Vittorio
Lanzo un amplio bostezo, mientras abro mi casillero de la universidad. Para ser que estamos casi en verano, yo, como es usual, tengo puesto mi hoodie negra favorita, con la capucha cubriéndome la cabeza, llevo unos lentes de sol y la mochila colgando al hombro. Lo unico que me mantiene atado a este mundo, es el calor que siento en la mano, al estar está abrazando el vaso de café, llenando todo mi cuerpo de una cálida sensación reconfortante. La persona que inventó la cafeína de seguro tiene un lugar al lado de Dios, allí en el cielo.
Anoche no pude pegar ojo. No hacía más que dar vueltas en la cama, sin conseguir conciliar el sueño, sin importar en que posición me pusiera. Por lo que evidentemente está mañana desperté con la sensación de que no duermo hace una semana. Y es ahí cuando la cafeína viene a mi rescate. Es lo que hace que ahora mismo este en pie, y que el cerebro no entre en paro, exigiendo las horas de sueño que le debo.
Me sobresalto cuando toman el borde de la capucha y la llevan hacia atrás, quitándomela. Giro mi cabeza y veo a Beth a mi lado, observándome con reproche y sus brazos cruzados. Me quito los auriculares y los lenes de sol, metiéndolos dentro del casillero abierto. La miro.
- ¿Aún tienes más para decir? - pregunto.
- Te deje unos 10 mensajes y no respondiste ninguno. - dice molesta. - Teníamos que terminar el informe del seminario, habíamos quedado reunirnos hoy más temprano. Tuve que terminarlo sola y agradece que soy lo suficientemente buena como para haber agregado tú nombre de todos modos.
Apoyo mi frente contra el casillo. - Lo olvide completamente.. - giro mi cabeza hacia ella. - Cuando lo siento. Te debo una grande.
- Al menos hubieras tenido la decencia de responder mis mensajes y no dejarme aguardando como una idiota. - sigue diciendo, con su ceño fruncido. - Eso es lo que más me encabrono.
- No es por justificarme, pero con honestidad, ni siquiera se dónde fue a para mi celular. - respondo, deslizando mi mano por mi cabello. - Intente llamarme con el de Bass, pero después recordé que siempre lo tengo en silencio, así que fue una búsqueda inútil de 10 minutos.
Niega. - ¿Cómo es que aún conservas la cabeza sobre tu cuello? - pregunta con preocupación en su mirada café.
- Esa es una gran pregunta. - digo. - Cuando tengas la respuesta me la dices, que también tengo curiosidad.
Mi amigo pasa caminando al lado nuestro. Bass posa su mirada en Beth, y por ultimo en mi, para luego apartarla rapidamente y seguir de largo con velocidad.
- ¿Y a este que rayos le sucede? - pregunta Beth extrañada, al ver como se aleja como si fuera una bomba a punto de hacer explosión.
- Cree que por ser amigo mío terminara atado en el maletero de algún auto. - respondo. Abro mi mochila y comienzo a meter mis libros dentro del casillero.
Se gira hacia mi instintivamente. - ¿Y por qué piensa eso? - frunce el ceño confundida.
- Porque dice que vendrán a por mi.
- ¿Qué vendrán a por ti? - pregunta sin entender.
- Por lo de anoche. - respondo, restándole importancia, encogiéndome de hombros.
- ¿¡Y lo dices así de tranquilo!? - exclama con preocupación.
La miro. - ¿Por qué piensan que alguien como él se va a tomar el tiempo y la molestia de venir por un tonto que conoció una noche?
- ¡Porque fuiste lo suficientemente tonto como para enfrentarlo! - exclama, abriendo ampliamente sus ojos.
- No lo enfrente, solo le dije que se disculpara. - le corrijo. - Luego de que me lanzará a su perro y este rompiera mi cámara. - hago una pausa, pensativo. - Que ahora que lo pienso, esa era de mi padre. Él si que va a meterme en el maletero de su auto cuando se enteré que su cámara favorita ahora es un montón de escombros.
