Uno a la vez

1117 Words
Toda persona, creo que no solo yo, ha llegado a pensar que si ves algo que no está bien, harás lo que sea para impedir que continúe, pero la verdad es que cuando tienes el problema en tus manos dudas, aún más cuando tienes hijos, tengo tres y ahora solo puedo pensar que hay que ser muy desgraciado para causarle daño a un niño. Sabrina tenía razón, yo tenía que hablar, y debía hacerlo con o sin pruebas, sería sólo mi palabra contra la suya, por otro lado, están ellos, esos pequeños niños que vienen cada mañana dejados por sus padres que deben ir a trabajar, con la esperanza de que los cuiden con el mismo ánimo que ellos. Sin embargo, no es así, cuatro de esos niños estan siendo victimas de racismo, maltrato y negligencia, y no puedo esperar conseguir una prueba, o lo hago ahora, o me arrepentiré el resto de mi vida. ─Solo chilla. ─reniega petulante Claudia empujando bruscamente a uno de los pequeños mientras lo lleva al baño. Es aterrador, esos nervios, la adrenalina, la ira, a punto de dispararse fuera, pero es necesario. ─Déjelo. ─dice entrando en el salón. El pequeño llora y corre a Ángel enseguida aferrándose a su brazo. ─Ve a tu salón, ocúpate de los tuyos. ─Dice tomando al nilo por la camisa y tirando con fuerza. el pequeño apenas puede mantenerse en pie, no solo por que acaba de aprender a caminar, sino por la fuerza del tirón. ─¡¿qué sucede contigo?! ─toma al niño en brazos y la empuja. ─¿estás loca?, ¿qué haces? ─reniega la mujer intentando llegar al pequeño que no para de llorar. ─He visto lo que haces, y no está bien. ─dice aterrada por lo que hace. ─Él es peleonero, no le gusta ni que lo miren... ─espeta tomando a otro de los pequeños. ─¿qué sucede? ─entra la directora del lugar. ─¿qué es lo que pasa con usted?, ¿por qué grita?. ─le reclama a Ángel y baja al pequeño, que vuelve a llorar sin parar. ─usted debería a estar en su salón, cuidando a sus niños, no estar de entrometida con los de Claudia. ─Espetó molesta, no se ve preocupada por los pequeños. ─Ella los maltrata. ─señala. ─Los padres los dejan para que los cuidemos, sin embargo ella los hace llorar y los pellizca, ¿va a decir que no la ha visto? ─pregunta molesta viendo como Claudia se ríe en su cara. ─Señora Torres, usted está muy fuera del lugar. Los niños lloran al ser dejados por sus padres, cuando los lavan, cuando comen, es normal, son pequeños, se están adaptándose. Regrese a su salón, y deje de hacer escándalo. ─espeta casi sacándola de empujones. ─Es claro que usted es tan cómplice de esto como ella, y si espera que yo me quede callada, usted es la equivocada. ─camina de regreso a su salón. ¿Qué hago?, no me puedo quedar de brazos cruzados, ¿debo llamar a la policía?, ¿avisarle a Fernando?, ¿qué hago?, ¡joder! Saca su teléfono enseguida, llama a Fernando, pero este no contesta su teléfono, llama a Karina y sale apagado, pero hablar a la policía podría perjudicar a Fernando y Karina, ya que la empresa y las guarderías son de ellos, ese debate moral entre sus ahora amigos, o los niños que sufrían en silencio por el racismo de quien las cuida, llegaron a aturdir. Decirle a los padres de los niños no era opción, ya que ellos los retiran en la puerta y solo quien entregaba los niños hablaba con ellos, pero eso no la detuvo. ─Buenas tardes... ─llegó la madre de uno de los pequeños sonriente. Ángel sale corriendo para hablar con ella, pero la directora la detiene muy lejos de la puerta. ─¿qué creé que hace? ─pregunta tomándola del brazo con mucha fuerza. ─¿qué le pasa? ─tira de su brazo para que la suelte. ─los padres deben saber que aquí no los tratan bien, ese niño sufre. ─intenta apartarla. ─Señora Torres, está usted despedida. ─suelta tajante. ─Sé que el señor Villanueva entenderá, ya que no importa si es amante o se acuerta con su hijo, usted intenta perjudicar, así que, cuando todos los niños se vayan, usted tomará sus cosas, y se irá. ─Voy a denunciar todo lo que he visto, lo mismo que usted ve y decide ignorar, le puedo asegurar que no soy la única que va a ser despedida. ─regresa con sus niños. ─Son trabajadores. ─la vulve a tomar con fuerza. ─¿lo entiende?, los niños a los que tanto quieres proteger son hijos de pobres, trabajadores, simple empleados como tú. Te diré que va a pasar, denunciarán, los Villanueva usaran a sus amistades, y eso será todo, para ellos será solamente una charla de amigos, y nada más. ¿Sabes lo que será para los empleados de ellos?, se quedaran sin trabajo, intentarán sacar esto a la luz y eso solo será peor para ellos, ¿quién crees que ganará el juicio?, los pobres demandan, ponen todo su dinero para un pésimo abogado que solo les sacará dinero y volverá a su igual mediocre casa rentada. ─Claudia no debería estar a cargo de niños tan pequeños, de ningún niño de hecho. Ahora entiendo porqué ninguno de los niños quiere volver a ese salón, ella los ha maltratado todo el tiempo, es grosera, les habla feo y los trata mal, eso sin contar que les dice negros, ¡ni siquiera es capaz de llamarlos por su nombre! ─Son solo niños, ellos no saben nada. ─reniega con una sonrisa burlona. ─Te diré quién es Claudia, ella fue la primera en su clase, colegio, universidad, incluso en cada capacitación que se ha dado ella tiene el mejor puntaje, niños que han estado en su cuidado se convierte en los mejores de su clase. ─añade hastiada. ─¿Y cuántos de ellos eran niños de color? ─reclama furiosa. ─Te creés la gran cosa por que te acuestas con el hijo del dueño, pero ¿qué es lo que pensará el padre?. El no va a creerte, y se encargará de que nunca vuelvas a conseguir empleo. ¿Segura que aún quieres perjudicar a tu amante?, ¿o creés que nadie lo notó? Te revuelcas con el hijo del dueño y crees que ya puedes hacer todo. ─la ve con desprecio. ─No soy la amante de nadie, y no me quedaré callada. ─espeta cruzándose de brazos. ─Bien, quiero ver quien va a creerte. ─dice regresando a la puerta, sólo para asegurarse de que ella no hable con nadie, más que los padres de los niños que debe entregar.
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