Conservado

1618 Words
─¡¡Hola!! ─grita Sabrina emocionada al verla, en su puerta. ─¡¡Mami!! ─grita el pequeño Jota corriendo a su madre y se lanza a sus brazos, está muy feliz de verla. ─Pasen... ─dice empujandolos dentro, ya que ha empezado a llover sin parar. ─¿cómo te fue?, ¡cuentame todo!. Luisa y Sandro saludan a Sabrina y su hija muy entusiasmados, parece que a la única persona que parecen odiar por el momento es a su madre. ─Vayan a ver televisión al cuarto mientras nosotras conversamos, cuando esté la comida yo los llamo. ─dice y todos se van, dejándolas solas. ─Se ven molestos. ─señala con la mirada a sus hijos. ─¿qué pasó? ─Su papá. ─Esa rata de agua puerca, ¿ahora que hizo? ─pregunta revisando la comida. ─Nada que no esperara ya. ─se sienta frente a la cocina. ─le dijo a mi hija que se si iba a vivir con él, tendría un cuarto. O de lo contrario, compartiría cuarto como la visita que es, aunque dudo mucho que se lo dije exactamente así. ─resopla con hastío. ─pero... ¿no dice que él no los trata mal?, ¿por qué no los dejas viviendo con él? ─pregunta al verla tan afligida. ─Por que sé que tarde o temprano lo hará, y odio la idea de eso... prefiero ser yo quien le rompa el corazón a mis hijos... ─Pero, a ti te pasa algo más, no es solo tu hijos, ¿que fue lo que paso en ese viaje?. Primero me llamas y dices que las cosas salieron mal, luego dices que ya sabes como solucionarlo, pero al final regresa, y te ves tan triste, tus ojos me dicen que has llorado, ¿que tienes?, y ya ni hablemos que te dispararon por allá. ─Eso... ─evade mirarla. ─mejor dime, ¿cómo se ha portado Jota? ─pregunta cambiando el tema, se escucha a los niños reír mientras ven televisión. ─Sabes que... quédate a dormir. ─dice casi como una súplica. ─vamos a comer, le daremos a los niños de comer y cuando se acuesten sacaremos un vino y conversaremos... ─No yo... ─De eso nada. ─la calló. ─Yo vi irse de aquí a mi amiga con una gran sonrisa, llena de ilusiones y metas, y ahora ese tonto viaje me regresa a mi amiga, con los ojos rojos, nariz brillosa y la mirada más triste que jamás vi, y tú sabes que te he visto triste. ─dice ella solo asiente. En el fondo sabe que ella también lo necesita, hablar, desahogarse. Tal como lo ha dicho, después de cenar, todos los niños arman una pijamada improvisada en la habitación de la hija de Sabrina, con películas de superhéroes, se divierten mientras Sabrina y Ángel ven televisión. ─¡y tu esposo cuando va a volver? ─pregunta viendo una foto familiar pegada con un imán en la nevera. ─según me dijo en la mañana, su equipo se regresan a mitad de la semana que viene, pero él se queda hasta el fin de semana, porque tiene que esperar que le envíen el reporte después de revisar todo. ─pero... ─la señala amenazante mientras va a revisar a los niños, ya que no se escuchan más las risa y discusiones de que superheroe es mejor que el otro, solo para confirmar que ya todos duermen. ─¿están dormidos? ─pregunta viendo sus cosas y las de sus hijos resumidas en bolsos pequeños gracias a la crueldad de su madre. ─Sí... ─camina directo a la nevera y saca el vino. ─y tú, y yo, tenemos mucho de qué hablar. ─dice llevándola con ella a la sala, sentándose en el suelo, sobre la alfombra. ─empecemos por lo obvio, ¿qué pasó con el libro?. ─pregunta mientras llena un vaso con vino. ─pues... La historia es muy corta en verdad, resulta que el libro que yo escribí, era similar a la vida un estúpido niño rico, y su padre me demandó. ─suelta con ironía tras beber todo el vaso. ─¡Hay juemadre!. ─dice sirviendo más, y para ella también. ─empezamos fuerte. ─Pero ¿por qué te demando?, si se supone que tu no sabías, ¿o sí? ─Es porque sus leyes son como las nuestras, el ignorar que es un delito, no te salva de la cárcel. Y me dijeron que si no pagaba tres millones de dólares iría presa. ─O sea, que en lugar de pagarte y hacerte famosa, casi te encarcelas, y te hacen famosa, pero por delincuente. ─dice a modo de broma. ─Pues si... ─bebió de nuevo todo el vaso, busca emborracharse rápido, no se quiere sobria, no lo tolera. ─Pero ¿cómo te libraste de eso? ─pregunta levantándose por una botella de algo más fuerte. Mientras Ángel al ver la botella, pica limón en trozos y los coloca en un plato con una pequeña montaña de sal en el centro. ─Pues... me casé. ─dice y saca de su bolsillo