Mi mano subía y bajaba por su vientre acariciando su piel desnuda, y con cada centímetro de que tocaba sentía como su respiración se aceleraba un poco más. Shawn dio vuelta su cuerpo para quedar de frente a mí, lo miré directo a los ojos que se oscurecían como el mar a media noche. Bajé mis ojos hacia sus labios y vi como su lengua los humedecía lentamente mientras respiraba ruidosamente por su nariz. Intentó acercarse para besarme, pero lo detuve alejando mi cabeza unos centímetros y sus ojos ardieron. Me deshice de mi polera por encima de mi cabeza para luego acariciar su labio hinchado con mi pulgar, todo en movimientos suaves. Con una mano bajé mi falda que cayó sin problemas entre mis pies. Volví a subir mis manos para acariciar su pecho que subía y bajaba con compases inventados, las bajé hasta llegar a la única prenda que tenía. Cayó al suelo junto a mis ropas y él apretó los dientes sin dejar de penetrarme con los ojos.
—Me estás matando, bebé.
Mi nuevo apodo salió de lo más profundo de su pecho, ronco, cargado de pasión. Subí mi mano desde sus dedos, pasando por sus brazos, acariciando cada centímetro de ellos, subiendo por sus músculos hasta llegar a sus hombros, para luego pasar por sus clavículas, subir por su cuello y formar casa debajo de su mandíbula, acariciando su rostro con mis pulgares. Su labio, ese labio hinchado por las constantes mordidas de su dueño estaban cerca. Subí a sus ojos que reflejaban algo que nunca había visto; un dejo de timidez mezclado con la lujuria que gritaba por debajo de sus caderas. Levantó sus manos cuidadosamente, como si pudiera hacerme daño si los movía demasiado rápido, acariciándome los hombros, bajando por mis brazos para luego esconderlos detrás de mi espalda y desabrochar mi sostén. La prenda cayó al suelo, pero sus ojos seguían en los míos, hipnotizados. La única prenda que tenía en mi cuerpo cayó solo unos segundos después, dejándonos a los dos completamente desnudos frente al otro. Y aunque físicamente lo estábamos, era su mirada la que me dejaba expuesta ante él, esa mirada que me desnudaba, sin tocar siquiera lo s****l en mí, una mirada que recién conocía, una que me desnudaba más allá cualquier ropa. Me acerqué con calma y lo besé en los labios y nos volvimos a perder en el otro, pero con calma. No estaba el apuro y la excitación del concierto, estábamos los dos solos, desnudos hasta el alma, con todo el tiempo del mundo solo para dedicarlos al otro, lo que hizo todo más excitante.
La tranquilidad del beso se esfumó cuando su mano agarró mi nuca con fuerza, haciéndome caminar hasta la cama y recostarme completamente en ella mientras él se apoyaba a mi lado deteniendo el beso y mirándome directamente a los ojos. Su mano comenzó a acariciar cada parte de mi cuerpo desnudo. Cada centímetro de piel que pudiera abarcar. Sus ojos recorrían el trayecto de su mano acariciando con ellos lo que su mano no podía hacer. Verlo así, entregado a mí, hizo que me sintiera la persona más hermosa del mundo. Subió su mano hasta mi cuello para subir mi rostro y poder besar sus labios hinchados. Sus manos seguían recorriendo mi cuerpo, clavando banderas por donde pasaba, mientras las mías hacían lo mismo. Su respiración comenzó a entrecortarse cuando pasé mi mano por su abdomen, sabía que le encantaba eso y a mí me encantaba ver lo que le producía. Mi mano siguió el recorrido hasta llegar a su entrepierna que palpitaba con furia y Shawn soltó un suspiro que terminó en jadeo, seguido de un mierda empapado de éxtasis.
No aguantó más.
Su cuerpo subió al mío y nos perdimos en un beso cargado de todas las emociones existentes y nos entregamos al otro por segunda vez.
Después de poder despegar nuestros cuerpos y desayunar en la habitación para recargar nuestras energías tuve que convencer a Shawn para que me dejara ir sola a mi departamento y poder hacer lo que tenía pensado para que él pudiera descansar algo por la noche anterior.
—¿Estás segura que no quieres que te acompañe? —me preguntó dijo entre las sábanas blancas mientras yo terminaba de ponerme los zapatos.
—Estoy segura, no me pasará nada, lo prometo.
—Prométeme otra cosa.
—Lo que quieras —le conteste con una sonrisa.
—Irás solo si me prometes que traerás ropa extra para no tener que volver hasta que nos vayamos.
—No me lo tienes que decir dos veces. —Me acerqué y le di un tierno beso en los labios.
—No rompas tu promesa —dijo ronco, casi como si quisiera dejar claro lo que pasaría si lo hacía.
—Eres un fastidio. —Miré al cielo por un segundo divertida.
Cuando me levanté de la cama Shawn tomó mi muñeca y tiró de mi brazo para que mi cuerpo cayera arriba del suyo.
