Lucy Miller.

1703 Words
Una mujer debe ser discreta, pacifica, elegante, hermosa y tonta… esas fueron las palabras que me dijo mi madre un día en que las dos estábamos cocinando, mi madre siempre ha sido una mujer adoctrinada, digna de ser la ejemplar ama de casa. “Querida, si quieres casarte con un buen hombre debes ser como yo” esas fueron las palabras de mi madre y por alguna razón mi mente me pidió que no la escuchará. “Claro madre, seré como tú, seré una buena esposa y una buena ama de casa” dije con un sentimiento de odio. Desde niña todas mis amigas soñaban con ser esposas, jugaban a ser madres, pero, yo no… jamás me interese en ser como las demás niñas, para mí no era mi lugar, prefería jugar otras cosas o solo leer libros, las niñas me llamaban rara y se alejaban de mí. “Eres rara” me juzgaban solo porque no seguía sus gustos y un día, yo, sin darme cuenta, comencé a golpear a las niñas que tanto me molestaban, mis padres al igual que mis maestras no aprobaban mi comportamiento. “Esa niña no es nada normal, solo es una problemática que quiere pelear” mis padres, al escuchar esas afirmaciones por parte de mi maestra, tomaron la decisión de enviarme a otra escuela, mientras buscaban maneras de hacerme cambiar. “Lucy, las niñas no pelean” me dijo mi padre mientras conducía de regreso a casa. Sé que pelear está mal, soy una niña, una dama no está hecha para estas cosas, pero… mi cuerpo y mi mente se sentían tan libres, las niñas que tanto me juzgaban recibieron su merecido, no es raro que los niños peleen, pero si una niña lo hace, está mal. Mis padres durante semanas enteras me enviaron a distintos campamentos, para señoritas, para niñas tontas que eventualmente crecerían para ser solo esposas, recuerdo que hice todo lo posible para que me echaran, desde golpear a mis compañeras hasta cortarle el cabello a la maestra; “Esa niña es desastrosa, jamás podrá ser una dama” Al final mis padres se rindieron ante la idea de que yo fuera a cambiar y me transfirieron a una escuela donde lo conocí a él. El primer día, mientras me dirigía a mi salón de clases, sin querer, escuché la voz de un niño, eran jadeos de dolor acompañados de risas, alguien estaba en problemas y simplemente fui a ayudarlo, ya no recuerdo bien cuantos niños eran, tres, no, eran cuatro niños rodeando a uno más pequeño y delgado, el niño era lindo y se veía muy maltratado. “¿Debería ayudarlo?” esa fue mi pregunta, no quería que mis padres se enojaran, siempre me metía en peleas y ellos se molestaban mucho, no quería que mis padres me castigaran, quería ser una mejor niña para mis padres, pero, ese niño, se veía tan solo y tan mal, que me hizo recordarme a mí misma, yo también me sentía sola y maltratada, ser una niña distinta a las demás era muy duro. “Oigan, no lo molesten” les grité a los niños, a esos bravucones que solo se aprovechaban del más pequeño. Los niños me ignoraron, creían que una simple niñita no podría darles una lección, pero, fue en su mayor error. Después de ahuyentar a los niños, le di mi mano al niño que habían golpeado, cuando él me miro, pensaba que se iba a asustar de mí, pensaba que me iba a juzgar como los demás, una niña que golpea niños, una niña problemática que no tenía amigos, pensaba que ese niño se iría corriendo, pero… “Eso fue increíble” no se fue, me agradeció por haberlo ayudado, jamás imaginé que ese niño tan lindo sería mi mejor amigo, el hombre que me hizo ver la vida de una manera especial. “Me llamo Nicolás Rayan”… Nicolás y yo comenzamos una hermosa amistad con el paso de los años, él era inteligente, educado y talentoso, mientras que yo solo era una chica linda con mucha fuerza, una rubia que podía darle una paliza a cualquier tarado que me provocará; Me metía en muchos problemas y en secreto esperaba que Nicolás se hartara de mí, yo siempre lo arrastraba a los problemas, una vez lo arrastré a una pelea con unos bravucones y los dos terminamos en el hospital, ver a Nicolás lastimado me dolió mucho, pero él jamás me reclamó. “Eso fue un desastre…” me dijo él en el hospital mientras nos trataban las heridas, me sentía muy mal, Nicolás era el único hombre que no me tenía miedo y verlo herido hizo que me ardiera el corazón. “Lo lamento, no esperaba que esos bravucones te lastimaran también, tal vez no es buena idea que seas mi amigo, sería mejor que no volvieras a hablarme… ni relacionarte conmigo” Yo no quería que se volviera a lastimar por mi culpa, era un buen chico y yo una mala chica, no era justo para él que siguiera a mi lado. Pero como siempre, Nicolás me demostraba porque era un hombre digno