Evangeline ve con enojo a Darién cuando le ve entrar por la puerta del departamento lleno de moretones, luego de haber desaparecido dos días de su departamento. Se volvió completamente loca cuando no lo escucho ni llegar ni lo vio entrar a su departamento. No solo eso, ambos estaban en un maldito problema.
Darién entro a la habitación como un perro regañado, Bastián le había advertido acerca del temperamento que tenían las chicas actualmente, no eran como antes que obedecían todo lo que sus maridos decían y lo podía comprobar con tan solo ver el rostro de la pequeña Eva.
— Se que no me incumbe donde te encuentres, pero ¡¿En dónde carajos estabas?!
— Estaba con Bastián. — rasca su nuca.
— ¿dos días?
— Si.
— ¿Cómo te hiciste eso en la cara?
— Tuve una pelea.
— ¿con Bastián?
— No.
— ¿con quién?
— En un bar.
Evangeline se molesta aun más.
— No me vayas a regañar quieres, ya soy un hombre y tengo 3000 años, se lo que es bueno y es malo.
— Ok. — Evangeline se dirige al sofá. — tienes razón, eres un hombre. Pero te recuerdo Darién que si te sucede algo mi pellejo esta en juego.
— ¿Qué quieres decir con eso?
— Darién aun no sabemos realmente lo que te trajo aquí, estuve hablando un poco con Charlotte y tenemos la leve sospecha de que algo malo va a suceder.
— No digas esas cosas Eva, nada malo va a suceder, los Dioses del olimpo son obsoletos.
— No lo creo así, tienes que leer esto.
Le hace un ademán con la mano para que lo acompañe a la cocina donde en medio del mesón se encontraba el libro de su bisabuelo, el cual lo ha tenido la mayoría de hombres en la familia Goldberg. Evangeline había encontrado en uno de los Goldberg una historia bastante peculiar acerca de investigaciones que hizo estando de viaje.
— Este es Timothy Goldberg y es del año 1600, mientras que el navegaba llego a una isla llamada creta, al principio no sabia que estaba en Grecia, pero cuando se enteró comenzó a preguntarle a los isleños acerca de los dioses, cabe recalcar que, en esta época, si no eras cristiano te podían enviar a la guillotina, pero Timothy se salvaba de esto porque estaba estudiando para ser teólogo, persona que estudia acerca de Dios y otras religiones.
— Eso lo entiendo.
— Bueno, justo en este párrafo dice.
Cuando un mortal recibía una maldición esta podía romperse solamente si el dios la lanzo, pero alguien tan poderoso como Zeus podía romperla con tan solo chasquear sus dedos, pero si un mortal era quien solicitaba la ayuda de un Dios para lanzar una maldición esta tenia el poder de decidir si seguía o no.
— Mierda. — soltó Darién. — ¿Hera simplemente deshizo su maldición?
— No creo Hera haya deshecho la maldición.
— ¿Por qué?
— Cuando te trajimos al departamento en forma de juego digamos que te proclame.
— ¿Y?
— Esto funciona como el genio de una lampara, yo la froto, sales, cumples mis tres deseos y cuando todo se cumpla vuelves a la lampara.
— Pero yo no tengo poderes.
— Te invoqué, te traje a este plano, eso quiere decir que si no encontramos rápidamente una solución vas a volver al cuadro.
Darién peina todo su cabello hacia atrás no podía creer que aquello le estaba sucediendo, aunque en lo mas profundo de su ser sabia que algo andaba mal vio directamente Evageline.
— A los dioses son los únicos que se les invoca y yo no soy un dios. —Darién se apoyó sobre el mesón y vio nuevamente el libro.
— No lo se simplemente te digo lo que leí.
— Es solo una especulación.
— No lo es.
Una voz alterna a ellos hizo acto de presencia, de inmediato se asustan y se alejan todo lo que pueden de aquella persona, el cual los ve con una gran sonrisa. Una mujer bastante guapa estaba de pie en la mitad de la sala de Evangeline, era alta y con una figura tan perfecta que podría seducir a quien quisiera.
— ¿Quién eres tú? — Darién pregunto mientras que se colocaba en posición de combate.
