Estupidez necesaria.

1732 Words
Estaba confundido, ahora estaba encerrado en una habitación oscura, echa completamente de concreto, hacía mucho frío y me dolía la nariz, “en donde estoy” me pregunté al abrir mis ojos, no podía moverme, mis manos estaban esposadas a la silla de metal en la que me encontraba sentado. “¿Esposas, estoy esposado?” Las cosas se pusieron muy feas, aún no podía precisar bien que fue lo que me había ocurrido, lo último que recordaba era la discusión con el sargento Williams y del resto, desperté en este lugar. La cabeza me daba vueltas, ni siquiera podía recordar bien que el sargento Williams me había noqueado y traído a este lugar. Las horas pasaron y yo aún no sabía ni que hacer, estaba aterrado. “! AYUDEN ME!!!!”, yo solo podía suplicar y gritar por ayuda, pensaba que iba a morir encerrado en esta fría habitación, pero, antes de que me rindiera, alguien abre la puerta. ¡Maldita sea, ya te oí! El mismo hombre que me había traído a este lugar se presenta, ese maldito sujeto, ese psicópata, el sargento Williams, cuando volví a ver a ese hombre, mi corazón se detuvo por un segundo y mi cerebro se sobrecargó de información, rápidamente recordé lo que ese sujeto me hizo, me rompió la nariz y después me secuestró. “Usted, usted fue quien me encerró en este lugar, ¡Verdad!”, estaba muerto de miedo, pero también estaba furioso, no podía creer que un sargento simplemente me arrebatara mi libertad como si fuera un simple juego. El sargento toma otra silla y se sienta frente a mí, a él no le importaba que estuviera herido ni que tuviera frío, tampoco le importaba que yo estuviera sin agua ni comida, el sargento Williams era un sujeto demente o eso pensaba. “Claro, yo te traje a aquí, ¿algún problema?”, dice el sargento Williams sin ningún remordimiento. “no puede hacerme esto, es ilegal, no he hecho nada malo” me defendí. El sargento saca un cigarrillo de su pantalón y lo enciende frente a mí, “Todos los idiotas dicen lo mismo” estaba seguro de que ese loco podría matarme, “¿Acaso quieres matarme por negarme a irme?” Le reclame mientras le enseñaba los dientes por la ira que yo sentía. El sargento Williams se levanta de su silla y me vuelve a golpear en la cara, “Si crees que puedes mostrarme las bolas, estás muy equivocado, yo haré lo que quiera contigo, niño” El golpe del sargento fue tan doloroso como si un boxeador profesional fuera el que me atacara, su puño parecía ser de piedra. “ahí… ¿Qué es lo que quiere? Señor…” El Sargento Williams se vuelve a sentar para seguir fumando su cigarrillo, “Lo único que quiero es que te largues de aquí, esté no es lugar para niños” Esa era la única condición por la que el señor Williams me dejaría en paz, pero no iba a hacerlo. “No puedo, no lo haré” dije. El Sargento baja su cabeza y suspira. “Tal vez esto tarde más de lo que pensaba” dice y luego me da tres golpes en la cara, cada golpe era peor, eran tan doloroso que pensaba que me iba a arrancar la cabeza. “No me golpee por favor” supliqué ante el dolor que sentía. “Lo siento niño, pero no me detendré hasta que te largues de aquí” El sargento, no se detuvo, me golpeo durante treinta minutos, me estaba torturando y todo por una estupidez. “¡Solo quiero que te largues de mi puta a academia!” El sargento Williams insistía en que debía irme, me quería romper la cara, así que con todas mis fuerzas, grité “! Púdrete, mátame a golpes si quieres, pero no me voy de la academia, viejo de mierda!” El sargento se enoja ante esas palabras y sin reflexionarlo me quema la pierna derecha con su cigarrillo. “AHHH” Era muy doloroso. “Maldita sea, no quiero débiles en mi academia… más te vale entenderlo, niño” Los guardias que acompañaban al sargento Williams me quitan las esposas y me arrastran del cuarto “Llévenlo a la enfermería, que se recupere y que se presente en la unida V” ordena el sargento Williams al sonreírme. Los guardias me dejaron en una camilla y me llevaron a la enfermería, cuando los médicos y enfermeros me tomaron se sorprendieron de mi aspecto y no ocultan sus comentarios, “le dieron una paliza” “tiene la cara totalmente hinchada” “es mejor que te hubieras ido niño” “preparen la morfina”. Jamás sentí tanto dolor en mi cara, era la primera vez que sentía que ya no era humano, ahora solo era un animal maltratado en un matadero. Al día siguiente el matadero había abierto, uno de los guardias entra a la enfermería y me despierta de un grito ensordecedor. “¡Levanta tu enorme trasero soldado, se te hace tarde para el entrenamiento!” El grito de ese maldito me hace saltar de la cama y caer de boca contra