─No confío en las personas, me cuesta hacerlo, pero la verdad es que no puedo verte más que como solo un amigo. ─dice directa y sin rodeos.
─Lo entiendo. ─asiente intentando decirle a donde va con eso.
─Amé a alguien, tanto y tan intenso... Amé tanto que no hay más de mí. ─dice pensando en Edward, no puede evitar sentirse mal por recordarlo. ─Si tienes eso claro, por supuesto que podemos ser amigos, pero si no, lo entiendo. ─dice y continúa su camino, dejando a Fernando confundido, esperaba cualquier otra respuesto después de ese beso, pero el que ella le dijera eso, así de claro y conciso.
No hay más sutileza de mi para nadie, me queda claro que todo lo que ha pasado a mi alrededor pasa sin importar si me afecta o no. Fernando me agrada, pero tengo claro que sus intenciones no son de amistad, y si es así, lo mejor es cortar eso de una buena vez. Me gusta cuando me siento acompañada por él, me agrada sentir que podía contar con alguien, pero era egoísta de mi parte dejar que esto lleve más tiempo del debido. Soy casada, y aún cuando no tenga ese compromiso, no me interesa más nada con nadie. Lo único en lo que quiero poner todo de mí es el maldito infeliz que planea quitarme a mis hijos.
Tan pronto llega a casa, hay una mujer fuera de su domicilio. Usa un traje formal de oficina, llevando con sigo un portafolio y un maletín en sus manos.
─¿Señora Torres? ─pregunta esta mujer en cuanto la ve.
─¿quién pregunta? ─pregunta ella un poco nerviosa, viendo a su hija asomada a la ventana.
─Buena tardes. ─hurga en su portafolio. Saca un par de documentos que le entrega. ─Mi nombre es Carmen Salas, soy trabajadora social, y estoy aquí para ver el estado físico y analizar el estado psicológico de los menores... Luisa y Sandro Martin. ─señala sus nombres en su documento.
─¿y qué se supone que debo hacer? ─pregunta confundida. Viendo su credencial que certifica que es de protección a la niñez.
─Debo ingresar a su domicilio y ver a los menores, entrevistarlo sobre los últimos acontecimientos, y asegurar su bienestar. ─señala la casa y ve a Luisa en la ventana, quien levanta su mano y saluda a su madre, pero la trabajadora social creé que la saluda a ella y responde el saludo. ─¿puedo pasar? ─pregunta y aún con ciertas dudas, ella le permite el paso.
─Entonces... ¿necesito un abogado, o algo que esté presente? ─abre la puerta y le da paso a su casa.
─Para el juicio por la custodia, sí, pero si no tiene nada que ocultar, ni se comprueba maltrato, será innecesario. ─dice mirando minuciosamente todo a su alrededor.
─Entonces... no estoy en problemas, y tengo todas las de ganar y quedarme con la custodia de mis hijos, ¿no es así? ─pregunta y la mujer no dice nada, solo pasea por la casa con total confianza.
─Mi trabajo es revisar el lugar, hablar con los niños, y pasar el reporte a las autoridades pertinentes, son ellos quienes deciden qué hacer y que no. ─dice sin poner su mirada en ella.
─Luisa y Sandro. ─llama a sus hijos, y salen corriendo a su llamado, incluso Jota.
─Buenas tardes. ─dicen al unísono los tres al ver a la mujer sentada en medio de la sala.
─¿Y usted, los deja solos muy seguido? ─pregunta al notar que está empapada.
─Solo cuando va a trabajar. ─dice Sandro enseguida.
─Y cuando se fue de viaje me quedé con Sabrina. ─participa Jota, aunque a él nadie le ha preguntado nada, él está allí.
─¿Hizo algún viaje recientemente? ─pregunta mientras observa a los niños, cómo interactúan entre ellos y su madre mientras hablan.
─Hace meses atras hice un viaje por cuestiones laborales, y no salió tan bien como quería. ─respondió mirando fijamente a la trabajadora social.
─¿Y su trabajo es...
─Es escritora. ─dice Sandro entusiasmado. ─Le pagan por hacer libros, por que la corrieron del trabajo de cuidar niños porque...
Un codazo nada sutil de su hermana lo frena de hablar, pero la mirada insinuante de la trabajadora social no se hace esperar.
─¿cuándo fue la última vez que tuvo un empleo fijo? ─pregunta sin dejar de ver a Luisa, después de lo que ha hecho pone atención extra.
─Hace unas semanas atrás, pero ya estoy buscando empleo ahora. ─asegura.
─¿puedo hablar solo con los dos niños?, si le parece bien, claro. ─dice mirando como ella aun tiene su ropa goteando agua.
¿Cómo es que todas las cosas que dice mi hijo siento que me hunden cada vez más?, si de él depende quedarme con la custodia, creo que ya voy perdiendo. Voy empezando y ya voy perdiendo.
─Me iré a cambiar de ropa, eso le dará unos minutos. ─dice y mira directo a las cámaras que se ha instalado mientras ella estaba en el hospital. Se asegura de que la trabajadora social las note.