— No es necesario que hagas eso. — dijo acercándose a pasos lentos, pero no deja de sonreír. — me presento, mi nombre es Atenas hija de Zeus y aunque Hera no es mi madre la estimo como tal.
— ¿Qué quieres? — Darién no deja su posición, para proteger a Evangeline de cualquier cosa que haga la diosa.
— Muchos te quieren conocer, eres muy famoso en nuestro nuevo santuario.
— ¿Por qué ahora tanto interés en mí?
— ¿Hay algo en este lugar que sea de Hefesto? Porque desde que me aparecí aquí siento que mi piel quema.
Evangeline ve a Darién el cual también la ve, pero de reojo.
— Como sea, eres el ser más buscado por todo el mundo y por muchos dioses.
— ¿Qué tengo de especial?
— No me corresponde a mi decirte eso, pero creo que puedo ayudarte con el problema que tienes. — señala el libro. — Oigan, será que pueden evitar que me siga rostizando, pronto saldré de aquí como un pollo.
— Eres bienvenida. — suelta Darién.
De inmediato el cuerpo de la diosa Atenea se relaja.
— Hefesto es un hijo de puta cuando se trata.
— Ahora dime lo que sucede y lárgate.
— Oye tan siquiera ofrece un poco de zumo de naranja.
Toma el atrevimiento de sentarse en un taburete frente al libro.
— ¿de quien es esto?
— Es de mi familia. — Evangeline sal detrás de la espalda de Darién.
— Hola pequeña florecilla, ¿Cómo conseguiste esto?
— Ha estado en mi familia durante muchos años.
— Entendible, pues lo que dijo es Timothy es real.
— Pero no soy un dios.
Atenea sonríe y vuelve a ver al libro y pasa a la siguiente página.
— Aquí la pequeña florecilla es descendiente de tu ex esposa y hay ciertas cosas que se van heredando, por ejemplo, esto.
La diosa levanta el libro y había un dibujo dentro de este, Evangeline y Darién se acercan hasta estar lo suficientemente cerca para notar lo que estaba enseñando.
Con sorpresa Evangeline llevo sus manos a la boca, era un dibujo de Darién.
— ¿Como… es eso posible?
— Al parecer Timothy fue el primero en encontrar a Darién. Pero también dice que su barco fue robado y que perdió el papiro, pero al tener una memoria fotográfica lo dibujo en su diario.
— ¿todo eso lo leíste sin ni siquiera leer el resto de las hojas?
— Si.
— Eso explica muchas cosas. — dice Evangeline.
— Eso no explica absolutamente nada.
— ¿Por qué eres tan testarudo Darién? Con lo que dice Atenea podríamos saber realmente podemos hacer.
— No me fio de ella, es una diosa.
— Oye, que Hera te haya castigado no es mi culpa. — habla mientras que seguía ojeando el libro.
— Y tampoco mía, me tendieron una trampa y ella no pudo esperar a que diera explicaciones.
— Oye Evangeline ¿sabías que la mayoría de tu árbol genealógico son hombres?
— ¿Qué tiene que ver eso con lo que esta sucediendo?
— Que eres la única mujer que ha nacido entre tantos hombres y no solo eso, eres la viva imagen de Amerita de Atlántida y por ende tu tienes todo el poder sobre él.
El silencio se proclamo en todo el departamento, Atenea los veía con atención mientras que por la cabeza de los dos pasaba miles y miles de preguntas que probablemente no tienen respuesta.
— ¿Qué…?— Darién intenta hacer una pregunta, pero simplemente no le sale.
— Sabemos que viajaron con Chronos en el tiempo, pero nunca escucharon la oración de Amerita, ella no le estaba rezando a Hera.
— Pero… era su templo. — agrega Evangeline.
— Ella estaba hablando con otra ser divino.
Atenea se levanta del taburete.
— Si ustedes quieren saber lo que realmente esta pasando con todo esto, necesito que me vean en el bosque. — Atenea saca una tarjeta de uno de sus bolsillos. — cuando estén a punto de entrar en la tarjeta aparecerá todo el camino hacia donde me encontrare.
— ¿Qué te hace creer que iremos? — Darién se cruza de brazos.