el suelo. “AHHHH” El golpe me dolió mucho, pero eso era lo de menos. “Tienes tres minutos para cambiarte muchacho, tu unidad te está esperando” me dice el guardia al dejarme mi uniforme en la cama. Era claro que ahora yo era un soldado y estaba a punto de pasar por un infierno, un infierno que me prepararía para un infierno mundial. Al cambiarme el guardia me dirigió con mi unidad, tipos que al igual que todos los demás, solo querían una cosa, convertirse en unas máquinas asesinas por la libertad; cuando me reuní con ellos, no sabía ni que pensar, “Solo son siete” dije… Siete tipos, tipos que no eran tan viejos, algunos tenían 20 años, otros 23, eran jóvenes, al igual que yo, el guardia me presenta a la unidad V, la peor unidad de todas. “El sargento creó esta unidad para aquellos que han faltado el respeto a la institución, bienvenido al grupo de perdedores” El guardia se ríe de nosotros y se retira del cuarto, dejándome a solas con estos tipos. “Esto es una broma. ¿Por qué un niño de 16 años está en este lugar”? “Tal vez se separó de su mamá” “Al juzgar su cara, creo que el sargento Williams ya le dio una paliza” “Deberías irte niño, esta academia no entrena débiles” “No sean rudos con él, al final no somos tan diferentes, somos la unidad V” “no importa, el maldito sargento no puede enviarnos un niño, no como niñeros” Ellos eran tipos más rudos y fuertes que yo, era natural que me juzgaran abiertamente, pero me daba igual, estaba harto de que me juzgaran y les deje algo en claro “No me importa lo que digan, estoy en el mismo barco que todos ustedes, guste o no” Ellos no dijeron nada, sabían que era verdad, uno de ellos me dio la razón, un tipo guapo y rubio, con ojos azules y una personalidad sabia, “HAHA, me recuerdas a mi hermano menor, ¿Cómo te llamas?”, yo solo les dije. “Nicolás Rayan” el tipo rubio solo me sonrió, pero de repente, alguien entra a la puerta, una mujer gorda y muy aterradora, ella era nuestra entrenadora. “Muy bien malditos idiotas, mi nombre es la sub sargento Carol Wells y ustedes malditos cerdos con p***s pequeños serán todos míos, tienen 5 minutos para ir a la sala de corte para deshacerse de sus cueros cabelludos, quien no se presente, les cortaré el pene” La sub-sargento Wells se retira y nosotros nos miramos confundidos, ¿ella es nuestra entrenadora? Dije al señalar la puerta. “Sus tetas son enormes” dice uno de ellos. “Será mejor darnos prisa, no creo que bromeara con cortarnos el pene” dice el hombre rubio. Los siete corremos hasta el área de corte, donde habían cientos de hombres esperando para que les cortaran el cabello y después de una enorme fila, todos nosotros quedamos completamente calvos, usaron una afeitadora en nuestras cabezas y sin dudas fue una experiencia horrible, pero nada comparado como lo que íbamos a sufrir por culpa de la enorme mujer. “Muy bien, se ven como auténticos trozos de mierda” nos dice ella, en una especie de adulación, “como verán, ustedes iban a ser asignados a unidades de verdad, donde tendrían el mejor entrenamiento, pero… por su incompetencia, fueron a signados a mí, ustedes son la unidad V, la peor unidad de todas, pero esta vez, todo va a cambiar, los explotare hasta el límite y los demás los respetaran.” Sus palabras fueron tan inspiradoras, como aterradoras. “Por supuesto” susurré… “Muy bien señores, prepárense para sufrir de agotamiento físico” Nos dice la sub-sargento Wells. Ese mismo día, yo y todos nuestros compañeros maldecimos el nombre de esa maldita gorda, esa maldita nos hizo correr dos horas en un campo lleno de lodo, después nos hizo levantar pesados troncos que parecían ser inmóviles, también nos dio solo un trago de agua en todo el día y nos prohibió la comida por ser demasiado lentos. “Son patéticos, esta noche no habrá cena para ustedes” La Sub sargento Carol Wells nos dio un entrenamiento demasiado duro e injusto, cuando termino el día, algunos tuvimos que arrastrarnos hasta nuestras habitaciones, yo solo lloraba por el dolor y el agotamiento, era patético, pero no podía controlarme. “Ya cállate niño, no me dejas dormir con tu llorar” “Lo lamento, no puedo soportar el dolor, esa maldita gorda quiere matarnos” yo no era el único al cual se sentía completamente debilitado, los demás estaban igual de adoloridos, “Esa bruja, se le pasó la mano” me dice mi compañero el que estaba al lado. “Y seguramente mañana será peor” Si el primer día de entrenamiento fue duro, no podía imaginarme el segundo… “Tal vez esto fue una mala idea” Dije mientras pensaba en mi amada, en Lucy.
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