No, definitivamente no

1433 Words
Definitivamente he perdido la poca fe en la familia extendida que alguna vez quise tener, mi madre hizo todo lo que ya sabía que haría, pero no esperé que lo hiciera de esa manera, así, enfrente de mis hijos, quienes también son sus nietos. ¿Por qué? ─se lamenta al despertar, y verse sola en el hospital. ─¿cómo te sientes mujer? ─dice Sabrina casi sin aire, por caminar muy de prisa, acaba de llegar con un par de ampolletas, que entrega a una enfermera que entra casi enseguida cuando ella lo hace. ─Me duele todo... ─se lamenta. ─¿cómo están mis hijos? ─pregunta enseguida. —Están bien, acabo de hablar con Karina y... ─se esmera en dejar ser delicada al decirlo. —¿Karina? —balbuceó viendo confundida su brazo con una aguja en él. —¿por qué Karina? —intenta entender porqué tiene una aguja en su brazo. —Cuando Luisa me llamó ella estaba en mi casa, sin querer escuchó los gritos de los niños aún a la distancia que estaba y se ofreció enseguida ir conmigo, no sabíamos que íbamos a encontrar, y cuando llegué y te vi en el suelo bañada en sangre yo no sabía qué hacer. Mi esposo te agarró como pudo, por que tú no reaccionabas, te subimos al auto y te trajimos al hospital no quise dejar a los niños solos, y tampoco a tí. Ella se ofreció a quedarse en tu casa para cuidar de ellos, ella pasó la noche con los niños. ─musitó. —¿Ella está en mi casa ahora? ─pregunta un poco confundida aún. Ángel está consciente de que fue golpeada por su madre y hermana, pero por una golpiza no te ponen suero, ¿por qué tenía uno ahora?, esa la tenía muy confundida, ya que era la primera vez que lo hacían. ─¿por qué tengo esto? ─pregunta señalando con la mirada su intravenosa. —Buen día... —entra Fernando con una manta y dos cafés, y una bolsa de farmacia con varias cosas en ella. —¿qué haces aquí? —pregunta ahora más avergonzada que confundida. —Karina me envió con esto, dijo que pasaría dejando a los niños en el instituto y luego a la oficina a ver un par de cosas que al parecer era muy urgente que tenía que hacer y qué pasaba apenas se desocupe, y que no te preocupes, que al mediodía ella pasaba por los niños. —dice evadiendo verla directamente. ─Lo agradezco en verdad, todo lo que han hecho por mi, yo no merezco tantas atenciones... ─musitó. ─duele un poco, pero para el mediodía yo misma podría pasar por ellos. ─sonríe, pero al moverse, todo su cuerpo duele, por lo que no puede evitar soltar un quejido ahogado. Sabrina no puede evitar verla con tristeza, parece que Ángel aún no lo entiende. ─No te muevas... ─musitó su amiga. ─esque pasaron un par de cosas. ─No se levante. ─entra una doctora, junto con el doctor de turno. ─Buen día ─dice el médico y todos intercambian saludos, pero Fernando sale enseguida dejando todo, apenas se despide de Ángel con una mirada y especie de sonrisa al salir. ─Señora Torres, mi nombre es Catherine Malard, soy obstetra, y seré su médico... ─¿qué? ─pregunta confundida viendo a Sabrina y a los médicos de manera aleatoria. ─¿no hay más médicos?, ¿por qué me atendería una obstetra?, fue una golpiza, con un par de pastillas voy a estar bien, ya sé cómo es esto. ─niega acomodando su manta. ─Espera, deja que la doctora hable... ─dice Sabrina acariciando la espalda de ella. ─Señora Torres. ─dice confundida. ─según su expediente usted tiene ya tres partos, todos naturales, ¿es así? ─pregunta mientras ve el expediente médico. ─Sí, así es, pero sigo sin entender, ¿qué tiene que ver eso con lo que pasó anoche? ─insiste intentando entender. No es la primera vez que Ángel termina en un hospital por recibir golpes, por lo que es bastante inusual que ahora sí haya una obstetra. ─Señora Torres. ─interviene el doctor. ─La noche de ayer usted ha sido ingresado al hospital por emergencia, por una aparente enfrentamiento con familiares, y se la atendió como tal, pero usted presentó un desprendimiento de placenta en consecuencia de lo sucedido, y... ─Espere. ─dice confundida y ahora enojada. ─¿Disculpe...? ─se miran los médicos entre ellos. ─¿usted dijo