Capítulo 4 2/2

5000 Words
— Oye Eva, ¿te imaginas vivir entre las nubes? — pregunta Charlotte viendo hacia el cielo. — ¿Por qué la pregunta? ¿acaso Ramón te llevara al Burj Khalifa? — No, no es eso, es solo que… ¿Qué se sentirá ser Dios? — Esa es una gran pregunta, pero no tiene respuesta hasta el momento. Las dos se encontraban acostadas en el césped de un parque, habían decidido ir de compras y cuando terminaron de hacerlo corrieron al parque como unas niñas chiquitas. — Mejor olvida mi pregunta y mejor dime ¿Cómo va todo con Darién? — Darién y yo ya arreglamos nuestras diferencias, es un gran hombre y se dejo llevar por sus impulsos. — ¿lo perdonaste? — Si, el entendió que cometió un error. — Tu nunca me dijiste que fue lo que hizo. Evangeline baja su mirada. — Digamos que Morfeo me mostro el pasado de Darién. Charlotte abre los ojos con sorpresa. — Pero solo vi el porque lo encerraron. — Soy toda oídos. — Charlotte se levanta del suelo donde estaba acostada y se sentó. — Para que entiendas todo primero debo decirte que, Alejandro Magno no era el sucesor al trono de Macedonia sino Darién. — ¡Que! — la mira con sorpresa. — ¿Por qué no quiso tomar el trono? — Decía que no era lo suyo, pero la cosa es que el conoció a una mujer llamada Amerita con la que se casó, pero esta al enterarse de que Darién podía ser Rey, casi que lo obliga a cortarle la cabeza a Magno, pero este se negó. Amerita hizo todo un plan maquiavélico utilizando a su hermana llamada Eucalip, Hera apareció en su templo y enojada encerró a Darién. — Eso es muy fuerte. — Y no solo eso, tal parece que soy su descendiente, Amerita era idéntica a mi físicamente hablando, ¿Recuerdas que Darién menciono a un Bastián? — Claro, tuvo una muerte terrible. — Pues no esta muerto y es hijo de Poseidón. — Madre mía. — Charlotte cae para atrás fingiendo un desmayo. — No solo eso, llamo a Chronos, el dios del tiempo y nos llevo al pasado donde se pudo presenciar todo, al regresar Darién no quería saber nada de mí, y créeme que lo entiendo, después de ver al amor de tu vida entregándote en bandeja de plata a un dios claramente no quería verme sabiendo que era su viva imagen. — Que fuertes declaraciones, ¿Por qué no me habías contado nada? — Porque no quería que te incomodaras con todo este drama. — Eso nunca va a pasar, tu eres mi mejor amiga, además hubiéramos destrozado a Darién juntas. Evangeline ríe. — Ahora somos amigos y creo que lo seguiremos siendo. — ¿Entonces no habrá Davangeline? — Eva vuelve a reírse. — No puedo creer que hicieras eso. — Oh vamos, ustedes son la pareja más perfecta que he visto. — No digas mentira, la mejor pareja eres tu junto con Ramón y lo sabes. — Claro que sí. — echa su cabello hacia atrás. — ¿no piensas darle una oportunidad? — Creo que deberíamos conocernos poco a poco y que las cosas se den con naturalidad. — En eso tienes razón, quizás en el futuro la relación entre ustedes sé de. — Mejor no especulemos. Las dos chicas siguieron hablando por más minutos y es que, a decir verdad, la tarde estaba bastante linda como para irse a encerrar en un departamento, después de los relámpagos y centellas de anoche todo ha ido como viento en popa. Mientras que por otro lado se encontraba Darién junto con su mejor amigo de toda la eternidad, básicamente, en un bar tomando de forma agradable como lo solían hacer antes, y es que Bastián le estaba enseñando muchas cosas acerca del siglo 21 y como debía comportarse ante las demás personas, ya que cuando ambos Vivian en Macedonia el reaccionar de forma negativa era como encender una mecha de dinamita, todo estallaba en golpes y muchas cosas volando por los aires. Además, que Darién quería mostrarle todo lo que estaba aprendiendo para ser un mejor ser humano sostenible. Cuando Probo el vodka por primera vez sintió