—Y no se te ocurra dejar esta bendita falda en tu departamento —dijo cerca de mis labios mientras sus manos agarraban territorialmente mi trasero.
Pasé por la peluquería para ponerle fin al nido de pájaro que se encontraba en mi cabeza. La señora me emparejó el pelo dejándolo a unos cuantos centímetros arriba de mis hombros haciendo que el poco peso hiciera que mis rulos se acentuaran más, y mirándome bien, no me desagradaba tanto como pensé que lo haría.
En mi departamento me duché, tomé unas cuantas prendas y volví al hotel a eso de las tres de la tarde, solo un par de horas había estado afuera y no podían haber pasado más lentas. Shawn me esperaba en su habitación, se había puesto una de esas poleras que tanto me encantan ya, que dejaba ver sus músculos en todo su esplendor. Estaba tendido en la cama gigante repasando lo que había en la televisión sin mucho ánimo. Tosí para llamar su atención. Los ojos de Shawn se abrieron sorprendido al verme y bajó de la cama para encontrarse conmigo.
—Wow.
Mi rostro ardió en vergüenza.
Mierda.
—Pensé cortarlo un poco más —dije casi lamentándome, y aunque no era de esas personas que le importaba lo que la gente pensara de mí, por algún motivo quería que a él le gustara, no sabía el por qué—. ¿No te gusta?
Shawn negó con la cabeza aturdido.
—Te ves fantástica. No pensé que podías verte más sexy, pero me equivoqué —dijo con voz grave y ronca acercándose a mí.
Noté como se mordía el labio inferior después de humedecerlo con la lengua haciendo que comenzara a palpitar esa parte de mi cuerpo, sus manos bajaron hasta mi trasero tan lento que pareció que lo hacía solo para torturarme, y cuando ya no pude aguantar más, abracé su cuello con mis brazos para juntar nuestros labios en un beso lujurioso mientras él me levantaba para abrazar su cintura con mis piernas.
No volvimos a salir de la habitación después de eso.
Me desperté un poco desorientada, sin saber dónde estaba o cómo había llegado hasta ahí, pero al mirar a mi derecha pude ver la espalda desnuda y musculosa de Shawn que se elevaba tranquilamente con cada respiro y no pude evitar sonreír al recordar todo lo que había pasado para llevarme hasta ese lugar. Las ventanas enormes de la habitación hacían que el cuarto se iluminara con las luces de la ciudad. No sabía que día era, domingo en la noche o lunes en la madrugada, no lo sabía y no me importaba, todo había sido tan raro e improvisto que no parecía necesitar algo tan estructurado como una fecha o una hora.
Volví a repasar todo lo que había pasado, como una película en mi cabeza, y aunque lo hiciera mil veces seguía pareciendo algo irreal, improbable, imposible. Pero había pasado y aunque estaba atontada con todo no podía evitar que unas preguntas molestas me rondaran en la cabeza.
¿Qué hubiese pasado si no hubiera encontrado a Shawn esa noche en las escaleras?
¿Qué hubiese pasado si hubiera decidido subir a mi habitación veinte minutos antes?
¿Qué hubiese pasado si hubiese tomado el ascensor?
Shawn respiró profundo y giró su cabeza con sus brazos aún bajo la almohada haciendo que los músculos de sus hombros relucieran en todo su esplendor.
—Hey —escuché como me decía con la voz más ronca que jamás había escuchado, esa voz dormida, exquisita.
—Hey.
Dejé de contemplar su cuerpo y me centré en su rostro adormilado.
—¿Problemas para dormir, bebé?
Mi pecho se apretó un poco, pero no por las razones que hubiera deseado. Shawn me miraba tras sus pestañas largas y sus ojos dormidos.
—¿Qué hubiese pasado si no te hubiera encontrado? —pregunté sin pensarlo realmente.
Pestañeó varias veces para despertarse un poco más al oír una pregunta tan inesperada.
—Sinceramente prefiero no imaginar lo que me podría haber pasado si no hubieras llegado. —Pasó su mano sobre su rostro algo irritado por tocar ese tema tan delicado.
—No me refiero a eso.
Giró su cuerpo para quedar de costado, apoyó su cabeza en su mano y su codo en la cama, prestándome ahora real atención.
—¿A qué te refieres entonces?
—¿Qué hubiese pasado si esa mujer no te hubiera drogado? —Me acomodé como lo había hecho él para quedar de frente.
—Si esa zorra no nos hubiera drogado, no tendríamos que haber pasado por tantas molestias. —Levantó los hombros, despreocupado.
Me quedé mirando sus ojos gatunos bajo la escasa luz por un segundo, pensando, peleando en mi interior si valía la pena continuar con la conversación.
—Yo creo que no habría un nos —lo solté sin más.
Me miró extrañado y juntó sus cejas perfectas.
—¿Qué quieres decir con eso?