- Le gritaste. - dice entre dientes. - Y cito "¿Quien diablos te crees que eres".
- ¿Eso dije? - pregunto extrañado.
Me mira sorprendida. - ¿No lo recuerdas?
Meneo la cabeza. - En realidad, no pensé mucho lo que salió de mi boca.
- Si, ¡Me doy cuenta! - inquiere con fastidio.
- Estaba cegado por la molestia e impotencia que venía sintiendo de todo el día, que fue como estar tirado contra el suelo y siendo pisoteado, como para que luego en verdad alguien me arrojará contra el suelo y me pisoteara. - digo. - Perdona por tener algo de dignidad.
- Querrás decir de estupidez.
Suspiro. - ¿No podemos simplemente dejar el tema y ya? - pregunto con algo de suplica. - Si tienes ganas de regañarme, bien, pero prefiero que lo hagas por no haberte ayudado con el informe. Eso si es más importante, y por lo merezco ser tu esclavo hasta que me perdones.
Su rostro sigue reflejando preocupación. - Es que... - hace una pausa, pensativa. Sus labios se tuercen hacia un costado. Ese es un relejo característico de ella, cada vez que algo no le agrada o le preocupa. Siempre adore verla hacer ese gesto.
- Aún siento el escalofrió que me recorrió todo el cuerpo cuando oí su voz. - quedo sorprendido al oírla decir eso.
Yo también lo sentí. Y aún no quito de mi cabeza esa mirada tan extraña, que no logro comprender, sin importar cuanto me rompa la cabeza pensandolo. Esos ojos somo como un enigma. Me gustaría poder fotografiarlos más de cerca. Aunque pensandolo mejor, después de lo que sucedió, voy a mantenerme tan alejado como pueda, tanto de ese lugar, como de ese hombre. No soy tan suicida.
- Hay que olvidarlo. - anuncio, regresando a mi tarea de guardar mis cosas en el casillero.
- ¿A que te refieres? - pregunta confundida.
- A que voy a seguir el consejo de mi padre y buscaré otro tema del que hablar en mi tesis.
- Vitto... - susurra.
- Creo que lo de anoche fue una señal. - sigo diciendo. La miro. - Pudo haber sido peor, lo sé, y lamento haberte puesto en esa situación.
Me mira con algo de sorpresa. - No me has forzado a nada, yo elegí estar ahí, contigo.
- Estoy seguro de que debes tener cosas más importantes que hacer, que hacerme la segunda.
- Puede que más importantes, pero no que prefiera hacer. - comenta con una dulce sonrisa. También sonrío. - Siempre voy a preferir estar contigo.
Suelen decir que los hombres somos idiotas, y eso es verdad, no tengo dudas de ello, pero tengo la certeza de que lo soy un poco menos, porque se ver la belleza que emana de Beth. No soy alguien que eso particularmente le llama la atención, pero ella consigue eso. Que yo la mirare y piense "que bella, que luz que la rodea." Tan clara como el día, como una mañana de verano en la que el sol te da en la piel. Eso es lo que representa, a lo que la asocio. Beth es una sonrisa honesta, una mirada cansada pero dulce, palabras seguras y de aliento, y una caricia que te desarma.
- ¿Qué dices si como agradecimiento te invito está noche a cenar? - pregunto, luego de un prolongado silencio.
Me observa aún más sorprendida. - ¿A cenar? ¿Tú y yo?
Carajo. Fue una mala idea.
- Eh... si, pero si quieres que le diga a Bass también...
- No, no. - me interrumpe rapidamente. - No quise decir eso.
- Entonces... - hago una pausa. - ¿Quieres?
- Claro. - responde sonriendo suavemente.
- Genial. - digo con una amplia sonrisa, mas aliviado. - Paso por ti a las nueve.