que sus piernas iban a desfallecer ya que llevaba siglos sin tomar una gota de alcohol. — Sabes, aun no logro comprender como es que conformaste una familia, porque te recuerdo bastante mujeriego. — Con el tiempo uno madura Darién, y más cuando la mayoría del tiempo la pasas solo, las mujeres con las que estuve jamás me dieron lo que yo realmente quería, hasta que conocí a Nora. — ¿y tus hijos? ¿Son semidioses? — No lo sé, Alexander muy poco demuestra lo que siente, por lo menos a mí, pero con Nora es bastante comunicativo. — Ya, pero, por lo menos tu tienes poderes. — ¿acaso crees que Alex es Aquaman? — No lo dudaría. — dice Darién riendo suavemente. — ¿tu te comunicas con los peces? — Sabes que solo puedo dominar el agua a mi antojo. — Entonces para mi Alexander hace las dos cosas. — Tal vez simplemente sea un mortal. — se encoge de hombros. — así es mejor y no tendrá que ver lo que yo viví. — Debió ser muy duro. — Como no tienes ni idea, y todo por un trono. — Después de todo los olímpicos se fueron sin dejar rastro. — Ellos jamás se fueron, están entre nosotros, pero es imposible saber quien es quien. Pero déjame decirte que Yahveh tiene un ejercito mucho más grande, los ángeles son poderoso y a menos que Zeus se una a lucifer para obtener a los demonios, será casi imposible de vencer a los ángeles. — Yo puedo contra todos ellos. — Creo que ya estas ebrio amigo. — se ríe Bastián. — Lo estoy desde la primera cerveza. — se ríe. — Sera mejor que te lleve a casa antes de que Evangeline me asesine. — No quiero que ella me vea de esta forma. — Pues si no vas a casa ella se va a preocupar, la conozco. — Pero mira como estoy. Darién se levanta de su silla y se tambalea cuando se coloca de pie, pero a causa de la ebriedad cae en la mesa de en frente derrumbando todo lo que estaba allí. — Lo… si… en … to. — Darién se levanta de la mesa. — ¡Hijo de perra será mejor que pagues por todo lo que rompiste! — un hombre de casi dos metros se levanta y lo encara. — Pues no tengo dinero. ­— se mofa. — Pues partiré cada uno de tus huesos. — Toma a Darién de la camisa — Quiero verte intentarlo. — ríe fuertemente Darién. — Esperen un momento. — Bastián se levanta de su asiento. — yo pagare por lo que mi amigo hizo. — ¿amigo? O más bien novio. — los amigos del grandulón comenzaron a reírse. — Si crees que con eso nos vas a ofender estas muy equivocado. — responde con calma — Claro, los maricas como tu son tan pasivas que… El hombre no termino de decir lo que decía cuando Darién le lanzo un puñetazo tan fuerte que al suelo cayeron dos dientes. — Hijo de perra, estas me las vas a pagar. El grandulón tiro su primer puñetazo, pero Darién con toda su agilidad logro esquivarlo y golpearlo en las costillas. Los amigos de este se levantaron y se abalanzaron contra el ex guerrero Macedonio, pero Bastián intervino también dando unos buenos golpes. — Como en los viejos tiempos. — rio Darién mientras que seguía golpeando a hombres casi que gigantes. También recibió unos cuantos golpes, pero ellos quedaron peor, tanto así que había varios pares de dientes regados en el suelo, pero todos ellos cayeron de rodillas al suelo ante Darién el valiente. Bastián coloco sobre la barra varios dólares y tomo a Darién de la mano para llevarlo afuera del lugar, el cual había quedado hecho añicos literalmente, ambos se subieron al auto en dirección… sin saber cuál. — Eso fue muy estúpido Darién, yo tengo una reputación que proteger. — Oh vamos, ¿me vas a decir que no sentiste la adrenalina correr por tus venas? Bastián queda completamente callado sabiendo que era real todo lo que dijo su amigo, no había luchado o estado en una pelea desde muchos años atrás. — Pero ahora soy otra persona, soy un profesor importante ¿Qué crees que dirán los directivos de la universidad cuando