Sentada en la oficina de la directora del centro infantil, con el padre de Fernando frente a mi, dos abogados de ellos, la directora, Claudia, y las otras dos mujeres que trabajan en el centro, pero todos me ven como si yo fuese la apestada, siento que el mundo se me viene encima, admito que me estoy acobardando, arrepintiendo de haber hablado, pensé que el tema se quedaría allí, y no importaria, total, ya estoy despedida, o eso dijo la mujer.
─Dígame. ─le da la palabra a la directora.
─Señor, lo último que quería era molestar, pero la señora Torres ha sido muy irrespetuosa con el personal, no se adapta a los demás, es irrespetuosa con sus compañeras, y es algo que hemos tolerado por consideración y empatía, ya que fue su hijo quien la trajo y la señora aquí presente. ─señala con desdén.
─Eso no es... ─intenta defenderse, pero el abogado levanta su mano y ella se detiene avergonzada.
─se ha jactado de su amistad con su hijo, por lo que hemos querido evitar problemas en sí, pero el dia de hoy, la señora intentó hacer un escándalo, dejando su puesto de trabajo, descuidando a sus niños, para levantarle falsos a una de nuestras colaboradoras. ─señala a Claudia.
─Señor. ─señala el hombre a la mujer en mención.
─Además de todo lo que ha dicho la señora directora, el día de hoy me encontraba calmando a un pequeño bebé, cuando la señora llegó y tiró de mi brazo para arrancarme al niño de los brazos, alterando a los demás niños, y fue cuando la directora intervino. ─asegura con la mirada al suelo, fingiéndose abrumada.
─Señora Torres. ─dice tras un largo suspiro. ─Conozco a las personas que trabajan para mí, además de pasar por un largo proceso de selección, algo que claramente no sucedió con usted. Ya que usted ha sido contratada por recomendación de mi hija.
La sonrisa burlona de la directora no se hace esperar, al igual que la mirada altiva de Claudia.
─Nosotros no solo nos consideramos un equipo de trabajo, la señora Meyer, no solamente es una persona sumamente calificada para el empleo, sino que es una madre de familia, esposa, cabeza de hogar de un muy buen hombre también. Quiero creer que esto se ha tratado de un mal entendido. ─dice tendiendo la mano, a lo que los abogados entregan una carpeta.
─La señora quería levantar falsos en contra del personal. ─dice la directora parándose un poco más cerca del señor. ─Por eso me vi en la penosa necesidad de avisarle. ─dice victimizandose.
─Señora Torres, como ya lo he dicho antes, contrario a usted, el personal...
─Lo lamento. ─interrumpe. ─No sé el historial que tiene usted con cada persona del personal, y sí reconozco que claramente aún no estoy "en papeles" calificada para cuidar niños...
─Señora Torres... ─intenta intervenir el padre de Fernando.
─Pero. ─dice levantando su mano, callando al hombre, haciendo que todos los presentes se muestran indignados. ─lo que sí sé, es tratar a las personas por igual, no encuentro diferencia alguna más que buenos y malos, y difiero totalmente con usted. ─saca su teléfono. ─Esta persona no está calificada para el puesto, no mentalmente ─deja reproduciendo frente a él, un video en el que se ve a Claudia empujando al pequeño.
El hombre mira a Claudia indignado, y pasa inmediatamente a la directoria.
─Yo no he visto cosa alguna, usted sabe... ─intenta justificarse la directora enseguida.
─Y eso no es todo. ─dice tomando su teléfono reproduciendo un audio, donde se escucha a Claudia y una de sus compañeras burlándose del cabello y el color de piel de los pequeños de manera despectiva.
Tras silenciar el audio, el silencio fue tanto como la tensión.
El anciano se echa para atrás en el asiento, rasca su barba indignado viendo a la directora, a Claudia y a Marcela, ya que al final, entre risas la menciona.
─Señora Torres, por favor, espere unos minutos fuera. ─dice mirando a sus abogados y estos asienten, mientras ella sale.
No sé qué va a pasar conmigo, lo que sí tengo claro es que no podía quedarme callada más tiempo, no importa si me despiden, después de todo tiene razón, no estoy calificada para este trabajo, pero ellas son unas desgraciadas.
De pie, fuera de la puerta de la oficina espera impaciente poder irse, ya casi con las seis, los niños deben estar en casa, sin saber qué pasó o dónde está ella. Aprovecha el tiempo llamando a sus hijos para avisar que llegará un poco tarde, y que llevará la cena.
La puerta se abre y tanto la directora, como Claudia y las otras compañeras pasan de lado de ella, ni siquiera la ven, a Claudia se le puede notar que ha llorado.
─Pase por favor. ─Se escucha desde dentro, por lo que ella entra enseguida.
─Tome asiento, por favor. ─dice el señor Villanueva, señalando el asiento frente a él. Mientras los abogados se retiran.
─Señora Torres. ─carraspeó incómodo, acomodándose en su asiento. ─Quiero ofrecer disculpas por la manera en la que fue abordado el tema, y no voy a justificarme en absoluto. Agradezco que abordara el tema como se debía, ya que pudo ser mucho peor. Agradezco su valentía, y respeto totalmente su punto de vista, además de asegurarle que se llevará a cabo una investigación más exhaustiva y se darán las sanciones pertinentes... ─suspira incómodo. ─por otro lado, usted fue contratada como un favor para mi hija, pero al momento de abrirse una investigación resaltará su contratación, además de ser irregular, es injusta ya que usted ni siquiera ha culminado la secundaria, por lo que me veo en la obligación de prescindir de sus servicio. De antemano agradezco infinitamente por sus servicios, y además decirle que si decide hacer una carrera en el cuidado infantil, es más que bienvenida.
─Entonces... estoy despedida. ─sonríe incómoda y avergonzada.
─Se le cancelará su sueldo completo, además de una compensación por lo sucedido. Su despido es de acción inmediata. Por lo que al salir, deberá entregar todo lo que se otorgó en la empresa, además de facilitar las pruebas para la denuncia pertinente.
─¿No le parece injusto? ─pregunta indignada. ─Yo denuncio el maltrato a los niños, ¿y yo soy la despedida?.
─Señora Torres. ─deja de lado la carpeta. ─Entiendo perfectamente su posición y me disculpo nuevamente por la manera en las que se dieron las cosas, pero siendo honestos, usted no está calificada para este puesto. Está claro que las mujeres que contraté no son moralmente correctas, pero están calificadas para el puesto. Y por mucho que me gustaría conservarla, solo pondrá en duda el proceso de selección del personal. Espero pueda entender, y entregar las grabaciones, además de firmar un acuerdo de confidencialidad, que será entregado con el cheque de liquidación, e indemnización por los daños y perjuicios a su persona. ─se levanta. ─No es personal. Usted me agrada y agradezco su amistad con mis hijos, pero los negocios son un punto aparte, espero sepa comprender. ─dice y ella aun apenada por perder el empleo, y enojada con las causantes de todo eso, asiente.
Después de todo, la vieja infeliz de la directora tenía razón, y se salió con la suya, me despidieron.
─Claro. ─se levanta y está por salir, cuando llega Fernando.
─¿qué pasó ─pregunta, pero ella no dice nada, y solo pasa de lado, lo único que quiere es llegar a su casa y ver a sus hijos. Después de todo, no hay nada que pueda hacer, más que salir el día siguiente a buscar empleo nuevamente.