Un final en pausa

1697 Words
Toda acción lleva una reacción. Toda reacción, una decisión y una decisión llevan a un hecho. Peggy lo entendió y, por más que la hicieran cambiar de opinión o escuchara, nada iba a cambiar el plan que ya había trazado.  —Peggy, ¿me escuchas? —preguntó su médico—. No parece que tu mente estuviera aquí. ¿Me quieres contar? —No hay nada que contar, todo está bien.—Respondió. —Mi colega me contó que estás asistiendo a las terapias en grupo y que al principio te costó integrarte, pero has avanzado, y te veo más tranquila. ¿Cómo te has sentido? —No diré excelente, pero siento que he avanzado— en eso no mentía—. Conseguí nuevos amigos, Laura y Alessio. —Algo supe, han hecho un buen grupo, eso me alegra. —Un día a la vez, ¿no? —Me alegra mucho. Sin embargo —ahí estaba la palabra para indagar en la herida —. Tu madre me dijo que hace días tuviste una crisis de pánico frente a ella y a tu tío que está de visita. Incluso te desmayaste. ¿Quieres hablar de eso? Lo último que quería Peggi era hablar de ese hombre, por lo que se quedó en silencio por unos minutos organizando sus ideas para no revelar la verdad. —Tuve una discusión con un amigo y estaba alterada cuando entré a casa; exploté —dijo jugando con sus dedos, mirando a un punto fijo por la ventana, esperando que la doctora le creyera. —¿Qué pasó en tu habitación? Tu madre dijo que parecía que un huracán hubiera destrozado todo. —Subió sus hombros con un “no sé” implícito. —Peggy, si no me dices lo que sucede, ¿cómo te voy a ayudar? Hemos hablado de expresar tus sentimientos, de evitar reprimirlos. Lo que la doctora no entendía es que Peggy ya no buscaba ayuda, se había rendido a las sombras y a sus estados emocionales. ¿Para qué pelear con algo que no podía vencer? Lo único que se le ocurrió fue decirle una verdad a medias que vino posterior a la crisis. —Le dije a alguien que me gustaba y no recibí respuesta— la doctora sintió que la miró con pena y sonrió con burla—. Lo entiendo. ¿A quién podría gustarle la chica rara, rota y perdida de la escuela? Solo a ella se le podría ocurrir que Alessio la miraría diferente; si no lo hizo cuando era alegre y su vida era casi perfecta aun guardando las heridas de su alma, no lo haría ahora que era una sombra entre escombros y su estado mental era una montaña inestable a punto de derrumbarse. —¿Te dijo algo al respecto o solo supones eso por falta de respuesta? —El silencio ante una pregunta que incomoda es una respuesta negativa implícita para no herir a alguien o no enfrentar una realidad. ¾Respondió segura de lo que decía. —Entonces, es una suposición. —Supongo, no sé. La verdad, en sus planes no estaban revelarle sus sentimientos, ni siquiera encontrárselo en el camino. Simplemente se vio rodeada de él en un momento donde estaba vulnerable y en crisis. —Peggy, al suponer algo, estamos dándole poder a una certeza o afirmación cuya respuesta realmente desconocemos. Cuando suponemos algo, le estamos dando vuelta a algo que nuestra mente cree cierto; podemos crear una verdad ficticia y eso nos hace daño. Peggy analizó sus palabras y tal vez sea cierto, pero era buena interpretando silencios y miradas, y la de Alessio era todo menos de gusto. —Tiene razón, estoy sobre pensando la situación y eso me está haciendo daño; lo mejor es dejarlo ir o preguntar a la fuente sobre el tema. —Exactamente. —Peggy le regala una sonrisa con aceptación.—Habla con tu amigo y, después de tener su respuesta, reacciona, pero no tomes decisiones a base de una respuesta creada en tu mente solo por suponer una verdad que desconoces, por lo que tú crees. La mente suele engañarnos fácilmente. Y nos envuelve en sus oscuros mundos sin tregua hasta llevarnos al límite de perdernos y reducirnos a la nada— pensó. —De acuerdo. ¾¿Quieres hablarme de tus amigos nuevos? -*- Terminaron la sesión, después de que Peggi le contó de Laura y su relación, le contó cómo se sentía con Alessio omitiendo que era el chico que le gustaba y le hablo sobre las terapias para luego salir de la consulta para dar una vuelta hasta llegar al centro comercial donde estuvo hace unas semanas. Caminó cada tramo hasta llegar al último piso, se acercó al vacío y lo observaba atenta a todo lo que sucedía en el fondo, parecía tan irreal, las voces, las risas, todo pasaba en cámara lenta que parecía distante a todo con una sola pregunta: ¿Qué hubiera pasado si Alessio no la hubiera detenido aquel día? —No piensas saltar, ¿verdad? —le escuchó decir a Laura mientras se acerca por su espalda y le entrega un helado. —Te vi y decidí comprarte uno; parece que lo necesitas. ¿Y bien? —No —responde en tono dudoso—. Solo observo a la multitud; se ven felices, tranquilos y sin preocupaciones. —Nadie es feliz al cien por ciento, todos tenemos preocupaciones, solo que algunos saben manejarlas mejor que otros. Mejor que nosotras —golpea su hombro con el suyo. —Somos un caso perdido. —Tal vez, ¿te cuento un secreto?