vean el video que quedo registrado en el bar? — Ellos no tienen porque enterarse de ello Bastián. — Rezo porque eso no suceda. El auto se detiene en frente del edificio de Evangeline, Darién levanto la mirada hasta lo más alto del edificio y vio la luz encendida del departamento. — ¿Ella te gusta cierto? — Si, pero cometí un error al haberle alejado de mi cuando estaba intentado ayudarme. — Si fuiste un idiota. — Pero sabes, ahora tengo una nueva oportunidad y no lo voy a desperdiciarlo. — Pues buena suerte, Evangeline es una chica bastante fuerte. — Eso ya lo sé, es determinada, pero yo soy persistente. — ¿Cómo crees que reaccione cuando me vea así? — Probablemente me regañe por haberme metido en una pelea. — responde Darién. — La mía de seguro me pone a dormir en la sala, a Nora no le gustan las peleas. Paso por mucho en su infancia. ¿Qué tal si te quedas en casa? Así Evangeline no te regañara. — ¿crees que a Nora le guste que yo este ahí.? — Amigo, le has traído dinero con todas las chicas que van al almacén por ti ¿crees que no te quiere? Darién se carcajea. — Esta bien acepto. — Ok, entonces vamos a mi casa. Mientras que Darién y Bastián se iban lejos del departamento, Evangeline seguía junto con su mejor amiga ya que después de todo lo que ha sucedido necesitaban un omento entre las dos, además que a Eva recordó lo que había sucedido en la cena con el jeque Mohamed, porque de inmediato se fue sin decir nada. — Char ¿recuerdas al Jeque? — Ni me lo recuerdes. — ¿Qué sucedió? — No lo sé, eso nunca me había sucedido, pero aquel hombre emanaba una vibra bastante tétrica, y con lo que dijo, me basta para decir que algo andaba mal. — ¿Qué cosa? — Todo el mundo sabe que una obra de arte que es histórica no se puede vender a menos que sea la reina Isabel, pero con patrimonio de la humanidad eso no sucederá, — Claro también me pareció un poco extraño, pero quizás pudo haberse equivocado de palabras. — No lo sé, se que tengo que ir junto con un guardia hasta Abudabí, pero, si me preguntas si estoy emocionada por el viaje debo decirte que no. — ¿Qué harás entonces? — Es mi obligación ir, así que no tengo de otra. Se encoge hombros. — Sabes que si tuviera tiempo te acompañaría. — No te preocupes por ello, Román de seguro querrá venir conmigo. — Entonces mal, mal que digamos, no lo vas a pasar. — Mejor dejemos de hablar de eso, mejor cuéntame como esta tu padre. — Ya sabes, sobrellevando todo, ahora pasa mucho más tiempo sedado porque el dolor que presenta es insoportable. — ¿no te han mencionado acerca de la eu…? — Ni lo menciones quieres, claro que fue una idea, pero… soy egoísta y lo sabes, no quiero perder a la única persona por la que daría mi vida. — Evangeline, sabes que ya es momento de soltar. — Hasta que mi padre no lo diga, no lo hare. — Ok, es lo más entendible, pero un paciente en estado critico no es que piense mucho sobre lo que quiere o no. — Mi padre quiere estar seguro de que estaré en buenas manos. — Ya eres una adulta, lo sé, pero para él sigo siendo su bebe. — Deberías llevar a Darién. — No lo hare, Darién y yo solo somos amigos, además el día que se vaya dejara un gran vacío dentro de mi corazón y créeme que no estoy aguantando otra ruptura. — ¿crees que se vaya? — Si te soy sincera, creo que sí y es que todo esto del cuadro y seres mitológicos, no lo sé, me resulta bastante extraño y no creo que su salida haya sido una coincidencia. — ¿Acaso crees que Hera lo dejo salir? — Quizás, pero si es así, debió dejar alguna carta diciendo que toda la cuenta estaba saldada, o algo así. En aquel instante le teléfono de Charlotte comienza a sonar, coloca los ojos en blanco y se levanta del césped para contestar la llamada. Evangeline aprovecho para revisar un pocos sus redes, la verdad tenia bastante seguidores en i********: