No duermo. No logro cerrar los ojos más de unos minutos. El agua fría de la piscina, su vestido pegado al cuerpo, su risa nerviosa, la forma en que me miró cuando la ayudé a salir… todo vuelve a mi mente una y otra vez como un eco inoportuno. No debería pensar en ella así. No debo. No puedo. Me repito eso mil veces mientras intento dormir. No funciona. Me despierto antes del amanecer, me ducho y dejo que el agua helada me golpee hasta que puedo controlar mi respiración. Me pongo el primer traje que encuentro: pantalón n***o, camisa gris. La rutina me salva. El hábito me da estructura. Me aferro a eso. Salgo al jardín un momento para despejarme. El aire de Milán siempre me calma. Hasta hoy. Porque en cuanto la veo aparecer en el mirador del jardín, mi corazón hace algo que no debería h