- Se puntual. - sentencia.
- Siempre lo soy.
Ríe negando. - Claro que no.
- Si con lo que me interesa.
Vuelve a reír. - Nos vemos luego. - me dedica una ultima sonrisa y la veo alejarse por los pasillos.
- Hasta que al fin se lo preguntaste. - comenta Bass a mis espaldas. Me doy la vuelta y lo veo apoyado de costado, contra los casilleros. - Creí que nunca lo harías.
- ¿Nunca has oído la frase de que las cosas buenas llevan su tiempo? - cierro mi casillero.
Los dos empezamos a caminar por los pasillos de la universidad, contario por el que fue Beth.
- La estás invitando a comer pizza con cerveza, no construyéndole el Taj Mahal.
- Ya se, pero no es tan sencillo.
- Pues, debería serlo.
- Es mi amiga. - replico. - Nunca es sencillo trapazar la línea marcada.
- Te quieres acostar con ella desde que empezamos la universidad.
- No me quiero acostar con ella... - sentencio firme. - O al menos no solo eso. - agrego.
- Está bien. Quieres amarla, respetarla, llevarla a una cita y ser el padre de sus hijos, ya sea humanos o caninos.
- De hecho, si. - respondo. - Eso ha sido un bonito resumen de mi futuro.
Pone los ojos en blanco. - Son como esa parejita adolescente de las películas que mira mi hermanita.
Quedo pensativo. - Estoy tratando de descifrar si eso fue un insulto o un cumplido.
- No hago cumplidos.
- Ya me lo suponía que era un insulto.
- Los quiero chicos, pero...
- Ya, ya, no necesitas decirlo. - hago una pausa. - Puede que solo busque algo de normalidad. Con Chloe nunca tuvimos eso.
- Por favor, no empieces con Chloe de nuevo. - se queja. - Déjala en el pasado, es ahí donde viven las brujas.
- Es que... - comienzo a decir.
- ¿A dónde llevaras a Beth está noche? - pregunta, interrumpiéndome, cambiando de tema, lo que le agradezco.
- No quiero ir a uno de esos bares a los que siempre vamos, tiene que ser algo distinto. - quedo pensativo. Miro a mi amigo. - ¿Tienes ropa para prestarme?
- Claro, presto cualquier cosa menos calzones.
- Que bueno que tengo los míos. - digo divertido.
Me toma del brazo. - Anda, vamos, que vamos a tardar en ponerte presentable. La clase de hoy no es tan importante.
- Está bien, pero no quiero el cabello rosa como tú. - bromeo, haciendo referencia al color que lleva teñido su cabeza rapada.
- No a todos les queda bien este color.
- Pareces un resaltador andante. - agrego divertido. Me observa indignado, luego me suelta y me empuja hacía un lado. Río. Se aleja caminando. - ¡Ey espera! - lo llamo al ver que no se detiene, y que se va sin mi. - ¿Aún vas a ayudarme? - camino detrás de él. - ¡Bass! Anda, solo era una broma.
****
Una vez que Bass me ayudo a busca algo decente que ponerme para está noche, se marcho de vuelta para la universidad, ya que a diferencia de mi, no tenia un compañero de equipo como Beth que le haga el trabajo.
"Las ventajas de ser bonito" fue lo ultimo que le dije riendo, mientras él me mostraba el dedo medio, antes de salir por la puerta de nuestro departamento.
A Bass lo conocí hace seis años atrás. Era primer día de universidad y su cabello, que en ese momento era verde, me llamo mucho la atención, lo que me hizo fijarme en el cartel que estaba pegando en la pared de anuncios, diciendo que buscaba compañero de piso. Yo en ese tiempo ya trabajaba, por lo que podía darme el lujo de dejar la casa de mi padre e irme a vivir por mi cuenta, ¿y que mejor con alguien compartiendo los gastos?