y varios de sus amigos de universidad hablaban con ella. — Tengo que irme. — informa cuando se acerca a Evangeline. — ¿Qué sucedió? — Román necesita un favor y me necesita allá. — Ok. — Evangeline se levanta del césped y sacude con la mano el pantalón que llevaba. — nos vemos mañana en el trabajo. — Allí estaré. — le guiña un ojo y la ve alejarse hasta su auto. Sin más nada que hacer en el parque, Evangeline se monto en su impala y condujo con el hermoso atardecer del pueblo, la música de Madonna sonaba por la radio y cantaba una que otras canciones de la reina del pop, tamborileo los dedos en el volante y movió su cabeza al ritmo del bajo. Aquellos momentos en soledad solía apreciarlos muchos porque podía pensar en ella, o en cualquier problema que este presentando. Estaciono su auto en el estacionamiento subterráneo y subió hasta su piso, abrió la puerta y se extraño al ver todo completamente oscuro. — ¿Darién? — llama a su compañero de departamento, pero no hay respuesta. Sin más preámbulo se dirigió a la cocina y se preparo un riquísimo sándwich de mantequilla de maní y mermelada de mora, una combinación un tanto extraña pero para ella era un verdadero manjar. Decidió esperar a Darién viéndose una película en la sala, ambos habían tomado el habito de ver series u películas, y lo disfrutaban bastante, le dio un mordisco a su sándwich y lo coloco sobre el plato en frente de ella, mientras que buscaba que ver, su mirada fue por un instante al marco del cuadro de Darién, y noto algo en particular. La sombra negra que había dejado Darién al salir del cuadro estaba en un tono más claro de lo normal, se levantó y toco la pintura, pero no había nada de especial, así que se encogió de hombros y volvió a su asiento. Pero al terminar de comer, el sueño la comenzó a invadir, vio su reloj en la pared y las 10:30 pm estaba marcando, Que su compañero de departamento llegara tarde es completamente extraño, pero ahora el sueño se estaba apoderando muy fuerte de ella, así que se fue a su habitación y comenzó a cambiarse para colocarse un pijama. Se deshizo de las cobijas y se acostó arropándose hasta el cuello. Pero vaya sorpresa que se llevo cuando a la mañana siguiente no se encontró a Darién, ¿acaso lo habrá secuestrado Hera? Porque Darién hasta el momento jamás se había demorado. Luego salió del departamento y manejo hasta su trabajo, donde en la entrada se encontraba un grupo de estudiantes dispuestos a aprender acerca de la historia de la humanidad. Taconeo por todo el lugar hasta su puerto de trabajo. Drew de inmediato se acerco a ella como era de costumbre y se sentó sobre su escritorio. — Eva ¿sabias que eras la mejor jefa de todas? — ¿Qué quiere Drew? – se cruza de brazos. — Bueno, te comento, lo que sucede es que mañana no podre venir, mi madre recientemente fue operada y no se puede estar moviendo mucho, entonces… necesito el día. — Está bien Drew, pero deberás traerme mi café favorito. — Jefa yo por ti seria Batman. — No digas babosadas, mejor ve por mi cafecito si no quieres verme malhumorada. — Voy. De un brinco Drew se aleja de mi panorama y comienzo con mi trabajo, lo cual no es mucho, pero debía permanecer dentro hasta que se acabe la jornada laboral. — ¿a que no adivinas que sucedió? — Charlotte entra a mi oficina interrumpiendo lo que Evangeline hacia. — ¿Qué cosa? — No sere yo quien va esta vez a vigilar una obra. — ¿Qué? ¿Quién lo hará? — El propio jefe, te dije que esto olía muy mal. — Bueno si el propio jefe te dijo que iría, de seguro se encargara de todo y si le sucede algo a la escultura el tendrá la culpa. — No lo sé, yo que tu voy hablando con él, sabes que esta un poco trastocado. — mueve su dedo en su cien dándole vueltas haciendo la referencia de locura. — Lo llamare, ahora si me permites, debo terminar mi