Charles nota la manera tan perdidamente ilusiona que lo ve Diana a Edward, para él era bastante obvio lo que ella hacía allí, así como para el abuelo, pero él era el único que parecía no notarlo, o simplemente estaba tan ensimismado y pensando en Angel que no le había dado tiempo de ver más allá de lo que decía.
─Si tu confias está bien, pero yo no, y ésta área está cerrada por mi, sabes que lo último que quiero es un escándalo del que seguramente tu padre sacará ventaja. Así que... ─le entrega un bolígrafo a Diana, quien solo ve por los ojos de Edward y espera que haga o diga algo.
Es casi como si ella le suplicara con la mirada, que no la dejara firmar ese papel, pero Edward confía más en su abuelo que en ella, así que asiente.
─Si no te molesta... ─intenta no ser grosero como su abuelo. ─es una simple formalidad. ─dice y ella asiente.
─Si esto te hace sentir mejor, y me permite estar a tu lado para apoyarte, o simplemente hacerte compañía, está bien para mi. ─sonríe.
─Bien. ─interviene Charles. ─para que no haya malos entendidos, usted señorita Diana Sher, no puede divulgar por ningún medio físico o virtual, ni hablar nada de lo que vea, escuche, note o presencie mientras está con el señor, además de decirle que de hacerlo, será demandada por dos billones de dólares. Sin importar el contexto de cualquier explicación, no puede insinuar, ni actuar de manera que se dé para conclusiones respecto a lo que sucede, ya que el estado del señor no solo es discreto, es algo que para el ojo público no sucede. ─dice algo incómodo, ya que él y Edward eran muy buenos amigos, y él fue quien se acercó a ella para que ellos dos fueran amigos. Había una vieja amistad entre ellos antes del accidente, y el que ahora deba recitar unas de las pocas cláusulas del acuerdo de confidencialidad, era algo por demás incómodo.
─entiendo. ─asiente amable y sonriente.
─Eso incluye a mi padre. ─añade él. ─nadie puede saber, ni siquiera él, sobre mi estado, no importa cuánto insista en saber. ─dice enfático.
─Bien. ─se levanta el anciano. ─las visitas terminaron, vuelva dentro de una semana, o no. Como le sea más cómodo. ─dice casi sacando a empujones cuando a terminado de firmar el acuerdo.
─Abuelo... ─ lo regaña Edward incómodo, pero no ha podido evitar reír como lo que ha hecho. Ya que su abuelo se apoya todo el tiempo en el bastón, pero para sacar a Diana, no ha necesitado ningún tipo de ayuda, es más ha demostrado tener más fuerza de la habitual.
─¿Han hablado mucho? ─pregunta Charles sacando unas pastillas del cajón de la mesita tras ver su reloj.
─Espero que no tanto. ─dice el abuelo regresando al sillón.
─Es una amiga, era muy amable y no ha sido diferente ahora. ─dice Edward tomando su medicación.
─¿Y ella sabe que solo la vez como tal? ─pregunta Charles. ─la manera en la que te mira... ─niega con la cabeza.
─No me interesa como me mira, sé que es una gran amiga, y no voy a ser grosero como mi abuelo, solo porque cree que puede tener algún otro interés. ¿Acaso no me ven? ─señala todo su cuerpo. ─Estoy en una silla de ruedas, parezco un esqueleto de pescado y además estoy calvo, ¿creen realmente que alguien puede verse interesada en mí?, es halagador. ─musitó con sarcasmo.
─Eres tan guapo como tu abuelo, claro que llamas la atención, aún si estás calvo y delgado ─dice el anciano con gracia. ─que lo dudes me ofende. ─dice al recostarse con cuidado. Se coloca unos lentes oscuros al mirar la enorme ventana, el sol ha empezado a caer. ─Me gustan los atardeceres... ─suspira,
─Deberías estar con mi abuela, y no aquí conmigo. ─se lamenta al ver la manera en la que lo dice, es una mezcla de emoción y nostalgia. ─¿por qué no vas con ella?
─Tu abuela, mi esposa... ─sonríe. ─Hemos pasado tantos años juntos que debe estar agradecida de tener vacaciones de mi. Los atardeceres son igual de hermosos con ella o sin ella, pero admito que los disfruto más en su compañía...
Un simple atardecer, y las palabras de su abuelo dieron un vuelco pesado en su pecho, piensa en ella ahora más que nunca, lo único que desea es volver a verla, pero no quiere traerla a este lugar donde él no ha parado de sufrir intensos dolores, donde lo han reanimado dos veces, y le han puesto un aparato para evitar seguir picando sus manos, los moretones cubren cada parte de cuerpo, y su larga cabellera se ha ido. No quiere traerla a este mundo donde cada día es un desafío para él, donde de estar ella, sabe que sufrirá mucho viendo luchar por su vida, y sufriría aún más al no saber si todo eso servirá de algo.
