En total tardó una semana en terminar su proyecto. Pero al terminar quedó sumamente satisfecho por el trabajo concluido. Tenía siete hermosas estatuas con sus perros disecados. Todas con pose y diferente pero con el mismo amor.
El señor Abram también había cambiado, estaba demasiado delgado con un cuerpo que no se explicaba como seguía de pie. Enormes ojeras en un rostro pálido y chupado, las arrugas eran más notorias en sus labios que colgaban por falta de agua. Un poco de barba y bigote blanco, igual que el cabello que además de estar desarreglado se veía disparejo generado un mal aspecto. Su cuerpo estaba delgado casi al borde de desaparecer. Los huesos eran muy notorios incluso sin quitarse la playera. Sus piernas parecían dos palos muy delgados que en cualquier momento se podrían romper.
Caminaba muy lentamente con su espalda encorvada como si le doliera desplazarse o como si fuera pesado incluso seguir existiendo en ese plano.
Con mucho esfuerzo traslado las estatuas de sus perros y las colocó en puntos estratégicos de su casa. Lugares que por dónde el pasará pudiera sentir su compañía inseparable todos los días. Incluso el seguía hablándoles como si le escuchan aún o quién sabe quizá lo hacían.
Cuando terminó de ponerlas se sentó en su sillón para respirar y contemplar su obra muy placenteramente.