de ser mi mundo. “Es increíble, Lucy no sabía que fueras mi madre” se burla de mi petición y después se acerca a mí con un vaso con agua, “Oye lo digo en serio, tus padres me odian por meterte en problemas, no podemos seguir siendo amigos, solo terminarás lastimado” le reclamé. “Por supuesto que… no, Lucy, llevamos tres años de amistad, ser golpeado no es nada, tranquila.” Nicolás era muy raro, solo un niño loco desearía seguir estando a mi lado, siempre lo metía en problemas y lo golpeaban por mi culpa, cada vez que le ocurría algo me dolía el pecho y esa sensación era abrumadora para mí. “Pero, tienes que protegerte de mí, no puedes seguir estando conmigo” Nicolás me entrega el vaso con agua y me calla las palabras con una sonrisa tan cálida como una vela de media noche. “Haré lo que quiera y puedes hacer lo mismo, Lucy”… Nicolás fue la única persona que jamás intento cambiarme, mis padres querían que fuera una niña como las demás, mis maestros querían que fuera como las demás, las demás niñas querían que fuera como ellas, pero Nicolás fue el único que me aceptaba tal y como era. Al paso de los años Nicolás y yo crecimos, yo me volví más tranquila, trataba de no meterme en muchos problemas, aun así seguí las palabras de Nicolás y cuando quería hacia lo que quería, porque sabía que él no me iba a juzgar, claramente comencé a ver a Nicolás de otra forma, era guapo, inteligente, atlético y sincero, desde los 14 años comencé a mejorar mi belleza, quería conquistarlo con mis dotes sin imaginar que me costaría dos años para que el muy tarado me invitara al baile de verano. “¿quieres ir al baile de verano conmigo, Lucy?” ese día estaba tan feliz que no pude dormir de la felicidad, me la pasé escribiendo en mi diario todas las cosas que deseaba hacer con él, si era mi novio, podríamos ir por helado o caminar en el parque como en los libros que tanto amo, pero, a media noche, escuche a mi padre llorar, cuando baje a la cocina, lo vi sosteniendo una copa de ron junto al periódico, él estaba llorando como un niño que sin pensarlo lo abracé para consolarlo. “Ya padre, ¿qué es lo que ocurre?” él mira el periódico y me responde con tristeza “Francia cae ante Alemania” el periódico narraba a detalle como el ejército Nazi invade Francia de una manera horrible, no era fácil afrontar la realidad, mientras yo me preocupaba por mi cita, en Europa las cosas estaba muy mal. “Esos malditos alemanes se apoderan de todo, ¿Cómo es posible que otra vez haya más guerras” susurra mi padre mientras aguantaba sus lágrimas? Mi padre era un veterano de guerra, sirvió durante muchos años en la fuerza naval y lucho en la primera guerra mundial, era de entender que estuviera asustado y eso me preocupaba. “Tranquilo padre, no te asustes” Mi padre me toma de las manos y me da un discurso que jamás en mi vida pensaría escuchar “Hija mía, siempre te hemos reprochado por meterte en peleas, pero, tengo que pedirte perdón, eres mi niña y compartes mi sangre, mi padre y mi abuelo fueron guerreros que lucharon en trincheras, aunque no lo parezca, eres una guerrera al igual que todos nosotros, por esa razón quiero pedirte un favor, si algún día, alguien armado con un traje alemán te ataca, lucha… lucha y jamás caigas, ¡No permitas que alguien te viole o te maltrate al igual que hacen con las mujeres en Europa! No quiero que mi hija sea débil, prométeme que serás fuerte y lucharas. " Mi padre conoce el amargo sabor de la guerra, sus ojos vieron cosas tan horribles que siquiera yo podría describir, a él se le rompió el corazón cuando leyó las tristes historias de las mujeres europeas, que estaban siendo violadas, maltratadas, asesinadas y torturadas, cuando mi padre me pidió que luchara, algo dentro de mí despertó, estaba enojada por esas mujeres, ¿Por qué nadie las protege? Son seres humanos y me sentía mal al ver a mi padre llorar, él lloraba por las personas que no luchaban, las mujeres, los niños, los animales, los periódicos solo se enfocaban en la guerra, pero no en las personas... como mujer quería hacer algo, aunque no sabía qué. “Muy bien padre, prometo que lucharé y seré fuerte” le sonreí y le pedí que se fuera a la cama, esa noche no pude dormir y solo me quede divagando mientras leía el periódico una y otra vez donde se narraban las historias más atroces que pude haber leído, mujeres y niñas violadas, madres asesinadas, niños muertos por falta de comida, ancianos que eran sacrificados por diversión, los soldados Nazis y los soldados comunistas eran unos monstruos que merecían justicia.
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