Un Pequeño Detalle

1277 Words
Hace un año atrás... Débil, demacrado, delgado, con ojeras profundas, labios resecos, y escasa fuerza Edward, mira por la ventana la nieve caer, sonríe muy a pesar de su desgano. ─¿En qué piensas? ─pregunta Carles de pie en la puerta ─En ella. ─suspira nostálgico. ─En lo mucho que le gustó ver la nieve caer cuando la vió. ─¿La amas? ─se acerca a él, mirando en la mesa la pequeña caja abierta con los anillos. ─Ella es explosiva, es graciosa, es admirable, no tengo duda, pero respecto a ella, no lo sé... ─sonríe negando con la cabeza, como si estuviera aturdido. ─Pregunté si tú la amas, no si ella lo hace, o si crees que lo hace. ─enfatiza. ─Mírame. ─bufa mirando sus manos. Sus nudillos oscurecidos por lo intenso del tratamiento, su delgadez, incluso se puede notar que no tiene cabello, pese a la boina que usa bajo la ropa. ─Parecía que estos meses no terminarían conmigo, y ya parezco un muerto en vida. ─sonríe con dolor. ─Tú lo pediste. ─lo señala. ─Según recuerdo, dijiste: El tratamiento más intenso en el menor tiempo posible, si en tres meses no hay cambios significativos, no lo haré más. ─recalca haciéndole reír. ─Y aún así, siento que esto está tardando mucho. ─reniega volteando su silla a él. ─Si lo hicieran aún más intenso, ¿creés que lo soportarías? ─He soportado cosas peores... ─musitó con ironía. ─Y aún lo haces, pero tu abuelo tiene razón, lo que haces ya es suficiente como para hacerlo en menor tiempo. ─le entrega uno de sus medicamentos. ─También, dijo el médico que ya puedes comer hoy. ─No quiero nada, aún tengo nauseas. ─gesticuló con desagrado. ─¿aún quieres hacer la ultima?, estás muy débil, y sin ofender, no te ves para nada bien. ─dice su abuelo entrando en la habitación. ─Podemos esperar unos días más, ya te ves bastante afectado... ─dice caminando hacia él. ─Quiero hacerlo abuelo. ─dice casi como una súplica. ─mientras más rápido termine todo esto, más rápido podré dejar este hospital. ─masculló. ─Hablaré con el médico. Ya regreso. ─dice volviendo a salir, dejando a Edward con Charles. ─¿por qué tienes tanto apuro por terminar?, tienes tiempo, puedes hacerlo con calma, tómate tu tiempo para sanar, para que tu cuerpo se recupere. ─insiste una vez que su abuelo ha salido. ─Has hecho esto dos veces por semana, y te está matando. ─dice realmente preocupado. ─Quiero hacerlo. ─musitó. ─Quiero volver a verla, quiero ir a buscarla y decirle que lamento mucho haber mentido, que la amo y que si voy a morir quiero que sea a su lado... ─Pero si recibes la última hoy, podría ser todo. ─consternado intentó convencerlo de no hacerlo. ─tomate un par de semanas más, un día siquiera, deja que tu cuerpo se recupere del todo. Entonces volverá a intentarlo una vez más. ─Cada día que espero, algo que sé que mi cuerpo tomara de la misma manera si lo hace hoy, como si lo hace en una semana... ─¿por qué te torturas de esa manera?. ─pregunta sin poder entenderlo. ─¿por qué no traerla aquí?, ella si lo supiera no dudaría ni un segundo en venir aquí y estar contigo, no había enojo o rechazo, ella correría a tus brazos y no tendrías que hacer todo esto. ─insiste. ─si ella me viera así, muerto en vida. ─sonríe con ironía. ─Lo único que sentiría por mi, es lástima. Conozco su mirada, como habla y cómo es cuando está triste, no soportaría verla intentado fingir estar bien si es por mi, no lo toleraría. Prefiero morir antes que ella me vea con lástima. ─niega reacio. ─Por lo menos... tómate un par de días más, deja por lo menos la puerta de la esperanza de una pronta recuperación abierta. ─insiste una vez más. ─Buenos días señor Argento, ¿cómo