— Porque este lugar ya no es seguro, aunque lo que sea que tenga de Hefesto los proteja, no están efectivo a menos que estén en una batalla. Además, tengo una sorpresita para ti.
— No iremos a tu guarida.
— Ok, entendible, pero quiero que mires el cuadro donde estuviste encerrado.
Y como si nada Atenea desaparece.
— Sabia que ese cuadro estaba cambiando.
Evangeline se acerca hasta donde estaba el cuadro, el cual poco a poco en la sombra donde iba Darién el cuadro estaba tornándose gris.
— ¿En serio le crees?
— Creo que debemos ir donde nos dijo.
— Yo no le creo absolutamente nada a ella.
— ¿Por qué?
— Porque es una diosa, hizo lo mismo con su sacerdotisa.
Evangeline no dijo nada, porque después de todo si tenia un punto a favor.
— Quizás cambio.
— No Eva, ellos no cambian, no debemos ir con ella.
— Darién debemos tener una solución a tu tema, si no volverás al cuadro.
— Si eso sucede, vuelves y me invocas.
— Las cosas no funcionan de esa manera, si ya lo hice una vez, no se podrá ni una segunda ni tercera vez, debemos ir con Atenea.
— No.
Evangeline mira fijamente a Darién y se cruza de brazos completamente determinada a cumplir su palabra ante la diosa Atenea, pero no solo eso, quería salvar a Darién de aquella maldición que había tenido gracias a mi familia, lo dejaría ser libre de hacer lo que realmente quería.
Así que sin más tomo un saco, las llaves del auto de su padre dispuesta a salir del departamento, detrás suyo pudo sentir los pasos de Darién acercarse rápidamente, presiono el botón del elevador.
— ¿A dónde crees que vas? — la detiene tomándola del brazo.
— Voy con Atenea. — se zafa de su agarre.
— No, no iras a ningún lado.
— Darién si tu no quieres ir esta bien, pero yo quiero encontrar la forma de sacarte de este embrollo ¿ok? — se voltea para darle la espalda.
— Este no es tu problema.
Como si fuera en cámara lenta Evangeline se volteo enojada.
— Enserio que eres la persona más testadura que he conocido, tienes nuevamente la oportunidad de volver a tu vida y prefieres desperdiciarla, quiero ayudarte, mi antepasado te hizo esto y quiero solucionarlo. — se acerca hasta donde esta y coloca su mano en el pecho. — Darién en tan poco tiempo has logrado remover todos mis sentimientos y no quiero perderte de mi vida.
Los dos mantienen sus miradas fijas, Darién estaba seguro de sus sentimientos, pero quería seguir dándole todo el tiempo necesario a Evangeline para que pudiera despejar todas sus dudas y pudiera conciliar con sus sentimientos por dentro. Sin más preámbulo Darién tomo el rostro de la chica y la beso.
Aquel beso fue mucho más real que el que se habían dado por primera vez, este tenía sentimiento, y había amor, había cariño, había un apoyo que no antes no lo había, los grandes sentimientos que estaban creciendo eras 100% real y recíprocos.
— No quiero que vuelvas a pensar que no me importas, porque si lo haces. — dijo Darién sobre los labios de Eva.
— Entonces vamos con Atenea, busquemos una solución para este problema y el resto ya lo veremos con el pasar de los días.
— No confió en ella, pero déjame buscar mi escudo y espadas, así puedo protegerte.
— Esta bien.
Darién se alejó rápidamente de Evangeline y se metió en su habitación tomando el escudo y las dos espadas, sin más remedio volvió con la mujer que lo estaba volviendo loco de remate.
— Vamos.
Evangeline asintió y volvió a llamar el elevador, pocos segundos después suben a la cabina metálica.
— Solo espero que no sea una broma de Atenea, porque juro decapitarla.
— No seas negativo porque atraes a las malas vibras.
— Tampoco quiero que te suceda nada, así que estarás todo el tiempo detrás de mí.
— Como usted diga comandante. — Evangeline hace un saludo militar y Darién solo ríe.
El elevador baja hasta el estacionamiento y caminan en dirección al auto del padre de Evangeline.
— Wow, es completamente diferente a los que he visto. — dice Darién viendo con muna sonrisa al auto.