trabajo. — Como mande jefa. Charlotte sale de la habitación dejando con una completa duda a Evangeline, ¿porque ahora el jefe de jefes se preocupaba por verse en publico como el mejor historiador del mundo? Llamo hacia su oficina, pero nadie contesto el teléfono, hacia lo hizo en el transcurso de la mañana y tarde, pero no obtuvo respuesta de nadie. Bufo y comenzó a recoger sus cosas del escritorio, necesitaba salir ya de una vez por todas y poder descansar como se debía. A pesar de haber descansado lo suficiente se sentía un poco cansada, además que aquel tema con Darién le preocupaba un poco, quiso llamar a Nora para saber si el estaba en el trabajo, pero lo pensó unos cuantos minutos y para evitar interrupciones lo dejo pasar. Se subió a su impala y comenzó a manejar hacia el atardecer, iba hacer una de las actividades que más le gustaba desde cuando era una niña, había un pequeño descampado donde en la primavera los girasoles crecían tanto que lucia como un laberinto sin salida, ahora simplemente estaban creciendo y ver aquel hermoso proceso era de otro mundo. Evangeline estaciono su auto a un lado de la carretera y se sentó sobre el capo de su auto, los colores que predominaban el cielo estaban reluciendo más que nunca y la sensación de tranquilidad era inigualable. — Hola. Una voz que Evangeline no conocía para nada aparece. Un poco asustada se voltea, de pie había una mujer vestida con una túnica de color celeste, que hacia relucir el color de su piel el cual era bastante blanquecina y en su cabeza había una corona de flores. — ¿Hola? — pregunta confundida. — Estas un poco asustada, no te preocupes, no te hare nada malo. — Pues si alguien se me aparece en medio de la nada y con la luna casi saliendo, claro que debo asustarme ¿no crees? — Tienes un punto a favor. — sonríe. — mucho gusto, mi nombre es Deméter, diosa de la agricultura y esos girasoles que aun no florecen los planto mi hija Perséfone. La sorpresa en el rostro de Eva, no tardo, tenia en frente una de las diosas que más a sufrido y esto es gracias a sus dos hermanos, Zeus literalmente vendió a su hija a Hades para que se casaran, aunque también en parte su hija quería quedarse con el rey del inframundo. — Mucho gusto, mi nombre es Evangeline. — Lo sé cariño, se ha hablado de ti durante mucho tiempo. — Me lo esperaba, pero quería ser educada. — Evangeline toma un mechón de su cabello y comienza a enrollarlo en su dedo. — Se nota que eres una buena chica, no como la del pasado. — Bueno, lo que hizo mi antepasado no me define actualmente como persona. — Otro punto a favor. La voz de Deméter era un poco apagada, pero su rostro se podía ver apaciguado, transmitiendo tranquilidad y eso le gustaba a Evangeline, pero también sabia que le estaba dando confianza rápidamente a una diosa. — Sabes, tu me recuerdas a mí, puede que luzca como si no matara a una mosca, pero por dentro mis poderes se encuentras locos por salir y destruir todo a su paso. — Vaya me siento muy halagada. — le da una sonrisa. — ¿Vienes a menudo aquí? — Si, es para sentirme cerca de mi hija, ya tengo ansias de verla nuevamente, de inmediato las flores comienzan a florecer, los frutos crecen y el pasto verde se coloca más brillante, así me gusta ver este mundo. — ¿Fue duro? — ¿Qué cosa? — Perderla. — Mi hija es lo mejor que me pudo suceder, y estaba dispuesta a asesinar a todos los humanos para que me la devolvieran, pero aquella treta que jugo Hades fue también nociva, pero gracias a eso existen las estaciones del año. — No sé si te lo han dicho antes, pero gracias, ahora que se que todos los dioses griegos existen, todo lo que hicieron en el mundo tiene un poco de sentido, gracias a ti los alimentos básicos están en nuestras casas. — Hacia mucho que no me lo decían. Las dos quedan en completo silencio