feto? ─pregunta con una sonrisa casi burlona, pero se contiene por educación. ─Así es... la noche de ayer, tuvimos que realizar un legrado de emergencia, ya que... ─Perdón. ─vuelve a interrumpir. ─creo que se equivocó de expediente. ─dice ahora sin poder disimular su sonrisa burlona, ya que por alguna razón su equivocación le causa mucha gracia. ─ese expediente no es mio. ─niega muy convencida de sí. ─No entiendo... ─dice, y ahora es el médico quien se ve confundido. ─Usted habla de desprendimiento y de un feto, y eso es imposible, yo no puede tener hijos. ─niega sin entender en absoluto. ─yo me operé después de mi último hijo, de hecho. ─levanta su bata y le muestra una pequeña cicatriz bajo el ombligo. ─tengo ésto que lo certifica. ─dice con gracia. ─no se preocupe, entiendo que están cansados y eso, cualquiera puede equivocarse. ─se acomoda mejor en la cama con una sonrisa nerviosa. ─Doctor. ─regresa la enfermera a la que Sabrina le ha dado las ampolletas, pero esta vez con varios resultados que le entrega al médico. ─Lo lamento, debí empezar por ahí. ─dice avergonzado. ─Señora Torres, al ingresar al hospital usted estaba embarazada, presentaba un feto de dieciséis semanas, sin importa los esfuerzos por mantenerlo, no había mucho que hacer y... ─No, usted sigue sin entender. ─insiste. ─yo me ligué, yo no puedo tener hijos, y ha sido así desde que mi hijo nacio, yo lo sabría... ─insite confundia, pero convencida de que ella debe tener la razón. ─Espera... deja que explique, yo tampoco entendí cuando lo dijo, pero ahora tiene sentido, lo tuyo. No fue agruras, estabas embarazada y no lo sabías... ─dice en un intento darle algún sentido a lo que ha dicho el médico. ─No. ─insiste. ─yo me operé y pasé mal por más de quince días sin poder comer todo lo que quería por la cirugía, o se me hubiese inflamado. ─reniega. ─Señora Torres, la derribaré con asistencia psicológica, además de la obstetricia, pero es un hecho que usted sufrió un desprendimiento de feto, por lo que debe mantener reposo por siete días, y en caso de que presente sangrado abundante, o éste continúe por más de tres días, debe volver. ─dice y retrocede un paso, dándole la palabra a la obstetra, mientras él le da indicaciones a la enfermera. ─Señora Torres, lamento su perdida, pero debemos hablar sobre los cuidados... ─¿cmo puedo estar ligada y estar embarazada, eso es imposible. ─insiste. ─Se ha presentado casos en los que pese a que hay una variedad de cirugías para no tener hijos y estas parecen ser efectivas, con el tiempo el cuerpo se regenera y de alguna manera, se desatan, se unen, se regenera en su totalidad, pero en su caso, pese a tener la cicatriz, según el análisis que se le hizo durante la madrugada, usted no presenta ninguna cirugía... ─No entiendo. ─niega ahora dudando hasta de su existencia. ─Usted ha dicho que se realizó una cirugía, y tiene una cicatriz, pero... ¿tiene algún documento, o algo? ─pregunta intentando ayudar. ─No... ─niega confundida. ─me mudé de casa hace unos meses porque tuve problemas, de hecho con las personas que me golpearon, pero además de eso, esos días llovía mucho y se mojaron mis cosas, y ese papel estaba ahí entre mis cosas, pero la cirugía fue hecha en otra ciudad, pero debe estar en mi expediente, por que fue en el hospital público, uno igual que este. ─dice y la doctora asiente. ─¿cuando fue eso? ─pregunta con incertidumbre. ─hace un poco más de seis años... ─balbuceó confundida por sus repentino interés. ─deme un minuto. ─dice y se lleva al médico con ella. Después de una par de minutos regresan. ─Señora Torres, si todo sale bien será dada de alta esta tarde, tiene derivación a obstetricia para revisión dentro de un par de semanas, y con psicologica. Además de eso, no tiene fracturas o hemorragia interna, lo que es bueno, así que además de los hematomas, todo parece estar bien. ─dice sin poder mirarla de frente, como lo ha hecho desde que llegó. ─¿Y qué pasó con mi ligadura? ─pregunta mirando a la obstetra.
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