Mi mundo

1476 Words
He perdido. He perdido tanto y más a lo largo de mi vida, perdí mi lápiz favorito cuando entré a la escuela y empezaron a hacerme bullying, perdí el perro que mi abuela me regaló el primer día que llegó a casa, a mi madre no le gustaba nada que me hiciera feliz, perdí a los primeros gatitos que encontré en manos de mi padre, aunque mi padre estaba ebrio y tambaleante, fue fácil darme cuenta que no le gustaban los gatos, ya que estrelló a tres gatitos bebés contra la pared una y otra vez hasta que dejaron de moverse. No le importó mi llanto y mis súplicas, años después a mi tampoco me importaron las suyas. Perdí mi infancia a manos de varios hombre cercanos a la familia, perdí a mi hermana mayor el día que decidió callar el intento de abuso s****l de su marido con cinco dólares, y con una amenaza de suicidio. Perdí a mi otra hermana el día que le avisó a mi ex marido que estaba embarazada de Jota y le dijo al padre de Jota donde vivía y así pudo encontrarme para intentar asesinarme. Perdía Edward, el amor de mi vida y a Emma, mi pequeña y frágil pequeña, y es el dolor más intenso que he sentido en mi vida. Perdí mis cosas, perdí mi futuro, mi infancia, mi fe en los demás, mi amor propio y mi estabilidad emocional en manos de mi ex pareja, en manos de mi madre, y ya ha sido mucha pérdida. No quiero seguir perdiendo más, no quiero perder más. Mi ex pareja me quitó mucho, además de mi libertad, mi madre me obligó a empezar una y otra vez y no importa cuantas veces la perdone ella se esmera en que siempre haya que perdonar, pero mis hijos. No voy a perder a lo único que le ha dado sentido a mi vida. Ya sé lo que es perder un hijo, y no lo voy a permitir. Sé quien es Khal, sé lo cruel y despiadado que puede llegar a ser cuando las cosas no son como él quiere, y no voy a exponerle mis hijos de esa manera. De pie frente a la puerta del juzgado, Ángel está por colapsar, hace tres meses que fue la primera visita de la trabajadora social que no ha podido dormir, o comer bien. Todo esto ha empezado a afectar su salud y su cordura, por lo que se ha visto obligada a sentarse para desplomarse frente a todos. Lo único bueno de esto es que mis hijos están en casa, cuidados y protegidos de ese estúpido virus que dicen que está en el mundo, ese estúpido virus que nos obliga a usar cubrebocas, gel antibacterial y ropa especial. Khal llega con sus padres, y un abogado, por el contrario, Ángel está sola y asustada esperando el momento de pasar, Khal no ha dejado de verla de manera insistente, después de un par de minutos se atreve a acercarse a ella. ─¿cómo estás? ─musitó discreto al sentarse junto a ella. Apenas se puede escuchar por el cubrebocas, pero aún sí ella lo evita. Ángel se levanta enseguida en cuanto él empieza a hablar y se aparta lo suficiente como para poder respirar sin sentir asco por todo lo que él representa, aunque el cubrebocas lo dificulta mucho. Puede sentir las miradas de odio de los padre de él en ella, por lo que mantiene su mirada fija en el suelo. ─Señora Torres. ─sale el guardia que custodia la entrada. ─Señor Martin. ─dice en voz alta y ambos levantan la mirada a él. ─pasen por favor. ─hace un ademán y todos pasan. ─Señora Torres, ¿tiene conocimiento del por qué está aquí? ─pregunta y ella asiente. ─Bien. ─se acomoda en su asiento mientras a su vez que abre el expediente que se abrió con su nombre. ─Estamos aquí para decidir el bienestar de los menores Luisa y Sandro Martin, de trece y diez años respectivamente, ya que su padre el señor Kahl Martin ha solicitado a custodia, ya que teme por el bienestar de los menores. Y cito; "me preocupa su bienestar emocional por el constante cambio de parejas de su madre" ─dice levantando la mirada a ella, se puede sentir que la juzga con la mirada. ─Eso... ─balbucea enojada. ─señora Torres, las declaraciones son por orden, cuando se le avisará cuando hacerlo. ─dice tajante la juez. Ante este evento que parece que los padres y Kahl