Capítulo 8: Cena incomoda
-¿Estás bien?
-Estoy bien -dije intentado recuperar el aire-, estaba jugando con la silla pero es... que me fui para atrás, no fue nada, te lo juro.
-¿Segura?
-Sí, no te preocupes.
Él de igual forma pareció poco convencido, pero finalmente me elevó en sus brazos y me llevó a la habitación dejandome cuidadosamente en la cama mientras él se sentó en la orilla de esta.
-¿Te sientes bien para salir o prefieres quedarte aquí?
-Si es contigo, claro que quiero quedarme... -apreté los labios- no pretendía decirlo en voz alta.
Él afirmó con la cabeza riendo, que engreido, yo alzandole el ego, pero es que mi mente tomaba el control de mi lengua y no podía ni detenerme.
-Estoy bien, además quiero salir un poco y conocer la torre Eiffel.
-Está bien, deja me cambio y salimos.
-De acuerdo.
Él se fue a su vestidor, que parecía otra maldita habitación de hotel, no tardó mucho tiempo y cuando salió se veía tan caliente que quería desvestirlo... si volvíamos a la cama y... uhm, ¡para! Tenía que dejar estos pensamientos de lujuria para otro día, hoy quería pasear con él y conocerlo mejor.
Él se acercó a mí y estiró su mano, la tomé y me levantó de la cama.
-Vámonos.
Salimos del hotel y él tomó el coche, al parecer le iba a dar el día libre a su chofer. Me abrió la puerta y subí. Después él subió y nos dirigimos a ella.
Cuando llegamos, de nuevo había hecho que me quedara sin habla. Era espectacular.
-¿Quieres ir hasta la punta?
-¡Oh Dios, pero claro que sí! ¿Hablas en serio?
-Sí.
-Ah, entonces vayamos, ¿qué esperas?
Subimos al elevador y llegamos a la punta, me quedé sin aliento, era una vista impresionante, sentí a Demetri detrás de mí y me rodeó con sus brazos.
Sentí una calidez incontrolable, se sentía tan bien que no sabía qué hacer así que le correspondí poniendo mis manos en las de él.
Estuvimos allí mucho tiempo, la verdad era que no quería bajar, era una hermosa vista, pero mi estómago lo arruinó gruñendo como león enjaulado.
-Parece que alguien tiene hambre -dijo Demetri con una sonrisa.
-Sí, un poco.
-Vamos, te llevaré a un lugar muy lindo que conocí.
-Oh.
-¿Estás bien?
-Sí, claro que sí...
-¿Segura? Uhm, ¿quieres ir a otro lado?
-No, está bien.
-Bien, entonces vamos.
Sumos al auto, y me recargué de la ventana. Llegamos al restaurante, era simple pero muy bonito.
-La mesa de siempre por favor.
¿La mesa de siempre? ¿Es decir, la mesa que siempre el compartía con sus conquistas? Apreté los labios, ¿vino con aquella mujer?
Nos sentamos, él pidió una botella de vino y ordenamos; mientras esperábamos, él dijo:
-¿Estás bien?
Puse una sonrisa falsa en mi rostro, no podía decirle que nos fuéramos, ¿con qué excusa? Hey Demetri no quiero estar aquí porque has estado con esa zorra; o vámonos porque aquí huele a perra. Tenía que quedarme, tenía que actuar a la altura.
-sí.
Nos trajeron nuestros platos y él seguía mirandome con extrañeza.
-Huele delicioso, seguro sabe igual de bien -comenté.
La comida no estaba rica, no estaba comoda, estuvimos callados un rato, fue hasta incómodo pero no tenía nada que decir, no en este lugar. Cuando levanté la mirada mi día se arruinó aún más.
La mujer con la que vi a Demetri, venía acompañada de otra mujer, estaban entrando por la puerta; cuando volteó y nos vio, agrandó un poco los ojos y después sonrió, empezó a caminar hacia nosotros, mierda.
-Querido, que bueno encontrarte por aquí -dijo con una sonrisa.
-Vanesa, que gusto verte -dijo Demetri.
Ah.
Se llamaba Vanesa.
-¿Quieres sentarte con nosotros?
Sentí que los ojos se me pudieron cuadrados.
¿Por qué la estaba invitando a sentarse con nosotros? ¿qué tan cínico podía ser?
Demetri me miró.
-No te molesta, ¿verdad, Danka?
-No, obvio no -dije con los dientes apretados, tratando de que en mi voz no se notara la ira que iba creciendo en mí, Demetri solamente me miraba sin saber interpretar mi mascara, o no le interesaba, no estaba segura.
Estúpido, mi ira iba en acenso, ¿como en todo el mundo, si estabas comiendo con una chica, invitabas a las que todos -o más bien los que yo- creían que era tu pareja? A pesar de que él me miraba así, cuando regresó a ver a Vanesa su sonrisa volvió y demasiado encantadora y mujeriega para mi gusto.
Entendí que este era el tipo de hombre encantador que lo aceptabas a pesar de sus encantos con todas, o lo odiabas porque sabías que iba a romperte el corazón en cuanto tuviera la oportunidad.
Vanesa se sentó con nosotros, y su amiga que nos presentó como Hilton, se sentaron y ordenaron, empezamos a comer, Vanesa empezó a contar anécdotas de ella y Demetri, lo peor es que mientras las contaba le agarraba la mano o se acercaba demasiado a él, pero él no hacía nada, en su lugar reía con ella; esto era demasiado para mí.
Terminé de comer y me levanté para ir al baño pidiendo permiso, estaba que explotaba internamente.
Cuando entré no había nadie en él y fue lo mejor ya que sentía que las lágrimas estaban a punto de salir, pero no iba a llorar, tomé una pequeña toalla que había, la mojé un poco y la pasé por mis brazos y por mi cuello.
Necesitaba irme de aquí o iba a gritar.
Mi plan era este, fingiría que algo grave ocurrió por lo que tendría irme rápido, solo tomaría mis cosas y me iría.
Creo que despues de todo, yo estaba sobrando en una mesa de sus conquistas y yo un posible polvo de noche.
Tomé mis cosas y salí del tocador, pero me quedé paralizada cuando frente a mí estaba Demetri.