Cierra los ojos y una sonrisa aparece en su rostro. Su imaginación, sus recuerdos es el único lugar donde puede verla sonreir junto a un atardecer y estar a su lado, sin el dolor y la incertidumbre de lo que pasará.
─No pude verla en su graduación. ─dice de la nada aún con los ojos cerrados.
Charles y el abuelo se miran entre sí en silencio, no entienden nada, ni el porque lo dice, solo lo ven sonreir con los ojos cerrado.
─Ella se graduó por fin. ─abre los ojos y ve el atardecer, pero ella no está. ─seguramente ahora debe estar estudiando algo más, aunque no ha vuelto a escribir libro... ─suspira con dolor. ─supongo que gracias a mí, odia escribir ahora. ─sonríe con sarcasmo.
─Si la quieres aquí... ─rápidamente interviene Charles.
─No. ─niega con una sonrisa. ─Todo lo que vio la última vez que la vi, su furia hacia mi..., lo que dijo y cómo estaba. ─mira su anillo. ─ella debe odiarme, yo siempre fue inestable con ella, un vaivén de mis frustraciones, que no me sorprende que no volviera, que no se negara a irse, o que lo primero que hiciera al enojarse fue irse. Es así como debió ser, así siempre fue el plan.
─Eso no lo sabes... ─insiste Charles. ─si me dejas...
─Discutimos, lo hicimos más veces de las que estuvimos juntos, ¿qué sentido tiene? ─gruñe frustrado.
─Tu abuela y yo... ─supira su abuelo. ─discutimos tantas veces, casi cinco veces por dia despues del matrimonio. ─se voltea a su nieto. ─a mi gustaba el lado izquierdo de la cama y a ella también. A ella le gustaba el café frío, yo no puedo ni verlo. A ella le gustaba la luz natural desde antes de despertar, y yo... bueno, no me gustaba la naturaleza, en sí, pero...
─Tu eras un hombre sano desde que la conociste, no odiabas al mundo y a tu padre, no recientes culpas y responsabilidades que llegaron de la nada un dia y se quedaron en ti. Tu no...
─Tienes razón. ─lo detiene al notar que empieza a enfureces y cuando lo hace se cierra y se niega a ver a cualquier persona por horas, y en el estado que esta no es conveniente. ─Cuando yo me casé con tu abuela... fue la primera vez que la vi. No sabía nada de ella hasta que el sacerdote dijo su nombre, pero al ver sus lágrimas, aterrada de que sus padres se hayan equivocado al escoger esposo, fue como sentir un puño en el pecho, así de la nada. Yo a esa edad estaba acostumbrado a los golpes físicos, soy varón y siendo el cuarto de quince hermanos no fue un problema, pero aún sin saber nada de esa hermosa mujer, me afectó verla llorar.
─Abuelo...
─Entiendo lo que haces y por qué lo haces. Lo entiendo porque yo tambien fui tú. La amas y harías lo que sea por no verla sufrir o llorar por ti, pero ¿te has preguntado cómo está ella? ─pregunta y él niega con la cabeza.
─Quiero creer que está bien, que sigue vida sin mi y tal vez...
─¿Y si por tu silencio ella ha continuado su vida, encontró a alguien más o se refugió en los brazos de alguien más?, te has preguntado eso? ─dice esperando que él reaccione, y le permita buscarla y decirle lo que sucede.
─Si rehace su vida con alguien más tan pronto, significa que lo nuestro realmente no fue tan importante para ella como lo fue para mí, y si es así... ¿acaso serviría de algo que yo lo lamente? ─se voltea a su abuelo. ─La amo, abuelo. Amo la persona que fui cuando estuve con ella, quería vivir, quería una familia, quería todo para un nosotros, pero si yo me equivoqué, y ella no llegó a sentir lo mismo, ella perdería eso. Yo no. Amé tan intensamente en unas semanas de lo que he llegado a amar en toda mi vida. Yo. Y eso es solo mío, yo tengo eso, y yo decido guardar y atesorar eso. Y si ella me amó, ¿de qué servirá que ella venga aquí, esté conmigo y cuide de mí?, ella no puede darme la eternidad, ni la salud que necesito. Aveces querer no es suficiente, y el que ella vea como yo agonizo no es algo que quiero. Incluso si rehace su vida, si con eso es feliz, yo moriría en paz. ─dice regresando su mirada a la ventana. El silencio reinó en la habitación.
Sin importar cuanto él la extrañase, cuanto él anhelaba estar con ella, o incluso las muchas veces la llamaba en sueños. Charles y el abuelo no podían hacer nada para saber de ella, o buscarla, le habían dado su palabra a Edward.