RUMBO A MILÁN

774 Words
-PRESENTE- Ha pasado una semana desde aquella cena con Valentina. Una semana pesada, incierta, llena de silencios que dicen más que nuestras palabras. No hablamos mucho, pero cada llamada breve, cada mensaje logístico sobre el viaje, me confirma que algo entre nosotros empieza a cambiar. Todavía no sé qué, pero lo siento. Hoy viajamos a Milán. Hoy empieza algo nuevo. Para ella… y para mí también, aunque no lo admita. Camino por la terminal del aeropuerto y la encuentro frente al ventanal, con el equipaje a sus pies, observando las pistas como si intentar entender el mundo desde allí pudiera darle respuestas. Sus hombros están tensos, su respiración es irregular, pero la expresión en sus ojos verdes es distinta: ya no está quebrada, está decidida. Me acerco en silencio. Ella se da cuenta antes de que la alcance; lo noto en la forma en que endereza la espalda. Subimos al avión. La auxiliar de vuelo nos saluda y Valentina avanza hacia el asiento 2A. Yo voy detrás. La veo intentar acomodar su maleta en el compartimiento y casi sonrío. Es demasiado pequeña para cargar peso sobre la cabeza. —Déjalo, yo lo hago —digo, y tomo la maleta de sus manos. Pongo la suya y la mía juntas sin mayor esfuerzo. Ella asiente, incómoda y aliviada a la vez, y toma asiento. Yo hago lo mismo, y entonces la veo sosteniendo un sobre blanco entre los dedos. Puedo reconocer la letra desde donde estoy sentado. La letra de Salvatore. —¿Estás bien? —pregunto. Asiente con un movimiento rígido. —Sí… es solo que me cuesta ver su letra. La entiendo. Más de lo que imagina. —Yo tampoco me acostumbro a su ausencia —confieso—. Hablábamos todos los días. Siempre me pedía que le enviara un informe cuando estaba en San Francisco, para saber cómo estabas tú. —Hago una pausa y sonrío con suavidad—. Puedes llamarme Alex. Todos lo hacen. Ella me mira, y esa sonrisa tímida que hace me golpea de una forma extraña. —De acuerdo… entonces tu puedes llamarme Valen. O Vale —dice—. Es lindo escucharte hablar así de mi padre. Suena como si hablaras del tuyo. Mi pecho se tensa de inmediato. No esperaba ese comentario. —Es que, en cierta forma, lo fue —admito—. Me ayudó en los peores momentos de mi vida. Le debo más de lo que podría explicar. Ella baja la vista, acariciando el borde del sobre. —¿Te hablaba de mí? —pregunta con una inseguridad que no le había escuchado antes. Me sorprende lo vulnerable que suena. —Claro que sí —respondo sin dudar—. Te lo dije en el entierro: hablaba de ti con admiración. Decía que eras valiente, inteligente, alegre. Que amabas tu carrera. Te imaginaba liderando marketing algún día. Sus ojos verdes se abren, sorprendidos, como si nadie la hubiera visto de esa forma antes. —¿Crees que en esta carta hable de eso? ¿Por qué estás tan seguro? Bajo la mirada. Me acuerdo de esas conversaciones a medias, de esas frases sueltas que nunca entendí. —Porque tu padre y el mío no dejaban nada al azar. Planificaban todo con precisión. —Mi voz se vuelve más seria—. Y sí… creo que presentían que algo podía pasarles. Tu padre decía que te estaba protegiendo de algo, pero nunca quiso decirme de qué. Ella traga saliva. Sus manos tiemblan. —Supongo que ya es hora de descubrirlo —susurra. —Creo que sí —respondo. La observo mientras rompe el sello. El sonido del papel desgarrándose se siente como un antes y un después. Como si ese simple gesto pudiera cambiarlo todo. Valentina abre el sobre y se queda inmóvil. Algo en su expresión me alerta. —¿Qué pasa? —pregunto. Ella no responde. Solo toma algo del interior y lo pone sobre su regazo. Veo dos sobres. Uno con su nombre. Y otro… con el mío. Mi estómago se tensa de inmediato. —¿Qué…? —susurro, sin entender. Ella me extiende la segunda carta. —Hay una que es tuya. La tomo. La letra de Salvatore me golpea como un puño invisible. Él nunca me escribió una carta. Nunca dejó nada por escrito para mí. Solo órdenes, instrucciones, expectativas. Pero esto es distinto. Esto es personal. Esto es… inquietante. Siento la respiración volverse más pesada. Mientras observo mi nombre escrito con tinta negra, lo único que puedo pensar es: Salvatore sigue guiándonos desde donde esté. Y lo que está dentro de estas cartas… va a cambiarlo todo.
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