viendo como la luna subía en el cielo y poco a poco las estrellas fueron apareciendo, se pudieron apreciar una que otra estrella fugaz que les saco una sonrisa. El silencio no era incomodo para nada, pero Evangeline tenia ese sentimiento de que algo le quería decir aquella mujer, giro su rostro en dirección a la diosa, pero esta ya no se encontraba en su lugar. Con una mueca en su rostro volvió al auto y se puso en marcha para llegar a casa y poder hablar con Darién. Se detuvo en un semáforo en rojos, la noche en el pueblo estaba bastante movida, los universitarios estaban celebrando que habían ganado el partido de futbol, el pueblo tenia a uno de los mejores jugadores del momento y se creía que podía llegar muy, muy lejos en el mundo de los deportes, el chico se llama Kyliam Baker, se rumorea que la mayoría de los equipos de la NFL lo querían para que jugaran con él como el capitán del equipo. Todo aquello lo supo Evangeline gracias a que una de las que trabajaba junto a ella era la madre del mejor amigo de Kyliam Baker, en una que otra ocasión pudo ver la foto del chico y si era bastante guapo. Eso la hizo recordar a sus momentos en la universidad y todas las locuras que hizo junto con Nora, Luca y el fanfarrón de su ex pareja, ansiaba con mucho volver a aquellos tiempos cuando no le importaba absolutamente nada, más que evitar que su padre la atrapara escapando de casa para irse de fiesta. Evangeline sonrío al recordar como casi se rompe la cabeza bajando por su ventana al primer piso, donde Nora la estaba apurando para llegar a una antigua discoteca, donde Sebastián solía ir, él al igual que Darién solía atraer a muchas mujeres y la mayoría de hombres se enojaban porque no tenían oportunidad con ninguna, afortunadamente Nora logro flechar su corazón. La bocina de un auto la despierta de sus pensamientos, de inmediato pudo ver la luz verde del semáforo y arranco, aunque fue un poco en vano, ya que la zona universitaria era bastante catastrófica con respecto a las vías las acaparaban. El teléfono de Evangeline comenzó a sonar, se detuvo unos segundos y rebusco en su bolso hasta encontrarlo. — ¿Aló? — ¿En donde estas? — Estoy en el peor trafico de tu vida. — Pues colócale alas, te estoy esperando en tu departamento. — ¿Qué haces allí? — pregunta frunciendo el ceño. — ¿acaso tengo que avisarte de cuando vaya a tu casa? — Pues por lo menos para estar al pendiente, ¿no crees? — Tal vez, pero ya estoy aquí. — Charlotte, debajo del tapete de la entrada se encuentra una llave de repuesto, tómala y entra. — Gracias. — desde el otro lado de la línea Charlotte sonrió y sin esperar respuesta colgó el teléfono. A los pocos minutos Evangeline llego al departamento, abrió la puerta y allí se encontró a su mejor amiga tomándose una copa de vino. Sin importar estar cansada se sentó junto a ella y se sirvió una copa, ambas tiempo atrás habían vivido juntas, pero por algunas cuestiones tuvieron que separarse, pero era tradición todos los días tomarse tan siquiera una copa de vino y hablar de muchas cosas y de como estaban siendo explotadas laboralmente en el museo, pero afortunadamente ambas fueron promovidas y con un buen salario lograron levantar su reputación. — ¿Dónde está el guerrero griego? — No lo sé, creí que ya se encontraba aquí. — Pues no está. — De pronto se quedo junto con Nora, para ayudarla con algunas cosas, ya sabes, la fuerza que tiene Darién es muy difícil de conseguir sobre todo si eres humano. — Aun no entiendo porque quiso trabajar. — Quizás quería sentirse un poco útil, y no lo culpo por ello, va a llegar un momento en donde deberá tener un trabajo. — Cierto, pero el debe tener alguna fortuna. — Por parte de su madre, claro que sí, pero no creo que el acepte tal cosa, además se nota que le gusta lo que hace y es libre de