Sandro habla sobre las cosas que le gustan, los juegos, lo mucho que se divierte jugando con los perros en el patio, habla y sin darse cuenta menciona más a Luisa que ha su madre, lo que indica que pasa más tiempo con su hermana que con su madre. Luisa por su parte, destaca todo lo que su madre hace, y cuando se ve acorralada sobre por qué su madre estuvo en el hospital, ella se limita a decir que su abuela quiso llevarse cosas de su madre y de ellos, por que su madre debió defenderlos.
─¿Se quedan muy seguidos solos? ─pregunta mientras Ángel sale.
─No, mamá pasa todo el tiempo con nosotros, y cuando sale de casa estamos bien siempre y cuando sea algo rapido, pero si se va a tardar, su amiga Sabrina se queda con nosotros, o Karina. ─añade su hija.
─Fernando también se queda a ayudar. ─dice Sandro. ─el es el amigo de mamá y la quiere mucho. ─dice y Luisa lo fulmina con la mirada.
─¿Y... Fernando es...? ─mira a Ángel.
─Fernando es el hermano de una amiga. ─dice su madre, antes de que Luisa se enoje más. Ella no ta que su hermano está siendo imprudente. ─Estuvieron en casa cuando recién compré la casa, y cuando terminé en el hospital. ─despeja todo posibilidad de malinterpretación.
─¿Tienen algún régimen estricto de estudios? ─pregunta viendo unos diplomas y fotografías de decoración en las paredes.
─Mis hijos tienen una sola obligación, estudiar, y es algo que ellos valoran mucho, no tienen que ser presionados para hacer tareas o trabajos. ─añade.
─Entonces, usted me dice que... ¿los niños son aplicados por que les gusta estudiar y ya? ─pregunta aún incrédula del hecho.
─¿por qué lo duda? ─pregunta sintiéndose ofendida.
─El señor Martín ha declarado que los niños son presionados con castigos severos, incluso llegando al matrato físico para obtener buenas calificaciones, y que esto ha sido así desde que entraron en el sistema educativo, y además fue una de las razones para la separación. ─dice confundida. ─Incluso en las declaraciones, su madre declaró que su hijo cayó en depresión cuando usted lo separó de los pequeños. ─añade sin entender nada.
Los niños la ven y se confunden con lo que ha dicho la trabajadora social, incluso la manera en la que Luisa la ve, cambia.
─Supongo que siempre hay dos versiones de la historia, y no importa lo que yo diga, o lo que él diga. Siempre serán las pruebas lo que demuestra quien miente y quien no. ─dice con cierto disgusto. ─¿Hay algo más que se deba saber?
─Sí. ─carraspeó incómoda. ─¿el señor Martín se ha hecho responsable de algún gasto adicional a lo que la ley lo exige? ─pregunta llenando otro formulario.
─El señor Martin solo pasa una mensualidad mínima de desempleo desde que se planteó la demanda de alimentos. ─aclara.
─En ese caso... ¿por qué recién este año fue posible que él pase tiempo con los niños? ─pregunta al levantar la mirada a ella, pero antes de que ella pueda responder la trabajadora social añade. ─El señor Martín...
─No me interesa escuchar las declaraciones del señor Martín. ─dice intentando ser sutil. ─he hecho todo por mis hijos, y he protegido tanto como he podido, muy a pesar de mis limitaciones. Y cuando digo que no me interesa lo que él declaró, es porque como le dije. Hay dos versiones, y sé que cuando sea el juicio podré dar mi declaración ante un juez, y que mis hijos por protección al menor no estarán presentes. Conocí al señor Martin lo suficiente para saber a dónde va con todo esto, y que fin espera. Y si de mi depende, mis hijos son libres de decidir, pero siempre los voy a proteger, incluso de ellos mismos. ─Aclara directa, y es evidente lo molesta que está. ─Si no tiene nada más que decir, le agradezco que termine esto. ─dice y la trabajadora social se levanta algo avergonzada. Camina a la puerta después de una corta y algo incómoda despedida con los niños, quienes regresan a la habitación para bañarse, ya que es casi es hora de la cena.
─Señora, entiendo muy bien su posición, pero quiero asegurarme de que entienda. ─dice de pie en la puerta. ─He hecho esto por más de diez años. Se ve que están bien, lo sé porque no la ven con miedo, ni se cohíben al estar o no presente, pero su ex esposo...
─Le diré algo. ─dice al salir, cierra la puerta y no es sino hasta que estan el la puerta cerca de la calle que ella continúa. ─No fui su esposa, nunca nos casamos. El padre de mis hijos fue una persona que me causó mucho daño, y sé que de vivir con ellos, mis hijos lo sufrirían tambien, es lo unico que intento evitar. ─aclara.
─Y le creo. ─asiente. ─Pero su pareja tiene una esposa, una hija y ha declarado la disposición de que los niños vivan con él, ya que considera que usted lleva una vida un poco descarada. ─advierte. ─busque un buen abogado, un buen empleo, y solucione para que los niños pasen el menor tiempo posible sin supervisión adulta. ─dice y ella asiente en agradecimiento.