sola

1601 Words
Deseo con tantas mis fuerzas que mi enojo no me hubiese ganado antes de salir de esa casa embrujada al otro lado del mundo. De no haberlo hecho, ahora mis hijos tendrían libros, una guitarra y cosas lindas de ese viaje, yo tendría dos millones y un anillo que podría vender, ¡maldita sea!, ¿por qué diablos hice eso? Si no puedo vender este anillo, no sé que voy hacer, despues de lo mucho que me costó conseguir cada cosa, mi televisor, mi nevera, mis muebles, mi cocina, mis camas, ¿por qué me odia tanto?, ¿por que no me mató cuando pudo? ¡¡maldito impulso!! ─No te tortures pensando que hacer. ─dice Sabrina al estacionar fuera de su casa. ─nada de lo que pasó pudiste anticiparlo... ─Debí imaginar que algo así pasaría, realmente pensé que me apoyaría, y que todo saldría bien. Se me olvidó que no soy la persona favorita de ella, debí imaginar que haría algo así... ─cubre su cara con ambas manos. ─¿cómo le explico a mi hijo que su abuela arruinó sus libros?, ¿cómo le digo a mi hija que su abuela arruinó su ropa?, ¿y los juguetes de mi hijo? ─Si te soy honesta, yo en tu lugar les diría, les diría lo mierda que fue su padre, lo mierda que es su abuela y la familia de mierda que te tocó, pero sé que no quieres hacerlo, y aunque no lo entiendo, lo respeto. Así que... No lo harás. ─descubre su rostro y seca sus lágrimas. ─no mencionaremos nada de las cosas, dejaremos las cajas en el garage, y cuando ya consigas algo del anillo, o del suelo del trabajo, entonces volverás a comprar las cosas y será como si nunca se hubiesen dañado. ─No tengo nada... ─se lamenta. ─no tengo ni en qué dormir, ni cocinar, nada... ─Me tienes a mí, tienes hijos increíbles que están un poco confundidos, pero en el fondo te aman, tienes salud y estás completa, tienes lo suficiente. ─alienta secando sus lágrimas una vez más. ─¿qué es lo que siempre dices? ─Yo puedo, yo siempre puedo. ─dice con una gran sonrisa mientras seca sus lágrimas. ─¿Lo ves?. ─la abraza con tanto cariño que realmente llega a reconfortarlo. ─no importa si debes empezar de nuevo, ahora tienes un trabajo, y un anillo, que seguramente ayudará de algo. Que tanto no lo sé, pero podría ayudar en algo. ─dice y ella asiente. ─Tienes razón. ─suspira secando sus lágrimas. ─Ahora llevemos esto dentro y podemos tomar... ─No puedo emborracharme otra vez, me haré alcohólica al paso que voy... ─De hecho... Hablé con Karina, y... anda despechada, dijo que quería que tomáramos algo, yo no sabia que tanto tardarías, así que le dije que sería mejor si venía. Así que... ─mira su reloj. ─estará aquí en más o menos... media hora. ─pero... podrías salir con ella. ─dice ayudando a entrar las cosas, ya que Sabrina ha tomado gran parte de las cosas. ─yo podría ser niñera, para devolver un poco de lo mucho que has hecho por mi. ─No... ─se sienta a descansar un rato. ─estaremos aquí fuera, prepararemos algo y conversaremos, aunque sería agradable que estuvieramos las tres... ella se alegró de que regresaras. ─No, yo... solo quiero dormir y tratar de pensar, tu puedes divertirte. ─Está bien, entiendo. No has descansado mucho desde que llegaste, y ni hablar de el cambio de horario. Después de guardar las cosa, y dejar el lugar impecable se metió a bañar. Mientras Sabrina estaba bebiendo con Karina en el garage, Ángel está acostada en el sillón de la sala, pensando que hacer con su vida sin saber que hacer, muchas cosas pasan por su mente, sus hijos apenas y le hablan, y sabe que en algún momento debe hablar con ellos, pero no está lista para hacerlo ahora, no con todo lo que le ha pasado. ─¿qué es lo que pasó con ella? ─pregunta refiriéndose a Ángel. ─pensé que estaría encantada de beber... ─sonríe. ─no salio bien lo del libro, es todo. ─contesta disimuladamente evasiva. ─¿pero qué fue lo que pasó en realidad? ─pregunta muy curiosa. ─no lo sé, solo me dijo que no salió como esperaba, es todo. ─evade completamente el tema. ─Mejor dime, ¿qué te pasó? ─desvía completamente el tema. La noche es larga tanto para las que beben, como para Ángel, no importa cuánto lo intente, no consigue dormir, por lo que decide revisar la plataforma de Stramberry, no ha revisado ninguna actividad desde que empezó lo de la demanda, después de todo, había sacado todo el dinero y después de la manera que había terminado todo sabía que no habría mayor novedad. Pero se lleva la impresionante sorpresa de que sus libros no solo son ahora los más populares, sino que además son los más