— Mi abuelo se lo regalo a mi padre, es del 67, y a pesar de ser un poco viejo funciona de maravilla.
— Sabes, deberías enseñarme a conducir.
— ¿quieres un auto?
— Claro, porque no, ya debo comenzar a plantear mi vida en este lugar.
— Con mucho lo ayudare señor de Macedonia.
Ambos se suben al auto y salen a la carretera ya un poco solitaria.
— No es normal que esta carretera sea tan sola. — menciono Darién viendo a todos lados.
— Ya deben ser pasadas las 12.
Darién inconforme con la respuesta de Evangeline, agarro el mango de su espada con mucha fuerza por si aparecía algún ser divino a atacarlos, pero afortunadamente nadie se atravesó en su camino, Evangeline dejo su auto estacionado a la orilla del bosque, ambos se bajaron y comenzaron a caminar por todo el lugar.
— Cuando era pequeña no me gustaba pasar por este lado de la ciudad.
— ¿Por qué? — pregunto Darién estando alerta de cualquier movimiento inusual.
— Hay una leyenda que habla acerca dela historia de Bear, y es que este lugar estaba repleto de osos salvajes y con la llegada de los ingleses a esta tierra comenzaron a disminuir, pero por alguna razón ni los indígenas querían vivir en este lugar, así que pelea alguna se estableció una comunidad, el paganismo comenzó a ser más usual, la magia blanca y la magia negra se comenzó a utilizar a alegando que los espíritus de esta tierra les hablaba, murieron miles en estos bosques, y la iglesia tuvo que entrar de inmediato para calmar todo.
— ¿O sea que combaten magia con magia? — Evangeline lo ve extrañada. — lo que quiero decir es que hay una delgada, muy delgada línea entre la religión y la magia, hay una diosa llamada Hecate, que tenía varias funciones, y era invocada para cualquier cosa que el humano pidiera y ella con su magia, o dones ayudaba, al igual la hija de un Rey llamada Medea, no era diosa, cabe recalcar.
— Aquello no lo sabía.
— Me siento halagado porque esta vez fui quien te enseño.
— ¿Qué? Claro que no Darién, he aprendido de ti.
— Tampoco es mentir por convivir, Bastián fue tu profesor, así que de seguro sabes de todo.
Evangeline se carcajea ante el presente humor que había adquirido Darién.
— Me gusta cuando sonríes.
— Ya vas a comenzar a coquetearme.
— Cariño nunca lo he dejado de hacer, — le recuerda.
Evangeline simplemente se coloca un poco roja en las mejillas, aquel hombre había nacido para ser un amor de persona, no pudo entender como Amerita lo traiciono de aquella forma tan vil, sabiendo que tenia casi que al hombre perfecto entre sus manos.
Dejo de lado los pensamientos y comenzó a ver a la tarjeta que la diosa Atenea le había entregado, como había dicho un camino se comenzó a dibujar en la tarjeta, tal parece que, si habían ido por buen camino, porque poco a poco se va dibujando la señalización por la cual tenían que ir.
— Por la izquierda. — le informa a Darién.
Ambos caminan en aquella dirección y recto por unos cuantos minutos.
Gracias a los animales de la noche Darién no paraba de moverse en todos los sentidos protegiendo a Evangeline, le explico en repetidas ocasiones que solamente eran animales y que si no se metían con ellos no les iban hacer daño. Pero tan pronto como termino de hablar, Darién hizo caso omiso a lo explicado, así que coloco los ojos en blanco y siguieron la explicación de la tarjeta.
Pronto este dejo de indicar por qué camino tomar y ahora se encontraban muy sumergidos en el intenso bosque de Bear, lo único que los iluminaba era la luz de la luna y gracias al movimiento de las hojas de los arboles se iba perdiendo un poco, volviéndolo tétrico y espantoso.
— Evangeline Goldberg Hija de Kurt Goldberg y Teresa Martinez.
De repente antorchas comienzan a encenderse a su alrededor sin posibilidad de salirse, Evangeline se acurruco cerca de Darién presa del miedo.
— Darién de Macedonia, Hijo putativo de Alejandro segundo de macedonia, hijo biológico de la Diosa Hera.
