Escuchó un ladrido que se le hizo familiar. Intentó voltear para buscar de dónde provenía. Al escucharlo por segunda ocasión pudo ver qué se acercaba a gran velocidad su gran amigo Melquiades. Se llenó de gusto al verlo correr y que lo miraba. El perro brincó tan alto que llegó hasta donde estaba y pudo rescatar a su amo en ese momento. Lo montó y corrieron lejos mientras el enorme e infernal perro los seguía con la mirada. Melquiades se movió tan rápido brincando de una roca a otra que salió de la vista del perseguidor. Cuando se sintieron seguros Melquiades le pidió que se bajara para poder comunicarse con el de frente. -¡Amigo mío! Me da mucho gusto verte, pensé que te había perdido -No dejaba de acariciarlo. Al principio su compañero aceptó las caricias con gusto pero después se alej

