Eran las 3 de la mañana y estábamos en medio de un campo lleno de lodo levantando neumáticos pesados en medio de una insoportable lluvia, todos nosotros nos sentíamos como si fuera el infierno. La entrenadora Carol Wells estaba observando nuestro dolor y nos gritaba desde la comodidad.
“Tienen solo 15 minutos para completar el entrenamiento o de lo contrario lavarán los baños de la institución” Esa gorda era una mujer despiadada, mi cuerpo ya no podía ni moverse, el lodo era tan húmedo que se sentía como si estuviera arrastrando cadenas, los neumáticos eran los neumáticos de un camión de carga, eran tan pesados que levantarlos ya de por sí era una tortura, además la lluvia solo nos debilitaba. “Nicolás no te rindas, no te rindas aún” mis compañeros me ayudan a llegar a la meta y gracias a eso, esta vez no tendríamos que lavar los baños.
“Muy bien señores, por ahora concluye el entrenamiento, diríjanse a las duchas, en menos de 10 minutos deben presentarse a la cocina para sus respectivos desayunos, de lo contrario no habrá desayuno para nadie” Nos dice la sub Oficial Wells al darnos la espalda.
No podía resistir más, pasaron dos semanas desde que llegue a “Bandera negra” y desde el primer día he sufrido de golpes y agotamientos físicos, mi cuerpo no iba a resistir mucho, el dolor, el cansancio, el agotamiento más la poca comida era algo que no iba a soportar, incluso mis compañeros se estaban planteando renunciar.
“Esto es una mierda, estoy cansado de que la entrenadora nos maltrate de esa forma” se queja Jackson mientras se desnudaba frente a nosotros.
“Es normal, estamos en una de las escuelas militares más desafiantes de todos” responde Bruce de forma sabia.
“Somos soldados, no podemos quejarnos” dice el líder del grupo, Connor.
Con el paso del tiempo, comencé a relacionarme más con los miembros de la unidad V, algunos de ellos eran mayores que yo, otros tenían experiencia militar, pero para sorpresa mía, ellos no eran solo hombres con ansias de ser solo soldados, cada uno de ellos tenía motivos ocultos, al igual que yo.
“No sé si pueda resistir, pensaba que me iba a desmayar otra vez en medio del entrenamiento” Dije mientras me encerraba en una de las duchas. “¿Y si nos rendimos?” Menciona Anthony, un tipo normal que ya no soportaba estar más en este lugar.
Esas palabras chocaron en nuestras cabezas, ¿rendirnos o quedarnos? Nosotros teníamos el derecho de irnos de la escuela militar y renunciar a una carrera como soldados, pero irnos solo nos haría ver como cobardes y no todos estaban de acuerdo.
“¿crees que somos unos cobardes?” Reclama Jackson ofendido al escuchar eso…
“Creo que es una mala idea, solo llevamos dos semanas aquí, Anthony” Expresa Connor mientras se lavaba su despampanante cabellera rubia.
“Pero han sido dos semanas de infierno, no comemos, no dormimos, nos dan entrenamientos horribles y no podemos seguir el ritmo, Nicolás casi se desmaya” Reafirma Anthony al señalarme con el dedo.
No iba a negar que mi compañero tenía razón, solo pasaron dos semanas y la mayoría nos hemos desmayado por el agotamiento, yo al ser el más joven y el más débil, sufría más que cualquiera. “Tienes razón, nosotros no somos tan fuertes” Coincidí al verme tan debilitado por el extremo entrenamiento.
Éramos lamentables, la unidad V, era la más pequeña dentro de la academia, mientras otras unidades eran conformadas por 30 a 100 hombres, nosotros solo éramos 8, y la mitad ya se estaba rindiendo. “No podemos rendirnos chicos” Discute Connor con nosotros, a lo cual Jackson solo le dijo. “Pues acéptalo, no somos nada, el coronel tenía razón, somos una basura, un chiste, somos la unidad con menos miembros en toda la academia”
Nuestro debate cada vez se hacía más intenso, cuatro de nosotros dudaban si renunciar, mientras que otros se negaban por completo, de repente la sub sargento Wells escucha nuestra discusión y entra enojada al baño de hombres, donde algunos estaban desnudos, a ella no le importo ver esos p***s peludos, solo nos gritó. “No me importa si la mitad de ustedes desean retirarse, no permitiré que me hagan quedar mal con los altos mando de esta academia, ustedes malditos, estúpidos, más les vale…”
Nuestra entrenadora no paraba de gritarnos, pero en medio de todo eso, pude ver la puerta abierta y recordé cuál es mi objetivo principal, cuál es mi razón de entrenar en este infierno, en esta academia militar llamada Bandera negra. Con mucho cuidado me escabullí por la espalda de la sub sargento Wells para retirarme de las duchas sin que se diera cuenta.
