Los meses continuaron avanzando y en el proceso, fui aprendiendo a convivir con el sentimiento de pérdida, logrando superarlo casi por completo.
Aún me siento triste cuándo pienso en lo ocurrido hace tres años, sin embargo, han pasado muchas cosas desde entonces y mi corazón ha logrado superar la tristeza que sentía.
De cierto modo, debo agradecerle a Martín, como Derek no estaba en condiciones de cuidarlo, tuve que aprender a tratar con niños y, por consiguiente, mi atención estaba plenamente en el pequeño príncipe.
Sé que no es mi hijo, no debería preocuparme lo que le ocurra, sin embargo, desde la muerte de Tyler, Derek no se le ha acercado, más bien en ocasiones lo rechaza y es realmente muy triste verlo jugar solito.
Martín me ve como una figura paterna, he estado con él todo el tiempo y yo me aseguro de mantenerlo a salvo.
Es hijo de quién era mi mejor amigo, ¡prometí que lo cuidaría! Por supuesto que lo hago sin siquiera dudarlo, aunque me enfada que Derek no lo trate bien.
No lo insulta, ni mucho menos le grita, sin embargo, cuándo Martín está más enérgico de lo habitual, sus risas le molestan y lo envía lo más lejos posible.
Yo también debo trabajar, soy príncipe de un reino vecino, por lo mismo, tengo varias responsabilidades, aunque puedo hacerlas a distancia y enviar a mensajeros en mi lugar con los diversos documentos que mi padre deja a mi cuidado.
Cuándo debo estar obligatoriamente en el castillo, le pido autorización a Derek de llevar a Martín conmigo, algo que no rechaza, más bien agiliza todos los preparativos para que el viaje sea seguro.
A decir verdad, sé que lo quiere, es su hijo, uno que tuvo con la persona que amaba, sin embargo, le preocupa que salga lastimado por terceros.
Desde que Tyler murió, Derek se refugió en el alcohol, bebe con bastante frecuencia, aunque no fue hasta hace un año y medio que tomó sus responsabilidades como rey.
La economía de este reino bajó considerablemente, la gente prácticamente se peleaba por comida, por tanto, luego de hablar con él, terminó regresando a sus labores, aunque sigue bebiendo.
Nosotros no somos amigos, es obvio que no tengo el derecho de decirle que no beba, sin embargo, su actitud y comportamiento es algo que me enfurece muchísimo.
Sé que él no me echará, sabe que cuido a su hijo y que el pequeño sufriría muchísimo si me voy sin él, por tanto, se podría decir que me soporta y guarda silencio cuándo abro las grandes puertas de su despacho con tal de regañarlo.
¡Derek es un rey! No tengo el derecho de gritarle ni regañarlo, muchas veces me he sentido culpable por hacerlo, aunque ¿Qué más puedo hacer? Sé que no estaré toda la vida en este castillo y que tarde o temprano debo irme.
No quiero dejar a Martín con alguien que no le da el cariño que merece, ni tampoco creo correcto que Martín lo vea beber.
Sus esposas obviamente aprovechan la situación y se llenan de lujos, su madre ha tomado las responsabilidades que antiguamente tenía Tyler. Es extraño vivir aquí, sé que no les agrado a ninguna, ya que no tengo miedo de decirles las cosas directamente, es lógico que no soy como Tyler quién muchas veces se callaba, por lo mismo, sé que me detestan, pero lo soportan justamente porque soy un príncipe.
Por otro lado, Derek aún no me ha quitado el liderazgo de sus soldados, lo que significa que, aun cuando en una ocasión su segunda esposa intentó encerrarme en los calabozos, ningún guardia se movió, puesto a que soy el jefe, de sus jefes.
Ver el rostro enfadado de aquella mujer fue muy gracioso, me reí a carcajadas cuando se acercó a Derek para acusarme y este simplemente le dijo "No me interesa"
En otra ocasión, todas se agruparon para intentar convencerlo de que me sacara del castillo, pero Derek dijo "No lo haré" y como no podía evitarlo, me reí en sus caras.
–¡Papi, ya no puedo más! –me decía dejándose caer dramáticamente al suelo– siento que mi cabeza va a estallar...
–Cariño, sólo has estudiado 30 minutos– le dije riendo.
–Pero ya estoy cansado...– me decía lloriqueando– papi, mejor juguemos– decía mientras mágicamente regresaba su energía– padre me ha enviado unos nuevos juguetes.
–Si terminas tus obligaciones, jugaremos– le propuse.
–Bueno, está bien...– decía inflando sus mofletes mientras fruncía el ceño, suele hacerlo cuando está enfadado, creyendo que se ve más temerario, sin embargo, se ve adorable.
No sabía que Derek le había enviado nuevos juguetes, esto es algo que suele hacer en ocasiones, sin embargo, no se los entrega él, sino que envía a alguien más.
Cuándo cumplió tres años, no hubo fiesta de celebración, aunque le envió unos obsequios, creyendo que con cosas materiales lograría cubrir su paternidad.
A Martín no le falta nada, en cuanto a comida, ropa, juguetes e instructores de estudio, Derek los cubre todos, sin embargo, aquel día, cuándo Martín estaba de cumpleaños, lo único que quería era pasar el día con su padre.
Con los sirvientes, aquellos que servían a Tyler, le preparamos una pequeña fiesta e hicimos un pastel, creyendo que lo haríamos sentir feliz, sólo que nos miramos entre todos cuándo Martín pidió su deseo antes de apagar las velas "Deseo que mi padre me quiera"
–Papi...– me nombró escribiendo sobre figuras punteadas los números– ¿mi padre cuándo se desocupará?
–¿Por qué preguntas? –pregunté extrañado.
–En mi cumpleaños, me regalaron un caballo y quiero que me enseñe a montar– me respondió– mi padre siempre te escucha y obedece, ¿por qué no le pides que salgamos?
–Hablaré con él, pero debes hacer todos los ejercicios que te designó tu maestro– le dije queriendo crear un acuerdo que no sabía si lograría conseguir.
–¡Sí, papi! –me decía con alegría, dedicándome una adorable sonrisa.
Sabía que convencer a Derek de salir a cabalgar sería complicado, principalmente porque durante el día se mantiene ocupado, mientras que por las noches, se dedica a beber.
¡Ag...! Desearía golpearlo, detesto que beba y sí, no tengo el derecho de recriminarle nada, pero por su hijo, quiero arriesgarme.
Más tarde iré a su oficina, aún no sé como lo haré, pero lo convenceré cueste lo que cueste.