—dijo Laura mirando al vacío—. Yo sí saltaría, pero la idea de hacerme papillas o de que mis restos queden esparcidos por todos lados no me agrada en absoluto. Además, sería una muerte muy simple y común, una estadística más del montón. —No hablas en serio. —Claro que sí. Yo prefiero morir saltando de la cima de un trampolín al fondo de una alberca, sobre todo si es en la escuela; saldría en todas las noticias. ¿Te imaginas la revolución de la escuela? Hasta cuento con suerte y me convierto en una leyenda de la escuela. “El alma de la niña que se mató en la piscina de la escuela dice que aún se escuchan sus pasos por las noches”. O en el mar, sé que mi alma estaría en el único lugar donde fui y soy feliz. Ambas se ríen dándole un sorbo a su helado. —¿No te asusta pensar en la muerte cuando debemos hacer lo contrario? —indagó Peggy. —No, morir es parte de la vida. Tarde o temprano llegará nuestro turno. No obstante, pensar en matarme y ahorrarle el trabajo a la muerte es diferente. Peggy la observa y nota heridas nuevas en sus brazos cubiertos con una venda. —Creí que estabas mejor para no pensar en acabar con tu vida. —Nunca estamos del todo bien, Peggy. Nuestra mente funciona diferente una vez que conoces la oscuridad de tu mente; algo se quiebra y, por más que queramos, jamás seremos lo que fuimos, mucho menos si tenemos nuestra kriptonita cerca para recordar el infierno en el que vivimos, lo que somos y donde estamos. —¿Quieres contarme? —Mi demonio decidió volver y resulta que no soy tan fuerte como creí que era; caí al vacío, pero nada que los medicamentos y la terapia no puedan solucionar. ¿Y tú? Peggy frunció el ceño y respiró profundo. Aún le costaba entender que hubiera alguien que tal vez sí la entendiera. —Igual. Un demonio decidió aparecer en el mejor momento y de forma inesperada; me llevó a la oscuridad, aunque me hizo comprender muchas cosas. Una es que no se puede ignorar el pasado por más que huyas de él Segundo, que nadie puede sacarla del hoyo profundo en el que está, sino ella misma a pesar de que tenga ayuda, y ya no tenía fuerza. Por último, solo había una manera de acabar con las tormentas que embargaban su mente y su vida. —Nadie nos puede iluminar el camino cuando estamos sumergidas en una oscuridad, ni siquiera nosotros mismos —.Laura afirmó entendiendo sus palabras, tan claras y precisas, como si ella misma las hubiera dicho. —¿Sabes qué es lo único bueno de nuestros trastornos?— Peggy negó—. Que nos conseguimos mutuamente y en poco tiempo tenemos una amistad genuina. Me entiendes con solo verme. —Eso es verdad. Peggy pasó de estar sola a tener una amiga y un acercamiento a Alessio, aunque él no la viera con los mismos ojos. —No pienses en Alessio, él es bueno con todos, no eres diferente a mí o a los otros, eso lo aprendí de mala manera ¾escuchó decirle y se sorprendió. —No te entiendo. —Yo también me enamoré de él las primeras semanas; no es tan difícil cuando no tienes a nadie y de pronto aparece alguien que te entiende; sin embargo, te mira diferente a todos. —Solo somos amigos. —Lo sé, al final todos lo somos en algún momento. Bueno, sí decides dejar este mundo cruel, oscuro y lleno de dolor, avísame; te hago una muerte digna, tal vez te acompañe. —Laura, dices locuras; pese a que me haces reír, no deberías decir esas cosas. Tienes un mundo por delante, debes ganar una medalla olímpica. Laura se ríe negando con sarcasmo. —Tal vez decida irme antes que tú; si de algo estoy segura, es que no tenemos arreglo. Nuestro final solo está en pausa a como debió ser; tú en el primer piso de este centro comercial rodeada de gente curiosa creando miles de hipótesis de por qué saltaste y yo en el fondo de la alberca. Era un buen punto para pensar, tal vez Laura tenía razón. Alessio solo retrasó un final que ya está escrito; solo estamos entre paréntesis para aprender algo en el proceso con la finalidad de que valga la pena el propósito de vivir en esta pena.
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