Cuando me acerque a él, y le dije que me interesaba la oferta, primero me observo de arriba a abajo por unos segundos que me parecieron eternos. Y de su boca salió un "No" junto con una negada de cabeza, y me dejó allí parado, muy sorprendido. Dos semanas después se me acercó en la biblioteca y me dijo que me mudara el lunes, y se volvió a dar la vuelta, sin darme tiempo a decir nada.
Estuvimos meses apenas cruzándonos en el departamento, mucho menos de intercambiar palabras más que "Hola" o "Hasta luego". Todo cambió una noche, cuando nos cruzamos en el cine. Ambos estábamos solos, Bass me hizo tan solo una señal para que me sentará junto a él, y lo hice. Ahí descubrimos que teníamos dos cosas en común. Que nos gustaba ir al cine solos, y que amábamos el cine de Wes Anderson. Eso le basto para cerrar mi expediente y asegurarse de que no era un psicópata, era suficiente para considerarme amigo.
A Beth la conocimos luego, cuando nos asignaron a los tres para hacer un trabajo en equipo. Ella ya tenía su grupo de amigas, pero por algún motivo, después de eso, empezó a pasar más tiempo con nosotros.
Regreso a la realidad, luego de que por reflejo extendiera mi mano hacia el paquete de cigarrillos y me percatara de que se encuentra vacío. Observo la hora en la computadora y veo que ya pasó una hora desde que Bass se marcho, lo que significa que estuve 70 minutos mirando la hoja en blanco de mi computadora, sin escribir nada y pensando solo tonterías.
- Esto de buscar un nuevo tema para mi tesis no va bien. - digo. - Es una catástrofe.
Deslizo mis manos por mi cabello, haciéndolo hacia atrás, mientras lanzo un suspiro. Me paro y me encamino para la cocina.
- Necesito otra taza de café. - anuncio en voz alta.
Si, lo sé, pero es que tengo la costumbre de hablar en voz alta cuando estoy solo. Siento que de esa forma las ideas fluyen con más libertad. Se me ordena en pensamiento cuando sale de mi cabeza, puede que allí dentro ya no quepan más ideas.
- ¡Puta mierda! - me quejo con fastidio al percatarme de que me acabé la ultima taza de café y que ya no tengo más para preparar. - No sobreviviré el día sin ninguno de mis dos vicios.
Salgo de la cocina, me pongo mi hoodie, tomo las llaves y salgo del departamento.
Comienzo a caminar por las calles, hacia el almacén que queda a unas dos cuadras. Aún no es ni medio día que ya todo se encuentra repleto de personas caminando y autos andando con velocidad, y a los bocinazos.
Siempre me he manejado andando en bicicleta o caminando, a lo sumo en bus si la distancia es muy larga, pero siempre he rehuido de los autos. La gente que conduce la mayor parte del tiempo suele estar alterada, o intercambiando palabras groseras con otros conductores que no respetan las señales. Es como si vivieran con mayor velocidad que los demás, queriendo hacer todo más rápido. No me malinterpreten, no es que....
Negro, y después, nada...
*****
Siento un fuerte dolor en la cabeza. Abro mis ojos lentamente, pestañeo tratando de adaptarme a la luz incandescente que me da de frente.
Lo primero que distingo es una sonrisa maliciosa entre las penumbras, detrás de la luz. Y la piel se me eriza cuando oigo su voz, logrando que me recorra un escalofrío por todo el cuerpo.
- Hola Vittorio Salvatore. - dice, caminando hacía mi. Cuando se frena enfrente mío, lo veo con mayor claridad. Está todo vestido de n***o. Tiene la camisa arremangada, por lo que le veo los tatuajes cuando se cruza de brazos. - Te dije que nos volveríamos a ver.
Mi corazón comienza a acelerarse dentro de mi pecho y siento que se me hace un nudo en la garganta que me dificulta respirar. Trago.
Carajo. Estoy muerto.