vendidos. Dos de sus libros habían ganado competencias de popularidad, ambos premios tenían cinco mil dólares de ganancia. No tiene sentido, ella no se había inscrito a ningún concurso, y se supone que para la mayoría de competencias de popularidad ese era un requisito, pero en este momento es lo que más necesita, así que solo pasó a cobrarlo. Sería de gran ayuda, aunque tenía claro que no volvería a escribir ningún libro en esa plataforma. Al fin, podía ver una luz de esperanza. Al otro lado del mundo. ─¿va a estar bien? ─pregunta Charles junto Edward quien yace en una cama de hospital. ─El señor Argento perdió una cantidad considerable de sangre, aunque por ahora responde bien a los estímulos, pero no podemos decir nada hasta que despierte. ─dice mientras lo revisa. ─¿qué fue lo que pasó? ─pregunta invadiendo la habitación su abuelo, acompañado de su padre. ─¿Qué le hiciste a mi hijo? ─se acerca amenazante el padre de Edward. ─¡¡Cierra la boca!! ─grita el anciano furioso. ─Si no te hubieras acostado con una niña, nada de todo esto hubiese pasado. ─entra en la habitación cerrando la puerta en la cara del padre de Edward. ─Señor, las cosas salieron un poco de control cuando su esposa supo lo de la eutanasia... ─se lamenta viéndolo con tristeza. ─¿ella no lo sabía? ─pregunta asombrado, pese a que no juzgó a su nieto por la elección de pareja, no tenía esperanza de que fuese una buena persona, pero el que ella no lo tomara bien, de alguna manera lo hacía pensar que tal vez sí lo era. ─Es complejo... ─Tu estuviste bajo el mismo techo con esa mujer, dime... ¿qué tan interesada era? ─Mi juicio respecto a la esposa de su hijo es... muy escasa, pero le diré; cuando su nieto se fue al hospital no le dijo nada, ella no salió de la habitación, no comió, ni bebió nada, solo se encerró en la habitación, vi su desesperación. Era genuina, señor. ─En ese caso... ¿sabes a dónde fue? ─pregunta sacando su teléfono. ─Regresó a su casa, con sus hijos, pero... ─¿pero... qué? ─Su nieto compró varias cosas para los hijos de ella, y... incluso le regaló el diamante que la señora le dio... ─La esmeralda que le di a su madre cuando él nació... ─recuerda con nostalgia. ─Si señor. ─dice confundido. Él tampoco entiende por qué la dejó. ─Así como un cheque por dos millones que halle entre las cosas. ─Definitivamente, mi nieto no me llevó a la ruina porque pura casualidad. ─sonríe. ─pero lo entiendo... ─El señor no lo tomó bien, enfureció, despidió a todos, y se encerró en el baño, supongo que se cayó al intentar salir con el piso mojado y sin iluminación, no fue intencional lo que pasó. ─se lamenta. ─Manejas todo legalmente de mi nieto, ¿puedes revocar la solicitud de eutanasia? ─Siempre que el no despierte y la solicite de nuevo, sí. Eso creo. ─dice sacando su teléfono. ─Haz lo que tengas que hacer, su esposa no tiene ningún derecho legal, pero tú sí, entonces hazlo. No quiero perder a mi hijo, y estoy casi seguro de que tu tampoco lo quieres perder. ─Su nieto me despidió. ─¿Está por escrito? ─No... ─Entonces aún trabajas para él, encargate de que empiece el tratamiento lo antes posible. ─Está inconsciente, no despierta... ─Está inconsciente, pero según me dijo el médico, él además de la pérdida de sangre, no hay nada más que lo justifique, con la transfusión ya su pérdida empieza a ser insignificante, sin embargo no despierta. Con todo lo que ha pasado, entiendo porque no quiere despertar. ─Señor, pero lo agresivo del tratamiento... ─Prepara todo, él despertará, y cuando se sienta mejor lo vamos a emboscar con el tratamiento. Averigua todo, no dejemos nada al azar. Y pide que preparen una habitación, no pienso moverme de aquí hasta que mi nieto salga por su propio pie, totalmente sano. ─Si señor. ─Charles. ─dice y este se detiene. ─Que todo el personal regrese a la casa, que establezcan las normas de su madre. La casa va estar sola por un largo rato, y necesita estar bien cuidada. ─añade. ─Si, señor. ─deja un rato la habitación para hablar por teléfono. ─Mi pequeño... ─suspira acercándose a la cama. ─no te des por vencido. ─titubea tocando su mano llena de cicatrices, las lágrimas inundan sus mejillas, lágrimas que se encarga de secar con un pañuelo blanco que guarda en su bolsillo. ─debes vivir, por mí, por tu madre, por todos a quien les importas... vive pequeño, mereces un poco de felicidad... por todos los miembros muertos en vida que hay en esta familia.
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