Izan Oigo la puerta cerrarse cuando él se marcha. Lanzo una leve risa, mientras niego, al recodar esa mirada de desconcierto. Todavía no decido que me divierte más, si cuando es una fierecilla respondona, o cuando me mira anodado, con su mirada fuera de orbita. Cierro el libro y lo dejo a un costado, sobre el sofá. Tomo el vaso que se encuentra sobre la pequeña mesa, a un lado. Doy un trago y quedo con mi mirada fija en el fuego que todavía arde en la chimenea. Es verano, pero aún así siempre la mantengo encendida. La casa es fría y yo soy alguien muy friolento, consecuencia de uno de los tantos problemas que vengo acarreando de niño. Desvió mi mente de esos recuerdos que me molestan e irritan. No me gusta recordar que una parte de mi puede llegar a ser débil. Yo no puedo permitirme e