Nadie dijo más nada, Darién dejo caer su espada y escudo al suelo ante la sorpresa que recibió, el hombre que se había parecido ante ellos estaba en una especie de bruma no tocaba el suelo en lo absoluto, los miro a ambos a la expectativa de cualquier cosa.
— ¿Quién eres? — Evangeline es la primera en preguntar.
— Soy el Oráculo.
— ¿Por qué Atenea nos envió contigo?
— Porque tiempos oscuros se van acercar y ambos necesitan tener una premisa.
— ¿Qué va suceder?
— Un ser se levantará de entre las tinieblas hambriento por conseguir el poder, pero antes se deshará de todo lo que le estorba en el camino de ascenso, ríos llenos de sangre correrán por las calles de todo el mundo y desde la cúspide caerá ante su arrogancia y despotismo gracias a un guerrero de armadura firme. Brillara por lo alto deslumbrando a todos. Darién hijo de Hera, derrocara a Zeus como alguna vez lo hizo con cronos.
Ni siquiera los grillos se escuchaban en aquel lugar de fuego, el oráculo era tan acertado que todos les tenían miedo ante las predicciones que podía hacer, pero esta vez no estaba muy seguro de que aquello sucediera, pero debía darle un gran incentivo a aquel héroe dormido.
— Darién de Macedonia debes empuñar tu espada y escudo, todos están apostando contigo.
Y con eso Oráculo desapareció junto con sus llamas, dejando a Evangeline y Darién sorprendidos.
Pero lo que ninguno de los dos sabia era que Hera los estaba viendo entre los tantos matorrales que tenia el bosque, no había tenido el valor de enfrentarse ante su hijo, porque sabia que la ira recorrerá por sus venas y ahora mismo aquello no les serviría para absolutamente nada.
— ¿Crees que tu plan funcione? — Atenea aparece a su lado.
— Eso espero.
— ¿Y cuando piensas presentarte ante él?
— No estoy preparada para esto Atenea, juzgue a mi hijo y ahora me odia, no sabes cuantas veces lo he oído quejarse de mí, incluso Evangeline.
— ¿Crees que algún día lo descubran?
— No, sabes que no me presento ante ellos como yo.
— Recuerda que la verdad siempre sale a la luz, quieras o no.
Y desaparece dejando a la diosa completamente sola.
Darién y Evangeline vuelven en completo silencia al auto, realmente ninguno de los dos tenia fuerzas para comprender de una forma cuerda lo que el hombre flotante les había dicho.
Al entrar nuevamente al pueblo, Evangeline detiene su auto en un semáforo en verde, cuando una epifanía paso por su cabeza, rápidamente dio un volantazo y a toda velocidad condujo.
— ¿Qué sucede Evageline? — pregunta Darién agarrándose fuertemente del cinturón de seguridad.
— Necesito llegar lo antes posible. — respondió.
Sus ojos de inmediato se inundaron de lágrimas y rápidamente se los seco, no quería que la vieran de aquella forma tan débil, porque se preparo mucho para esto, pero siempre iba a seguir siendo una situación muy dura.
Detuvo el auto al llegar al estacionamiento, sin importar que dejo a Darién atrás entro al recinto, pulso en repetidas ocasiones el botón del elevador hasta que por fin se abrió, cuando estuvo a punto de que se cerraran las puertas, Darién entro rápidamente junto con Evangeline.
— ¿Qué pasa?
— No lo sé Darién, solo tuve la necesidad impotente de llegar rápido.
Se acurruco sobre su pecho y allí pudo descargarse un poco del pesado nudo en su garganta, Darién acaricio su cabello hasta llegar a la zona baja de su espalda, no quería verla más nunca así de triste porque de inmediato quiere meterla en una caja de cristal, para que no sufra más daños. La quería ver feliz todas las veces que pudiera y si era necesario sacrificarse, lo haría.
Las puertas del elevador se abrieron y Evangeline salió disparada como una bala, Darién fue tras ella, pero ambos fueron detenidos en la recepción.
— La hora de visitas no ha comenzado. — dice la mujer en frente de ellos.
— Por favor déjenme ver a mi padre.
— Evangeline. — otra mujer se acerca a ellos, era la enfermera jefa del piso. — ¿Qué haces aquí tan tarde?
