Capítulo 4

2257 Words
Izan Es tarde en la madrugada cuando toco su puerta, después de salir del club. La gente normal a estás horas suele estar ya durmiendo, pero se que está despierto, lo conozco demasiado bien. Siempre ha sido alguien nocturno. Tiene mucho en esa cabeza, por lo que siempre le está funcionando, intentando procesar todos los pensamientos que se le abarrotan dentro. Antes solía acallar todo con el alcohol o fumando hierba, hasta que hace unos años atrás le sugerí que por que no los escribía. Y comenzó a hacerlo. Así que su casa suele estar llena de papeles por todos lados. Es extraño, porque en ese desorden, hay cierta clase de orden, que lo hace ser él en esencia. La puerta se abre, recibiéndome con esa sonrisa vivaracha, tan suya, que desaparece al segundo de que se percata que soy yo. - ¿Debería tomármelo personal y ofenderme? - digo, apoyado en el marco. Lanza un suspiro pesado y abre más, para darme paso. Entro y me giro hacía él. Me mira expectante, con esos ojos tan oscuros. Lo observo. Lleva una de esas largas batas de seda, que tanto le gustan, y en su mano tiene un vaso lleno de whisky. Pese a que lleva su cabello canoso corto, lo tiene un tanto despeinado, señal que refleja la hora que es. Su rostro está cubierto por una barba, que lo hace parecer más joven y aún más atractivo de lo que siempre lo he encontrado. - ¿Qué haces aquí, Izan? - pregunta serio. - Quería verte. - respondo, sin rodeos. - Creí que ya habíamos hablado de eso. En más de una ocasión. - Ya lo sé. - menciono firme. - Como también se que no puedes resistirte a mi. - agrego con picardía. Lanza una risa. - Los Marshall y su arrogancia. Me encojo de hombros. - Es nuestro encanto distintivo. - Eso lo tengo bien claro. - hace una pausa, observándome pensativo. - ¿Ah pasado algo? Si. Puede que tan solo en un momento de la noche me haya agarrado ese golpe de nostalgia, y me invadió ese sentimiento de soledad, y me haya sentido sofocado. Lo que acostumbra a llevarme a hacer cosas sin pensarlas demasiado. Como por ejemplo, haberme desviado del trayecto a mi casa, conduciendo hasta aquí y así terminar tocando a su puerta. - No. - niego rotundo. - ¿Por qué preguntas? - Siempre te apareces cuando algo te agobia por demás y necesitas pensar en otra cosa. - Ya te lo dije, solo quería verte. - reitero. - Y follar, claro. - agrego, ante la mirada no muy convencida suya. Eso segundo no está tan alejado de convertirse en el motivo principal. Quiero sexo y él consigue excitarme como nadie. - No se si es sano que tengas una dependencia afectiva conmigo. - ¡No es una dependencia afectiva! - exclamo molesto, frunciendo el seño. Sonríe. - Creo que si hay algo que me calienta más que la arrogancia de los Marshall, es la facilidad con la que se encienden. - Tú podrías tener tu propio Marshall personal, pero nunca quisiste cuando te lo ofrecí. - bromeo, pero mi tono de voz me falla, sonando ofendido. - No me pareció justo monopolizarte, cuando yo no soy partidario de esa practica. - Nunca hablamos de monopolizar. - Te conozco, Izan. - dice. - Demasiado bien para mi gusto. - sigue. - Nada valoras más que la lealtad. Tú eres hombre de una sola persona. - Y eso para ti no es suficiente... Suspira y niega con la cabeza. - ¿Por qué estamos hablando otra vez de esto? Creí que ya era tema del pasado. La ultima vez te dije que no volvieras. - sentencia. - No se porque lo sigues haciendo. - agrega, pero más como para si mismo. - Porque te quiero... - Y yo a ti, pero no de esa forma. - dice. - No me enamoro. - ¿Nunca? - No. - responde firme, sin dudar. - Algo está mal conmigo, lo sé. No puedo ser perfecto en la totalidad. - No estoy de acuerdo con eso... - Si en verdad me quisieras, no me pondrías en la situación de que si tú tía se llegara a enterar me arrancaría las extremidades. - Vik, tenía 20 años cuando sucedió. - Aún así... Era mi cumpleaños número 20 cuando mi mayor fantasía de cumplió, y perdí la virginidad con el hombre que me traía loco. Quede