hacer lo que el desee. — Venia a decirte que al final si iré a aquel viaje, el jefe me llamo, el también viajara, dice que es un viejo amigo. — Sabes, al momento de que algo malo suceda nos debemos lavar las manos como Pilato, porque aquella escultura que ese hombre se quiere llevar es realmente antigua y pertenece al patrimonio de la humanidad, no de uno solo. — Ni que lo digas, pero debemos cumplir con el trabajo. — A veces quisiera renunciar y quizás montar una expedición al dorado. — Pensé que habías dejado eso de lado, además aquello no fue real. — Digo que si existió, pero durante la colonización los piratas se lo llevaron todo y lo enterraron en algún lado o cueva en el mar. — Deja de ver piratas del caribe Evangeline, Jhony Deep te dañara el coco. Evangeline ríe a carcajadas. — Deja a Jhony en paz ¿ok? Además, quien sabe si pueda encontrar artículos realmente valiosos con un precio histórico, eso sería un gran mérito. — De eso no tengo duda, mientras tanto yo me quedo en mi zona de confort, me gusta ser la cara y representante del museo. — Robándote todos los reflectores en vez de la pieza de arte. — Como debe ser, porque yo también soy una obra. Ambas siguieron bromeando un poco más, aquellas noches donde ambas se reían a carcajadas eran mejores, sobre todo porque ambas se sentían revitalizadas a la mañana siguiente y la copa de vino las hace caer rendidas en la cama teniendo un grandioso sueño y el descanso es único y sobre todo porque no aparecen las resacas, pero aquella noche parecía que las botellas iban a ser mucho más, ya que pronto la mesa en frente del sofá se encontraba con tres botellas ya vacía, Charlotte estaba aun lucida, pero Evangeline ya tenia las copas por la cabeza. Pronto Charlotte partido dejándola sola, pero su único pensamiento era llegar a su cama y dormir plácidamente y así lo hizo, pero sintió que su sueño solo fue en un parpadeo, porque no descanso absolutamente nada, el sol resplandecía y trataba de evitarlo a toda costa, llego hasta la cocina donde se encontraba las pastillas para el dolor de cabeza y se zampo dos de golpe y un gran trago de agua, su boca la tenia reseca y un solo vaso no bastaría. Se apoyo sobre el mesón de la cocina y dejo que las pastillas comenzaran a tener efecto, así que poco a poco comenzó a abrir los ojos y noto las botellas en la mesa, chisto fastidiada porque debía limpiar el chiquero, pero además de eso, noto que aun la casa seguía en silencio. Frunció el ceño y camino en dirección a la habitación de Darién, toco un par de veces, pero nadie le contesto así que se tomo el atrevimiento de entrar, pero vaya sorpresa que se llevo cuando no vio ni rastro del guerrero griego. Ahora mucho más preocupada tomo su teléfono y llamo a Nora, pero tuvo otra sorpresa, Sebastián o Bastián también estaba desaparecido y todo apuntaba a que estos dos estaban juntos en algún lugar del mundo. Camino de un lado al otro por toda la sala pensando seriamente donde podría estar Darién, pero no tenia ni una puta idea, porque no lo conocía en lo absoluto en cuestiones de gustos, lugares frecuentes, o quizás el profesor Bastián se lo llevo a nadar por los 7 mares que posee Poseidón, pero estaba realmente preocupada y dolida porque el guerrero no había tenido el tiempo de marcarle tan siquiera por el numero de Bastián. Pero la espera ya dio sus resultados, Evangeline escucha como quieren abrir la puerta de la entrada, pero a aquella persona se le hizo casi imposible, así que se asomo por la mirilla y vio a Darién, con una mueca abrió la puerta y lo vio de pie. El guerrero lucia como un niño que había hecho una travesura y se notaba que tenía vergüenza de entrar y no sabia que decir con exactitud. Así que simplemente dio unos pasos adelante. .
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