Sobreprotector

1026 Words

Dos semanas después. Freya abrió los ojos con lentitud, sintiendo primero el olor: café recién hecho, pan tostado y algo cítrico. Después, la suave presión de una manta sobre su cuerpo y el murmullo de pasos en el pasillo. No estaba en un hospital. Pero tampoco estaba sola. —¿Todavía sigues molesta? —preguntó Enzo desde la puerta, con la voz ronca y los brazos cruzados sobre el pecho. Tenía cara de no haber dormido en toda la noche, y también de estar preparado para discutir con quien hiciera falta, incluso con ella. —Depende —dijo Freya, incorporándose despacio— ¿Piensas seguir amenazando a todas mis enfermeras? —Solo a las que intentaron mover tu pierna rota como si fuera de goma —replicó él, entrando en la habitación con paso firme— Y a la que quiso cambiarte el suero sin avisarme

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