— Por favor déjame ver a mi padre.
— Ok, pero debes decir que te paso. — mira con recelo a Darién.
— Tuve un sueño muy feo. — miente. — Y… por favor déjame verlo.
— Esta bien, vamos hacer algo, tu puedes entrar, pero el se queda afuera.
— Es que le prometí a mi padre traerle a mi novio, pero, Dios, siento que algo malo va a suceder.
— No va a suceder nada Eva, tranquilízate un poco, porque así no podrás entrar a la habitación.
Evangeline asiente con su cabeza.
— Escúchame bien. — la enfermera jefa se aleja de ellos y toma batas, gorros y cubre zapatos azules. — se van a colocar esto y no van hacer el mínimo ruido, van a tener 5 minutos dentro y luego van a salir, ¿les quedo claro? — la dureza con la que la enfermera hablo los hizo asentir de inmediato. — síganme.
Mientras que caminaban ambos se iban colocando lo que la enfermera les dio, incluyendo tapabocas, ya que el ambiente en el que estaba Kurt Goldberg era completamente esterilizado, inclusive el aire que se podía respirar adentro pasaba por un filtro. Cuando estuvieron listos la enfermera les abrió las puertas y al poco segundo las cerro, y un fuerte viento los comenzó a azotar para limpiarlos por completo de cualquier virus o bacterias que tengan en todo el cuerpo, la puerta de acceso a la habitación del padre de Evangeline se abre de par en par.
Allí se encontraba Kurt Goldberg con una mascarilla para ayudarlo a respirar.
— Papá. — hablo suavemente Evangeline.
Kurt abre los ojos y sonríe.
— Hija. — su voz se escuchaba bastante opacada por el respirador. — ven aquí con tu viejo y moribundo padre.
— No digas eso papá.
— Creo que ya ha llegado mi momento.
— No. — la voz de Evangeline se quiebra. — no digas eso.
— Vi a tu abuelo.
— Papá no, no te despidas.
— ¿Quién es este muchacho? — ve a Darién. — te me haces muy conocido, ¿te he visto en algún lado?
— Mucho gusto me llamo Darién, soy el novio de su hija, y creo que no nos hemos visto.
— El gusto es mío, siento que me tengas que ver en mis últimos alientos de vida.
— Evangeline ya me había comentado de su situación.
— Mi princesa… si quieres seguir con mi princesa debes prometerme que la vas a cuidar a capa y espada, no le hagas daño, ella es muy frágil y por sobre todo no dejes que coma tantos chocolates, después no podrá dormir por las noches.
— A su hija la quiero con todo mi corazón señor Goldberg y le prometo que jamás la abandonare porque ella es el amor de mi vida.
— Eso espero muchacho. — sonríe ligeramente. — mi niña, ya es momento que me dejes ir.
Evangeline solamente llora.
— Ya estoy sufriendo mucho, ni siquiera puedo mover mi dedo meñique del pie derecho, solo soy un cuerpo reposado sobre esta cama incomoda, pero quiero irme sabiendo que no lloraras por mí.
— No me pidas eso. — hipea.
— Te lo pido, recuérdame tal cual como me conociste, no como este cuerpo esquelético a punto de pudrirse, recuerda todos los buenos momentos que vivimos, y recuerda que yo siempre te voy a amar.
Un golpe en la puerta llamo la atención de todos, la enfermera jefa se encontraba afuera avisando que ya el tiempo que habían tenido con Kurt había acabado.
— Papá te amo, por favor no me dejes.
— Nunca te voy a dejar, porque siempre voy a estar en tu corazón.
— Ya es momento de irnos Evangeline. — Darién la toma de la cintura.
— Cuida a mi hija Darién de Macedonia.
El viejo sonríe, claramente sabia toda la historia de su familia y que había visto su rostro en el libro de su abuelo, era algo que todos en la familia sabia, pero que solo una mujer podía poseerlo.
Mientras que Darién alejaba a Evangeline de la cama de su padre, esta se soltó de su agarre y por ultima vez abrazo a su padre. A pesar de estar completamente preparada para aquella fatídica noticia, el dolor siempre iba a permanecer, ya no lo iba a ver más, ya no iba a escuchar sus historias, y Kurt Goldberg no se encontraba en este plano.
