Martes

1703 Words
Los días pasan y yo empiezo a perder esa estúpida y vaga esperanza de verlo de nuevo, no sé qué esté haciendo, donde o quien esté y eso me vuelve loca, y pensar que conosco cada parte de su cuerpo desnudo y vulnerable, pero no sé si tiene redes soy tan tonta y dí todo por sentado que ni siquiera llegue a tener su número telefónico. ¿Así o mas tonta puedo llegar a ser?, pero por otro lado,, ¿eso en qué cambiaría?, él se quedó y yo estoy aquí sola, sin saber si realmente estaba enfermo, o si realmente era real lo de la eutanasia, o si algo era real, ¡no lo se!, y lo peor de todo es que jamas lo sabre, y no quiero buscarlo en r************* y averiguar qué ha pasado con él, porque sé que querría correr a él y eso es imposible, no puedo, no ahora como estan todas las cosas a mi alrededor. ─¿Qué haces? ─pregunta Sabrina llegando a la casa con compras. Y viendo a Ángel en la cocina. ─¿comida...? ─sonríe acomodando algunas cosas que ha comprado para llenar el refrigerador. ─Si, eso veo, pero... ─mira todo lo que ha comprado. ─¿por qué compraste todo eso? ─pregunta apenada ─Me dejas quedarme en tu casa, con tres niños, le invaden la habitación a tu pequeña, y te lo agradezco, pero no esperes que me quede sentada sin hacer o comprar nada, somos cuatro bocas que alimentar... ─Y es por eso que fui de compras por más, además... ─Se sienta en el sillon. ─Cocinas todo el tiempo, tu hija ordena la habitación de mi hija, tu hijo saca las hierbas de mi jardín, y de Jota ya ni hablemos, todo el tiempo quiere ayudar, pasar algo, recoger o lo que sea, y yo me siento mal. ─dice apenada. ─Yo no te pedí que te quedaras para que me sirvieras, cocinaras no nada de eso. Yo te pedí que te quedaras porque sin mi gordo yo me siento sola, y mi hija también, nosotras amamos tener visitas... ─Las visitas no se instalan en tu casa por tres días... ─se lamenta avergonzada. ─Pero tu no eres una simple visita y lo sabes, tu eres como mi familia y quiero que entiendas eso. No quiero que compres nada, y si cocinas será conmigo, y tus niños... yo te quiero, y quiero que estes comoda, no sirviendo. ¿está bien? ─Bueno... pero en realidad justo ahora no fue un gran gasto. Recién recibí el pago de un premio de popularidad en el libro, y lo justo era contribuir con la comida, como ya dije, somos cuatro y tres comidas, era mucho. ─Pues por eso compré mas, ademas tu necesitas cada centavo para empezar de nuevo, no sabemos si podrás vender el anillo, ni cuanto te daran por el. ─empieza a guardar las cosas en el refrigerador. Ángel intenta ayudar, pero una mirada sagaz de Sabrina la detiene. ─y si eso ayuda para que empiece de nuevo en un lugar seguro, y solo tuyo, ya es ganancia, pero aun debes amueblarlo, no van a dormir en el suelo. Por cierto, ¿como te fue en el trabajo? ─Pues, hay algo que ví, pero no se si... ─Dime, lo que sea, solo dime... ─¿Recuerdas que te conté sobre el área de niños de un año, que siempre estaban llorando y eso? ─Si, algo de eso recuerdo. ─se sientan dejando la cocina apagada y las cosas guardadas. ─Pues, hoy vi algo y no sé si fueron ideas mías... ─¿con los niños? ─Sí, verás, yo estaba pasando al baño, cuando ví que la persona que ahora pusieron con los de un año, lloraban mucho, y pues me dio curiosidad saber porque, me acerque al salón y ellos me miraron de una manera que... ─niega con la cabeza. ─ellos tendían sus manos a mi, y yo les hacía jueguitos a través de la ventana, y ellos sonreían, pero al ver Claudia... ellos se veían asustados. ─¿Creés que les hace algo? ─pregunta ahora preocupada. ─No lo sé, pero yo acabo de llegar, solo he estado allí dos días, los de un año sabes que tienen un proceso de adaptación que empezó hace un mes, yo... tal vez solo estoy paranoica, no lo sé. ─Eso es preocupante, ¿le dijiste algo a la supervisora? ─No. Porque y si solo son ideas mías, ya de por si piensan que solo estoy allí por conocer a Karina, ¿y si me equivoco? ─Pero... ¿si estás en lo correcto y esa loca le hace algo a los niños más pequeños? ─Mañana pondré más atención en ello, y si veo algo lo voy a grabar, si voy a hablar no va a ser sin pruebas. ─se levanta y llama a los niños. ─¿pasaste hoy por la tienda?, ¿que te dijo el señor? ─pregunta lavando sus manos, más como un susurro, ya que los niños empezaron a salir. ─Sí, pero salí tarde porque se los padres de uno de mis niños tardaron mucho en llegar por el, asi que me tuve que quedar, y cuando pasé por la tienda, ya estaba