se siente hoy? ─entra el médico entusiasmado. ─¿Creé que puedo soportarlo?, ¿creé que mi cuerpo pueda hacerlo? ─le hace una emboscada tan pronto como cruzó la puerta. ─Señor... ─¿Mi cuerpo lo puede tolerar? ─insite tajante. ─Doctor... ─intenta interceder Charles. ─Déjalo que hable. ─ordena y señala al médico. ─¿puedo? ─Su cuerpo está muy cansado... ─¡¡¿puedo o no?!! ─insiste. ─Es incierto, ha tolerado casi toda la primera fase del tratamiento en tan poco tiempo de una manera admirable, su umbral del dolor... ─¡Dígame si puedo o no! ─masculló. ─Creo que sí, pero... ─Empecemos entonces. ─asiente sin importar la preocupación en el rostro de Charles, y de su abuelo que acaba de entrar. Del otro lado del mundo... ─mami... ─masculló temeroso Sandro, asomando su cabeza preocupado. ─¿está bien? ─pregunta buscándola por la mirada. Ángel, arrodillada en el suelo soportando el peso de su dorso con ambas manos apoyadas en el retrete, no ha parado de vomitar desde que despertó. ─Sí. ─apenas alcanza a articular, para seguir vomitando hasta la comida de las vidas pasadas. ─¡Luisa , mamá no se siente bien! ─grita llamando a su hermana, al ver a su madre en el suelo. ─¿qué pasó? ─rápidamente le ayuda a sostenerse. ─¿Que tienes? ─preguntó preocupada, intenta ayudarla a levantarse. ─Tráeme un poco de agua con limón, la comida me cayó horrible. ─dice tomando aire mientras se sostiene los costados del vientre con dolor. Luisa corre enseguida a la cocina por un vaso con agua y limón como lo ha dicho su madre, Ángel apenas puede mantenerse en pie, pero al ver a su hijo genuinamente preocupado, no le queda más que disimular su malestar y levantarse del suelo. ─mami... ─se lamenta al verla. ─Estoy bien, solo me empaché por comer de más, tengo agrieras... ─sonríe. ─nada que un poco de agua con limón no pueda quitarlo. ─¿Segura? ─entra Luisa con el vaso en sus manos. ─Sí, es todo. ─asiente y bebió enseguida todo su contenido. ─¿vez?, es todo. ─sonríe. Pasa de estar agonizando en el suelo de su baño, a estar en su habitación arreglándose lo mejor que puede con un traje formal, tendrá una entrevista formal de trabajo, una semana más en la que debe repartir carpetas para conseguir un buen empleo por sí sola. ─¿segura que ya se siente mejor? ─pregunta Luisa severamente preocupada de pie en la puerta, observándola con recelo. ─sí... ya lo dije mi amor, solo son agruras... ─sonríe para tranquilidad de su pequeña. ─Pero te enfermas muy seguido, y te ves mal. ─balbuceó. ─Gracias... ─ríe ligeramente ofendida. ─Mi amor, tu eres joven, y puedes comer cualquier cosa humanamente posible y estarás bien, pero en mi caso, soy una mujer que camina a los treinta años, que trajo tres criaturas al mundo. Que mi cuerpo no esté infestados de estrías es un milagro, así que es normal. ─¿Por qué es normal que últimamente todo te haga daño? ─insiste presa de preocupación e incertidumbre. ─porque a mi edad todo empieza a venirse abajo, mi cuerpo, mi fuerza, mi ánimo, todo, y sí, mi cuerpo ya no se defiende como debería, pero te prometo, que la próxima vez que me sienta mal veré al doctor. ─asegura para su tranquilidad. Siendo la palabra de su madre lo único que tiene de garantía de que así será, siente más tranquila dejándola irse una vez más a buscar trabajo. Camina esperanzada por todos los lugares posibles donde cree que podría conseguir algo, agota todas las opciones, redes, periódico, anuncios al azar en las paradas de autobuses, ninguno ofrece seguro social, un contrato que asegure el empleo, o algo más que un pago mediocre muy por debajo del mínimo.
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