Ahora que no estaba encerrado o vigilado por esa mujer obesa, con mucho cuidado me dirigí a las instalaciones de administración, para buscar información sobre Lucy, todos los miembros de la academia, pasamos por enormes registros, solo podía encontrar el alias falso de Lucy y dar con ella. Sabía que ella estaba en una unidad, pero no sabía cuál.
Cuando llegué a el bloque principal de administración, lo primero que hice fue tratar de quitarme mi uniforme, estaba tan sucio por el entrenamiento de esta mañana que era imposible no llamar la atención, si alguien se daba cuenta de que yo me había escapado de mi entrenador solo para recorrer el lugar, me darían un castigo ejemplar, uno no muy agradable.
Me encerré en un baño y limpié mi cara y brazos, pero no podía quitarme la mugre de mi ropa, fue una mala idea. “Qué mal, supongo que tendré que regresar” me dije al espejo. Era una mala idea, mis botas, mi pantalón y camisa, estaban cubiertos y manchados de lodo, era obvio que me había escapado de mi entrenamiento, debía regresar a las duchas.
“¿Quién está en el baño?”, escuché la voz de una mujer al tocar la puerta con fuerza. Pensaba que me habían atrapado, no sabía qué hacer, estaba encerrado en el baño, no podía ir a ningún lado. “Sea quien sea que esté en ese baño, más le vale salir” repite la mujer con un tono más serio.
No me quedo de otra, tenía que salir, estaba en serios problemas, “yo no quería…” cuando abrí la puerta, una mujer rubia con un traje de oficina me toma de mi brazo y me obliga a salir del baño, porque ella lo necesitaba. “!Largo, necesito entrar”! Me grita ella al encerrarse.
Yo estaba perplejo, suponía que la chica quería atraparme, pero, en realidad, ella solo tenía una pequeña urgencia, se estaba orinando. “Creía que no iba a llegar a tiempo, no hay nada más vergonzoso que orinarse en el trabajo” Dice ella a través de la puerta. “hamm… me alegra que esté bien, si me disculpa me tengo que ir” No podía perder más tiempo, alguien podría verme y regañarme por no estar con mi unidad.
La chica no deseaba que me fuera, ella me había ordenado quedarme, “espera, no puedes irte” Yo no estaba tan feliz de seguir esa orden, una mujer no me iba a dar una orden tan a la ligera. “Lo lamento señorita, pero no puedo quedarme” Dije y luego comencé a caminar, pero esa mujer tenía unas palabras para mí, “Si lo haces, tendré que informarle a los altos mandos que tomen represalias para la unidad V”
Yo me detuve, estaba anonadado ante esas palabras, esa extraña mujer rubia que me hablaba desde el baño, ya conocía mi unidad y no dudaba en chantajearme, pues ella tenía el poder de castigarme a mí y mis compañeros. “¿Quién diablos eres tú y como supiste que soy de esa unidad?” Le reclame al devolverme a la puerta del baño. La mujer abre la puerta y sale aliviada. “Fácil, los miembros de esa unidad usan un uniforme n***o, los demás usan uniformes de entrenamiento blancos o grises” Ella tenía razón, nosotros al ser de las peores unidades, se nos asignaba el color n***o, ya que era símbolo de una mancha en esta institución. “Mierda, había olvidado eso” susurré apenado.
La chica rubia me sonríe y me tranquiliza, solo quería asustarme. “HAHA, no te asustes niño bonito, solo estaba bromeando, ¿Cómo te llamas?” Me extiende su mano sin señal de confianza. “Nicolás Rayan” dije… Ella al parecer ya me conocía, “No puede ser, conque eres Nicolás Rayan,”
No entendía por qué le llamo tanto la atención el hecho de escuchar mi nombre, pero cuando me lo dijo, casi me vuelvo loco. “¿Por qué te sorprendes?” Le, pregunte. A lo que ella solo me dijo. “Es que ya me han hablado mucho sobre ti” Me dio mucha curiosidad cuando dijo eso, ya que no tengo amigos o familiares dentro de la academia. “¿Quién te ha hablado sobre mí?” Le pregunté. “Un amigo llamado Jon Miller”
Mi corazón se aceleró y recordé de inmediato las palabras del señor Miller.
(῝ Lo siento mucho chico, pero Lucy no es tonta, ella sabía que si se enlistaba como mujer no podrían tomarla en serio, así que se enlistó bajo el nombre de Jon Miller, mi hijo”)
Esta chica rubia, era amiga de Jon Miller, o para ser más claro, de Lucy Miller, mi novia.
“¡¿conoces a Lucy?!!!” Le grité.
“¿Lucy?”