la alianza de matrimonio. ─¡¡¿qué?!! ─da un brinco de la impresión. ─¡no me jodas! ─grita entre risas. ─¿estás loca? ─Pero fue mentira, fue un estúpido matrimonio falso para evadir la demanda. ─¿y con quién te casastes? ─pregunta aún sin salir del shock por la noticia. ─¿Recuerdas el estúpido niño rico? ─pregunta dando un sorbo difícil de tragar, pero que es disuelto con sal y limón. ─¡¡No...!! ─dice con expresiones tan exageradas que hace a Ángel estallar de risa. ─Pero todo fue falso, de hecho, al regresar descubrí que había salido con una hermosa pelirroja en un restaurante elegante, debiste verlos... ─Entonces regresaste, sin esposo falso, sin dinero, sin casa... ─balbucea con pena, pero ya está ebria, al igual que Ángel. ─Eso no es lo peor, sino que mi madre sacó todas mis cosas de la casa para que mi hermana vive allí... ─sonríe, pero una lágrima cae por su mejilla. ─Yo se que es tu mamá, pero que vieja mas hijueputa, ¿que le pasa por la cabeza a esa mujer? ─dice molesta dando otro sorbo, al igual que Ángel, pero ya lo hacen con tanta facilidad como si fuese agua. ─No me sorprende, ella es así, lo ha sido toda mi vida, ¿por que sería diferente ahora? ─¿y qué piensas hacer ahora? ─dice con tanta seriedad como su embriaguez se lo permite. ─Yo puedo... ─sonríe mirando la alianza. ─yo siempre puedo. ─¿podrías vender el anillo? ─mira y las dos se quedan mirando intentado descifrar una respuesta en su cerebro intoxicado de vino y whisky. ─¿cuánto creés que nos den por él? ─pregunta tratando de verlo fijamente, pero su embriaguez hace que vea dos. ─A ese, no se. ─señala el anillo Sabrina. ─pero por ese... ─señala a un costado. ─creo que mucho dinero. ─balbucea. ─pero si lo vendo me quedo sin nada de él. ─dice con un puchero, las lágrimas salen sin mesura. ─podrías vender uno, y te quedas con el otro. ─señala al aire. ─No puedo... ─niega con su cabeza poniéndose el anillo. ─con mis fachas y este anillo, ni en un millón de años pensarían que es mio. Mínimo creén que lo robé y me llevan presa. ─dice mirándolo. ─Pero tu tienes algo más, dime... ¿qué pasó? ─Haza sabido algo de Fernando? ─¿El hermano de Karina? ─desvía el tema. Ella no puede hablar de Edward sin sentirse una idiota, así que evitará el tema a toda costa. ─el cocina muy rico, tengo hambre. ─balbucea. ─no lo sé, ¿lo llamamos? ─dice con su teléfono en mano. ─No. ─niega abrazada a la botella mientras se deja caer sobre el sillón tras ella. ─Dice mi amiga que vengas, que quiere verte, y que le traigas comida. ─dice al teléfono antes de colgar entre risas. ─Estás loca, ya deberías irte a dormir. ─dice levantándose con cuidado. ─yo me quedaré a dormir en el sillon. ─señala mientras la ayuda a levantarse. ─vamos... ─Pero yo también quiero comer... ─reniega cual niña pequeña mientra ella la lleva a su habitación. ─Mañana por la mañana, te prepararé un rico desayuno, ahora ve a dormir. ─dice dejándola caer sobre la cama. ─ahora duerme pequeña, yo iré al sillón. Camina al sillón para acostarse mientras se quita el anillo y lo deja sobre sobre el mesón de la cocina, pero tocan la puerta. Ella no lo piensa mucho y la abre, solo para encontrar a Fernando en la puerta, con una pizza en sus manos. ─La señora Sabrina me dijo... ─Sé lo que te dijo. ─dice saliendo de la casa y cerrando la puerta tras ella. ─¿Estaban bebiendo? ─pregunta con gracia. ─Sí, un poco. ─mira a su alrededor, no hay nadie, todo es oscuro y silencioso. No puede evitar pensar en él, desde que llegó, aunque lo ha intentado todo el tiempo. ─¿tienes hambre? ─abre la caja de pizza. ─Disculpa por como te hablé la última vez, yo... ─Ya lo olvidé. ─sonríe al verla. ─¿cómo estás? ─No importa como estoy, lo que importa es que sé que va estar bien. ─sonríe dejando que la brisa de la noche calme un poco del dolor en su pecho. ─¿aún sigues comprometida? ─pregunta mirando al suelo. Ante el silencio de ella, él levanta la mirada y ella se lanza a besarlo, pero esta vez, él no la detiene, por el contrario, se deja llevar por aquel desenfrenado beso. ─Te amo, Ed... ─dice entre balbuceos, al darse cuenta lo que estuvo a punto de decir se aleja enseguida. ─Lo siento yo... ─intenta justificarse asumiendo que hizo algo mal, pero ella no le da tiempo, regresa corriendo a la casa y cierra la puerta tras ella.
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