Por la mierda.
¿Realmente quería seguir esto?
¿Qué iba a sacar si ya conocía la respuesta al cien por ciento?
Tomé un suspiro gigante, cansada de mis propios pensamientos.
—Jamás te hubieses fijado en alguien como yo si no hubiera pasado lo que pasó —hablé calmada para hacerlo sonar como algo ligero.
—Me fijé en ti cuando te vi en el bar —dijo excusándose.
—Notaste mi pelo, todos en una habitación podrían haberlo hecho, tú mismo lo dijiste.
—Nos habríamos conocido tarde o temprano —aseguró, pero yo sonreí apenada.
—Sabes que no es cierto. Yo podría haberme fijado en ti, eres un hombre ridículamente apuesto, te hubiese reconocido después de un tiempo y me hubiese encantado conocerte, pero tú… —Me senté en la cama—. Tú no te hubieras dado el tiempo de hacerlo conmigo.
Shawn se levantó y se sentó también.
—No lo sabes —habló serio. Lo miré con un gran; vamos en la frente—. No lo sabes, Carolina, nadie puede saberlo, podríamos habernos conocido caminando por ahí.
—Nos conocimos casi por obligación. —Solté una risa suave.
—O destino —dijo más serio que antes.
—No creo en el destino, uno tiene que trabajar para su futuro, mover cosas, hacer planes y crear oportunidades. ¿O crees que tu éxito es por el destino? —expliqué lo más tranquila que pude, pero impaciente, quería que entendiera a lo que me refería. Continué—. No lo creo, ustedes trabajaron duro para forjar su destino, y ese es en el tipo de destino que creo, el que uno crea y no el que te da la vida así sin más.
Shawn asintió con la cabeza mirándome fijamente, pero la bajó después de un momento.
—¿A dónde quieres llegar con todo esto? —suspiró cansado, como sabiendo la respuesta a su pregunta.
—Quizás solo necesito oírte decir la verdad —confesé. Shawn volvió a subir su cabeza para plantar sus ojos en los míos—. No cambiará nada, lo prometo, pero solo necesito saberlo con seguridad.
Pude ver como sus ojos cambiaban sutilmente y apretaba su hermosa mandíbula. Tomó un respiro profundo.
—No creo que esto hubiese pasado si no me hubieran drogado.
Asentí con la cabeza mientras bajaba la mirada.
Debía admitir que su afirmación me dolió más de lo esperado, pues ya sabía la respuesta, no había que ser un genio para darse cuenta de que nunca hubiera pasado si las cosas hubieran sido normales. Sabía que era así, pero no podía evitarlo, la conexión que tenía con él había crecido tanto en los últimos días que me había dado el lujo de pensar que podríamos habernos conocido con o sin ese accidente. Pero no era así, ambos lo sabíamos.
Shawn levantó mi cabeza agarrando mi mentón con suavidad.
—Y lo lamento, Carolina, porque eres una persona maravillosa.
—Gracias por decirme la verdad.
Le sonreí, complacida, intentando dejar de lado ese sentimiento que me había producido su afirmación, pues aunque no hubiéramos estado así en otras circunstancias lo estábamos ahora.
—Quiero que sepas algo —me dijo mirándome fijamente a los ojos—. Me gustas, bebé, me gustas un montón. No eres solo una atracción física, no eres solo una mujer diferente en otro país o ciudad, eres más que eso, eres atracción mental y emocional. Prendes mi cuerpo de la misma manera que prendes mi cabeza, mis neuronas, mi sistema nervioso.
—¿Te estás poniendo meloso conmigo, Shawn? —reí, haciendo que lo hiciera conmigo.
—No sé que carajo me hiciste, pero ya no puedo verte sin sonreír, sin querer tocarte al menos por un segundo. El tenerte ahora significa que tuvimos que pasar por un par de complicaciones enormes, pero aunque la forma en que entraste a mi vida fue inusual, no cambiaría nada.
Lo miré sorprendida. Mi estómago que se apretaba por la felicidad que produjo esas palabras. Me miró profundamente a los ojos y me dolieron los cachetes por sonreír tanto al verlo así.
—Yo tampoco cambiaría algo, y aunque haya sido un encuentro bastante retorcido no me molestaría complicarnos más la vida si algo como esto sucediera de nuevo.
Ahora él sonreía abiertamente.
Me encantaba el Shawn divertido, algo inmaduro y bueno para hacer rostros graciosos, pero el Shawn profundo, que no todos conocen, era el que más adoraba. Más si era una mezcla perfecta entre los dos.
—Intentemos aprovechar el tiempo que nos queda. Pero ahora… —dijo tomando mi cuerpo y recostarlo nuevamente en la cama mientras me abrazaba por la espalda—. Volvamos a dormir para que en la mañana podamos atragantarnos con el desayuno—. Me dio un beso en la nuca—. Y con otras cosas —susurró ronco, presionando sus caderas contra mí.