cerrada, mañana aprovecharé mi hora de comida para ir a la tienda, ojala y me den buenas noticias. ─Seguramente sí, no creo que no lo compren, se ve muy bonito, incluso si fuese bisuteria barata debe costar algo, la duda es ¿cuánto? ─Esperemos que lo suficiente para mi nuevo comienzo... La cena no dura tanto, Ángel prepara la cama de los niños en la habitacion de la hija de Sabrina, ella aún lo ve como una pijamada, aunque los hijos de Ángel ya no, aunque disfrutan mucho y les agrada la pequeña, los dos más grandes saben que la razón por la que estan ahí es por que no tienen a dónde más ir. Sabrina y su hija hablan por teléfono con su esposo, mientras Ángel se prepara para dormir en el sillón, pero al entrar Sabrina la toma del brazo y la lleva con ella. ─¿qué haces? ─rie contagiada por las risas de Sabrina. ─Pues, vas a dormir conmigo. ─dice llevándola con ella a la cama. ─Tranquila, yo estoy bien en el sillon, de hecho es más cómodo de lo que pensaba. ─dice intentando zafarse de ella entre risas. ─De eso nada. ─insiste. ─esta noche será nuestra auténtica pijamada, en unos días regresa el feo de mi esposo, y no habremos dormido ni una sola vez juntas... ─la abraza con añoranza. ─dime, ¿que pasa por esa cabeza cada vez que te quedas mirando a la nada?, ¿piensas en el niño rico? ─se acuestan das dos. ─podemos hablar de lo que quieras, pero no vamos a dormir juntas. ─dice entre risas. ─Dormiremos juntas, porque esta noche no te vas a escapar al sillón como lo has hecho las últimas noches, además... si todo sale bien, y así será, mañana tendrás lo suficiente para un nuevo comienzo y no dormiremos juntas... ─Bien. ─se acomoda junto a ella. ─¿Aún lo piensas? ─pregunta mirando el espejo en el techo. ─Es extraño, no pienso en él todo el tiempo, pero cada vez que lo recuerdo me duele demasiado, ¿como enamorarme tanto así de alguien? ─Te amaron, o por lo menos te sentiste amada, y eso no se olvida fácilmente, no importa como hayan terminado las cosas. Te enamoraste amiga, y dejame decirte que tuvo que hacer algo muy bueno para hacerlo. Te he visto, no eres de las que convienen fácil, ya hasta siento curiosidad de cómo será él, y el la cama ni se diga... ─codea bromeando. ─No hablemos de eso... ─la golpea con una de las almohadas. ─Sí, hablemos de eso... quiero saber ¿que es lo que hizo para enamorar a así? Una sonrisa un poco alejada de su tristeza la delata. ─¡Cuentame! ─la sacude entre risas, muy ansiosa. ─¿cómo era en el sexo? ─insiste ansiosa. ─Era... ─sonríe traviesa. ─no tenía un espejo en el techo, eso es seguro. ─rie haciendo avergonzar a Sabrina entre risas. ─Debe haber tenido algo más grande que mi espejo si logró impresionarte. ─ríe más pícara aún. ─pues... ─su sonrisa la delata. ─No te culpo, si es así, hasta yo lo extrañaría y desearía volver a verlo. Por cierto, ¿tiene fotos?, ¿redes?, ¿algo en qué buscarlo y ver cómo es? ─saca su teléfono rápido. ─Lo único que puede parecerse a él es una mezcla de dos imágenes de pinterest, que fue en lo que me basé para describirlo, pero... ─busca en internet la nota que vio en la revista, seguramente debe haber algo, pero extrañamente no hay nada. ─¿y...? ─Nada. ─niega con nostalgia, esperaba tener la excusa para poder verlo de nuevo, y su amiga le había dado una muy buena, pero ya no estaba. No había manera de tener una foto de él. ─No importa, lo que importa es que tu viviste eso, lo disfrutaste y ahora es lo que tienes y nadie te puede quitar eso. ─la abraza. En el otro lado del mundo. ─Señor. ─entra Charles a la habitación de Edward dónde está el anciano tomado a su mano. ─Dime. ─levanta la mirada a él. ─La única cosa que no dejó la esposa de su nieto, fue el anillo que le dio por el matrimonio, y al parecer lo estan vendiendo. ─dice aún al teléfono. ─enviaran una fotografía del vendedor. ─¿Podría ser ella?, si es así, que poco le duró el amor y el orgullo. ─espetó indignado ─es ella. ─dice al revisar la imagen. ─¿Sabe en cuanto planea venderlo? ─pregunta molesto, toda confianza de que era o no una buena mujers se iba a la basura. ─No dió un precio, solo pidió vender el anillo. ─dice, y este asiente con indignación. ─Sí él realmente la amó, y quiso poner el mundo a sus pies, algo bueno debe ver en ella, o lo trató tan bien que se sintió feliz. ─musita para él mismo. ─Dile al comprador que ofrezca cuatro veces el precio que le pida, y trae de vuelta ese anillo. ─está indignado consigo mismo.
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