A veces nunca nos damos cuenta de como transcurre la vida, nacemos, crecemos, conformamos una familia y esperamos a envejecer hasta que poco a poco nos vamos deteriorando.
Kurt Goldberg
Buen hijo, esposo, y padre
Un ser lleno de mucha luz y conocimiento jamás te olvidaremos, vivirás en nuestros recuerdos y por siempre seguirás siendo un héroe.
29 de febrero de 1967— 15 de julio del 2022.
Evangeline vio a sus hermanos llegar a la misa que se estaba haciendo en honor a su padre junto con sus esposas y sobrinos, el simple hecho de verlos lleno su cuerpo en cólera, ninguno de ellos estuvo en el padecimiento de su padre, ni siquiera aportaron una pizca de dinero para sus tratamientos y ahora vienen hacerse las mártires delante de todos los presentes.
La misa siguió su curso y pronto les toco cargar el cajón donde su padre ahora estaba descansando, Darién iba en la esquina principal y Evangeline decidió estar en la otra esquina, si su padre cargo con ella cuando era una niña, lo hará ahora para su descanso eterno, Román Batistas, los dos hermanos de Evangeline y otro hombre más se unieron para llevar en su hombro a Kurt Goldberg.
En ningún momento Evangeline demostró dolor, seco sus lágrimas cumpliéndole la promesa a su padre, tan pronto como llegaron colocaron a kurt sobre unas tiras que poco a poco lo iban a ir bajando hasta que tocara el suelo, varios de los presentes comenzaron a tirar flores dentro del gran hueco, Eva sintió los brazos de Darién brindándole todo el apoyo necesario.
Y en tan solo unos 20 minutos el cuerpo de su padre se encontraba sepultado bajo kilos de tierra, poco a poco los presentes se comenzaron a ir, excepto los hermanos Goldberg.
— Evangeline. — habla Bruno.
— No quiero que ninguno de los dos me diga nada, no en frente de la tumba de nuestro padre.
— Debemos hablar y lo sabes.
— Ya te dije Bruno, ahora mismo no quiero hablar contigo ni con nadie.
— Déjala hermano. — Dominic interviene.
— Dejaron a mi padre. — escupe con rabia. — nunca lo visitaron. Nunca se despidieron de él.
— Teníamos mucho trabajo debes comprendernos. — bufo Dominic.
Evangeline se voltea enojada y estampa su mano en la mejilla de su hermano, Dominic simplemente se contiene.
— ¡Y yo no! ¡Ah! ¡Contéstame idiota! ¡¿Acaso yo no tengo una vida?! ¡Vendí mi maldito auto para hacer todo lo posible por salvarlo! ¿Qué hicieron ustedes? ¡Nada eso fue lo hicieron!
Darién el cual estaba viendo todo desde lejos decide acercarse a ella.
— Eva, debemos irnos.
— Yo no tengo porque irme, ellos si lo deben hacer, porque tienen mucho trabajo.
— Evangeline no te comportes como una niña mimada. — Espeta enojado Dominic.
— ¡Mimada! ¡Tu eres el mal hijo que dejo morir a su padre no yo!
— ¡El de igual forma iba a morir y tu no podías tapar el sol con un dedo!
— ¡Hijo de perra mal nacido! — Evangeline se abalanza sobre su hermano, pero Darién logra agarrarla para evitar mayores consecuencias. — ¡Suéltame Darién, déjame darle su merecido a este hijo de perra!
— No, ya es hora de irnos a casa.
La aleja de sus hermanos los cuales simplemente los ven irse, por seguridad habían dejado el auto del difunto en el estacionamiento del edificio, Charlotte al ver a su amiga completamente alterada se acerca.
— Sabia que esto iba a suceder.
— Tienen los huevos bien puestos para venir hasta aquí.
— ¿Qué les dijiste?
— Dios mío Char debite ver la bofetada que le plante a Dominic.
— ¿ya te desahogaste?
— Claro que sí, pero aun siento un poco de adrenalina corriendo por mis venas y quiero romperles la cara a los dos.
— ¿Qué querían después de todo?
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