Abram despertó muy exaltado, con un sudor frío en todo su cuerpo, con la garganta seca y áspera como si estuviera deshidratado y con sus latidos muy acelerados, hecho que sucede cuando uno experimenta una pesadilla y despierta con la sensación de ser algo real. Tardó en volver al aquí y ahora, creyó que aún estaba en ese infierno y que Melquiades aún recibía sus caricias. Pero en cuestión de momentos se vió en la terrible realidad que lo único que quedaba de Melquiades era esa figura disecada en el sillón que había movido cuando se despertó. Se quedó observando un tiempo a su rostro para ver si este le hablaba como en su sueño pero no fue así. La figura no emitió sonido alguno y se quedó con esa mirada fija hacía la puerta, con ese hocico torcido en señal de impotencia. Con sus garras bie

