Bastián llegó a casa después de la lectura del testamento, sintiéndose agotado y emocionalmente cargado. Al abrir la puerta, la calidez del hogar lo recibió, una sensación de alivio recorrió su cuerpo al ver a Leana dormida en el sofá abrazando su pequeño oso de peluche que el abuelo le había regalado, con su pequeño cuerpo arropado bajo una manta y su ligera respiración rítmica llenaba la sala con una paz que solo ella podía brindar. Abby estaba en la cocina, terminando de preparar la comida, y no se había percatado de que Bastián ya estaba en casa. El aroma de las especias y las verduras cocinándose, llenaban el ambiente, creando una sensación de hogar que normalmente lo reconfortaba y creando un refugio perfecto del caos emocional que Bastián había vivido en las últimas ho