maravillado con él, apenas lo conocí. Esa sonrisa vivaracha, la espontaneidad con la que se caracterizaba, y como aún así podía ponerse serio y hacer su trabajo, siendo el mejor en ello. Al principio creí que lo que sentía era algo así como admiración, como la que sentía por Arwen o Cassian, su hermano. Pero a medida que pasaba el tiempo, sobre todo cuando entrenábamos junto, llegué a la conclusión de mis gustos no iban por el lado que suele ser el "normal". Aún sigue siendo un tema en el que me mantengo bastante reservado, por más que estamos en una generación más abierta, todavía hay personas que lo consideran como un defecto. Y no voy a permitir que me desestimen, por el simple hecho de que me gusten los hombres. Puedo oír lo que dirían los hombres que intentan hacerse de todo lo que tengo, que siempre están al pendiente de una debilidad mía, y así hacerse del poder. "El mafioso maricón". No tengo dudas de que así sería como me llamarían. Y ese sería el fin, porque no dejaría a nadie con vida. Viktor me permitió explorar todo ese lado de mi, el del deseo. Me ayudo a conocerme mejor a mi mismo. Y creo firmemente que no hay mayor fuerza que esa. Conocerse uno. - Todo lo que se, lo aprendí de ti. - digo. - Fue un honor ser tú gurú s****l, pero cuando lo iniciamos estaba convencido de que estábamos en la misma pagina. - Perdón por no poder evitar caer en tus encantos. - digo para conseguir que vuelva a sonreírme, pero en cambio me observa con algo de preocupación. Levanta su mano libre y la lleva a mi cabello, acariciándolo. Me observa con una mirada dulce y una leve sonrisa. - No puedo darte eso que buscas. Tienes que dejar de buscarlo acá. - empieza a decir. - Y solo lo haces, porque sabes que no lo encontraras, entonces así te evitas el que sucedería si en verdad lo hallaras. - No me psicoanalices. - sentencio molesto. - No es un análisis, es un consejo. Creí que te gustaban los míos. - yo sigo con mi semblante serio, es ahí cuando me dedica una sonrisa divertida, lo que consigue que yo también lo haga. - ¿Lo hacemos una ultima vez? - pregunto, después de un prolongado silencio. - Tengo compañía. - No le voy a decir que no a un trio, se que te gustan y yo le agarre cierto placer de vez en cuando. Ríe. - Ven, tomemos algo primero. Le dedico una sonrisa y me encamino hacía la biblioteca, dónde allí tiene el pequeño bar, y es dónde acostumbra a estar la mayor parte del día. Me sorprendo cuando me toma del brazo, deteniéndome. Queda observándome en silencio por unos segundos y luego sonríe. - No vuelvas a decir, mucho menos pensar, que no eres suficiente. Eres Izan. - pronuncia mi nombre con firmeza. - Da igual que apellido uses. Todos saben quien eres. Y el que no lo sepa, háleselo saber, y que nunca lo olvide. - Asiento. Mejor dicho, si, si siento admiración también por el gran Viktor Markov. Sonrío divertido. - Solo dices eso porque buscas dejarme contento y que así te pase el número de Kai. Se que es tu favorito. Aunque ya te he dicho que es heterosexual. Lanza una fuerte carcajada. - No mi favorito, pero tengo cierta debilidad por los hombres con cara de niño bonito, así a lo Ken, como tú padre y Kai. - admite. Le muestro el dedo medio. - Mis favoritos son los más rústicos, así como tú y los otros tres. - queda pensativo. - Cuatro Marshall's en mi cama... vaya sueño. Me zafo de su agarre y lo empujo hacia un lado, mientras él ríe. - Cerdo. - Me han llamado peor. Pongo los ojos en blanco y sigo mi camino hacia la biblioteca, con su risa de fondo. Tengo que empezar a dejar de pensar en ese lugar como mi zona segura... **** Me despierto bastante animado en la mañana, luego de que por la noche se me ocurriera un buen plan para iniciar el día. Así que después de ducharme, me pongo una camisa negra, un pantalón del mismo color y salgo de mi departamento para ir hacía dónde es la sede de nuestro clan. Entro al área común, dónde mis hermanos ya están allí, sentados en sus respectivas sillas, alrededor de larga mesa. Novak tiene sus piernas arriba de está y en sus manos abraza uno de esos vasos térmicos reutilizables de café, que dudo que contenga para lo que fue hecho. Kai está cruzado de brazos, con unos lentes de sol negros, y su cabeza cuelga a un costado. Kirian está limpiando su arma, mientras Astor lo observa con atención, entre tanto come una manzana. Tengo la atención de cuatro de ellos cuando me paro a un lado de la mesa. - ¿Y Anya? - pregunto, extrañado de no verla, ya que suele ser la primera en llegar. Kirian se encoje de hombros. - No ha venido aún. - responde. - Algo me dice que sigue encabronada, y que planea hacernos notar su ausencia. - Típico de Anya. - digo. Si hay algo de sobra en está familia, sin duda es el ego. - ¿Tienen ganas de divertirse? - pregunto con una sonrisa. - No. - responde Kai de forma rotunda, ahora si levantando la cabeza y observándome. - No se que tenía esa piña colada sin alcohol que me pedí, pero estoy seguro de que algo raro había en ella. Aún todo me da vueltas. Deberían hacer un control de cálida. Miro a Novak, este se encoje de hombros. - Puede que me haya olvidado de aclarar ese pequeño detalle de que era sin alcohol. - Que bueno que no te hablaba a ti, Kai. - le respondo a mi hermano. - Sino a ustedes. - miro a los mellizos. - Siempre me apunto a la diversión. - responde el mayor de los dos, bajando sus piernas. - Nunca le digo que no. - ¿Y a que le dices que no? - menciona Kirian. Novak queda pensativo, frunciendo el seño. - Es verdad. - admite. Hace una pausa. - Soy una zorra. - Hasta que lo admites. - comenta Astor divertido. - Respeta a los mayores, niño. - Entonces, deja de llamarme niño. Me cruzo de brazos. - ¿Por que siempre con ustedes vengo para decirles una cosa, y termino regañándolos por algo totalmente diferente? - No lo sé, pero por algo eres el jefecito. - sigue diciendo Novak. - Y nosotros tus minions. - ¿Nos vas a decir que diablos haremos? - pregunta Kirian. - Me estoy impacientando, además de que estoy aburrido. Creí que vería a Anya despellejando a Novak. - Vengan, vamos, les diré en el camino. - los dos se paran y vienen detrás de mi cuando me dirijo para la salida. - ¿Puedo ir? - pregunta Astor, haciendo que me detenga y me gire hacia él. - Anda... - suplica. - Por fa... Un "NO" está a punto de salir de mi boca, pero enseguida recuerdo de que no puedo dejarlo sin supervisión. Es capaz de iniciar una guerra, solo por el hecho de que una muchacha no le haya devuelto la llamada. O incluso de prender fuego el lugar, intentando hacerse una taza de café. Aún es un cachorrito, sin adiestrar, que necesita atención 24/7. Ahora entiendo porque mis padres no opusieron resistencia cuando dije que me lo traería conmigo. - De más está decir que debes hacer todo lo que yo te ordene. - sentencio. - Ya lo sé, ya lo sé... - responde con fastidio. - Hermano, me lo dices tanto que hasta ya sueño con esa frase. Parece el nombre de una película porno. - queda pensativo. - Oigan, ¿ustedes creen que tengo futuro como estrella porno? - ¡Hermano! - exclama Novak con alegría, extendiendo los brazos. - ¡Tengo una sociedad para proponerte! Kirian chaquea la lengua. - Ustedes dos comparten la unica neurona que tienen. - No te pongas celoso, Kian. Que no planeo robarte a tú siamés. - el menor le sonríe con malicia. Kirian pone los ojos en blanco. - Ven tú también. - le digo a Astor. - Más te vale que te comportes porque de lo contario no dejaras la barra del club ni para ir al baño. Este sonríe ampliamente y se levanta de un brinco, acercándose a nosotros. - ¿Qué tienes en mente? - le pregunta a Novak, pasando su brazo por encima de sus hombros, a lo que otro hace lo mismo con el suyo. Ambos se encaminan hacia la salida. - Mira, es un negoción... Kirian va con ellos y yo me detengo para hablar con Kai, cuando lo veo otra vez con la cabeza colgando y se escuchan unos leves ronquidos. Suspiro exasperado y voy con mis hermanos. Esto será divertido...
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