disfruta, ella solo guarda silencio. Se puede ver cómo gesticulan bajo el cubrebocas. ─Según las declaraciones del padre; los menores son expuestos a un entorno de violencia constante, cambios de entorno, sin hogar estable, además de los constantes abuso de su progenitora que por sus antecedentes familiares y entorno violento, ha continuado sus patrones con sus hijos... ─continúa con las vastas declaraciones falsas en su contra por un largo rato. ─además de los cambios de institución. ─levanta la mirada a Kahl, quien se ve afligido, pero Ángel sabe que es falso. ─¿Algo más que quiera añadir? ─pregunta a Kahl. ─Ella es violenta, y agrede a nuestros hijos, no me ha dejado verlos a lo largo de estos años, por eso me pareció extraño que me permitiera verlos para las fiestas de fin de año, luego cuando hablé con mi hija, ella no dijo nada, la tiene asustada, por el contrario mi hijo Sandro, él pudo dejar su miedo a un lado y habló conmigo sobre cómo su madre los dejó con la mentira de que se iba por trabajo, pero jamás hubo tal cosa. Pensé que a lo mejor algo salió mal y lo lamenté, pero mis hijos dejaron de hablar conmigo, Luisa no contestaba mis llamadas, era constante antes de eso, pero cuando hablé con mi hijo el más pequeño, me dijo que su madre estaba en el hospital porque perdió a su hermanita, a solo meses de haber vuelto, era obvio que no fue por trabajo su viaje, fue por placer. ─dice mirando a Ángel con desprecio. ─¿qué clase de madre deja a sus hijos regados para irse en busca de un hombre? ─espeta con asco y repudio. ─¿Sabe que tiene un tercer hijo, que nadie sabe de donde salió? ─Señora Torres, dígame. Según las declaraciones usted aleja a sus hijos del padre, se cambia de casa constantemente, y ha evitado que el señor los vea. ¿Cuál es su versión de eso? ─pregunta cerrando la carpeta, después de ver un par de segundos a Kahl. ─Yo... ─balbuceó aterrada de todo lo que había escuchado en su contra. El aire es escaso, sus manos empiezan a temblar, aunque intenta hablar no puede decir una sola palabra, no consigue soltar una palabra, su ansiedad empieza a ganar terreno sin importar lo mucho que ella se esfuerza, muerde su labio superior con fuerza hasta hacerlo sangrar, y no es sino hasta que la jueza lo ve en su cubrebocas que todos se dan cuenta. ─¡Está sangrando! ─dice pidiendo con una ademán algo con que ayudar al ver su cubrebocas ensangrentado. ─tomaremos un receso. ─dice y Ángel aprovecha para salir casi corriendo del lugar a los baños. Cierra la puerta y se deja caer sobre el suelo del baño rompiendo en llanto. Los voy a perder, no puedo perderlos, pero los voy a perder. él sabe lo que hace y yo debí saber que haría de todo para hacerme ver como una mala madre, y lo está consiguiendo, maldigo el momento en el que decidí decirle cómo fue mi maldita vida, lo ha usado todo en mi contra y ahora la jueza cree en cada una de sus mentiras, los voy a perder, ¡no puedo! sé lo que él hará, sé cómo y para qué usará a mis hijos, y no lo voy a permitir. No puedo creer que me estoy rindiendo mucho antes de pelear, no puedo... Se levanta del suelo aún temblando tambaleante, apenas puede respirar, pero se mantiene en pie, al salir, al abrir la puerta del baño se encuentra con su reflejo, una version pálida y demacrada de sí misma. Se ve que ha dejado de comer y dormir como se debe, además del estrés de seguir en el curso para su nuevo trabajo, el control de armas, condición física y psicológica la tienen exhausta, pero aunque aún no tiene el trabajo, espera poder conseguirlo, y que eso no sea perjudicial para ella. ─Entren, por favor. ─dice el custodio de dando comienzo a la audiencia. ─¿se siente mejor? ─pregunta la jueza poniendo su mirada en ella. ─Si, gracias. ─dice con recelo, aguanta la respiración tanto como puede para responder sin demostrar que se está ahogando allí sentada. ─Su declaración, por favor. ─dice y con esto le da la palabra a Ángel.
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