Capítulo 4: Me caes bien, Sorrentino.

1110 Words
Entre la multitud, Giorgia decidió comprar un único trago para la noche, lo suficiente para mantenerse despierta ante la situación, pero no lo suficiente para embriagarse y perder el control. Mientras esperaba su bebida, observaba su alrededor, terminando por notar la presencia de Bruno al caminar escaleras abajo directamente hacia ella. Desvió la mirada intentando pasar por desapercibida, pero en su lugar, apenas recibía el trago, Bruno Caruso aparecía a su lado. —Giorgia Sorrentino. —dijo firme al llamar su atención. Inmediatamente ella entendió que Bruno sabía con exactitud de quién se trataba, poniendo en riesgo sus planes y todo lo que realmente quería hacer, entonces no hizo más que fingir no saber sobre que o quién hablaba él. Frunció su frente y le observó fijamente al tomar el trago en sus manos. —¿Disculpa? ¿Quién eres? No estoy interesada en conocer a nadie, vine sola. —avisó. Él solo sonrió al observarla fijamente. —No te hagas, Sorrentino. Sé quién eres, sé quién es tu padre, ¿qué haces aquí sin protección? —cuestionó. Ella inmediatamente intentó esquivar sus preguntas, acercando la bebida a su boca antes de que él, segundos más tarde, detuviese sus manos quitando el trago de ellas y regresándola al bartender. —No quieres hacer eso. —avisó. —¿Qué quieres? ¿Quién eres? —cuestionó Giorgia fingiendo no conocer cada parte de su cuerpo, cada parte de lo que era y de todo aquello que alguna vez esperaba ser. —¡Deja de hacerte la tonta, no te queda bien! ¡Todos saben quién soy! —avisó. Aquellas palabras hicieron que Giorgia no pudiese evitar reír a carcajadas ante él, mirándole cómo si hablase estupideces y como si el mundo girara realmente a su al rededor. —¡Creo que soy la única persona en el planeta que no conoce de ti! —gritó Giorgia en respuesta. Él solo negó sonriendo, pasando sus manos sobre su nuca y observándola fijamente. —¡No importa, lo único que importa es que yo sí sé quién eres tú, Sorrentino! ¡Sé mucho sobre ti! —avisó. —¿Por eso me dejaste pasar? ¿Por eso me mandaste a buscar con un seguridad? Vaya que tienes aires de autoridad. —confesó Giorgia burlona. Aquellas palabras una vez más generaron una sonrisa espontánea en él que lo pondría a negar. —Autoricé la entrada de una guapa chica que solo tenía la culpa de no tener la edad suficiente para entrar a un lugar como éste. —explicó. —Y luego cuando la reconocí, no dudé en saber que hacía en un lugar así sin supervisión, seguridad o algún tipo de protección. —avisó. —¿Acaso tu padre sabes que estás aquí? Giorgia mintió y negó. —Me escapé de casa por una sola noche, volveré sin que lo note. No quería salir llena de guardaespaldas que solo se le van los ojos bajo mi falda. —soltó. —Prefiero venir completamente sola, después de todo, siempre he pasado por desapercibida, creo que en todo éste sitio solo tú sabes quién soy yo, aunque yo no sepa realmente quién eres tú. —dijo al señalar su pecho. —¿Quién eres, chico misterioso con aire de grandeza? —cuestionó. Bruno rió a lo bajo, acercándose hasta su oído al generar un pequeño escalofríos en el cuerpo de Giorgia al sentir su respiración chocar con su piel. —Bruno Caruso. —susurró en su oído. —¿Aún sigues sin saber quién soy? —cuestionó. Entonces Giorgia no supo realmente que decir, observándolo en silencio mientras él sonreía con egocentrismo y autoridad. —¿Te dió miedo? —cuestionó Bruno al verla tan silenciosa y distraída. —Tranquila, no le diré a tu padre que escapaste de casa, mucho menos te haré daño. —avisó. Giorgia rió. —No te tendría miedo siquiera siendo el rey del infierno, Caruso. —confesó. —Pero entonces, ¿qué hace el hijo Caruso en lugar como éste? —preguntó. —No todo es trabajo y dinero, Sorrentino. Merecemos distracción, fiesta y baile un par de veces a la semana, ¿no lo crees? —cuestionó. Giorgia rió. —Te pareces mucho a él. —confesó. —Lo suficiente como parecerme repulsivo. —avisó. Bruno la observó confundido y realmente ofendido. —¿Qué dices? —Mi padre, también hubiese quitado el trago de mi mano, hubiese hablado sobre protección y sobre lo minimizado que debe estar la mujer en un mundo como este. —le dijo Giorgia sin más. —He oido mucho sonre ti. —¿Ah, sí? Espero que cosas realmente buenas. —avisó. Ella rió y negó. —No hay nada de bueno en ti, Bruno. Los medios hacen de las suyas, te encanta rodar de portada en portada haciendo realmente un show de los tuyos. —confesó. —Es lo que le gusta a las mujeres. —avisó. —No se con que tipo de mujeres te juntas tú, Caruso. Pero nada mejor que un hombre discreto, tranquilo, reservado. —explicó. —Todo lo contrario a lo que eres tú. Él se acercó de manera intimidante y firme, quizás un poco enojado y ofendido. —Cuidadito, Sorrentino. Recién te conozco, no abuses de la confianza que te he dado. —avisó firme. Hasta entonces Giorgia finalmente entendió realmente quien era Bruno Caruso, y el porque las advertencias inexplicables de su hermano. Podía definirlo como una bomba de tiempo lista para estallar cuando fuese necesario. Si las cosas no salían tal y como él quería, Bruno era capaz de encender el mundo entero una y otra vez. Sabía el poder que contenía, y por ello, no dudaba en usarlo a su favor. Una arma de doble filo que Giorgia estaba lista para comenzar a utilizar. Ella solo rió al sentirle tan cerca, aunque una parte de ella, en el fondo de su ser, tuviese miedo de lo que estaba por suceder. —¿Debería tener miedo? —cuestionó. —No te tengo miedo, Bruno Caruso. Mi padre es Sorrentino, créeme que eso te enseña demasiado. —soltó con desprecio. Él dió un paso atrás y rió. —Tu padre jamás será peor que el mío, Sorrentino. —Nunca dije que fuese una competencia de cuál tenía el peor padre del año. —avisé. Él dió paso atrás y rió. —Me caes bien, Sorrentino. Pero no me gusta que me lleven la contraria o me desafíen, ya te invité una vez a subir conmigo, la segunda será la última propuesta. —avisó. —Así que, Giorgia Sorrentino, ¿quieres bailar conmigo? —cuestionó.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD