa. Me sonrió apenado y nos separamos mientras mi corazón se apretaba.
—¡Shawn! —grité. Se volvió hacia mí un par de pasos más adelante, no lo pensé dos veces, no lo pensé en lo absoluto y modulé—. Te quiero.
Me volvió a sonreír, pero su sonrisa no subió hasta sus ojos apenados.
—Lo prometo —moduló en silencio.
Las lágrimas ya corrían libres, tanto de tristeza como de felicidad, en una ambivalencia latente en mi interior por como todos esos días había dado un giro inimaginable, en como esa persona que conocí me había dado vuelta la vida completamente y sentir por primera vez eso que solo hablan en las películas, en como dos personas se podían unir tanto en un periodo tan corto de tiempo.
Irreal.
Tal cual lo había dicho Shawn.
No podía haber imaginado un fin de semana mejor.
Me despedí de todos con la mano mientras se perdían de mi vista y sacaba una última fotografía, tanto mentalmente como en mi cámara. Caminé hacia la salida evitando a los fans, suspiré y me sequé las lágrimas.
Era momento de volver a mi realidad.