Savannah volvió a mirar a su abuela, pero estaba claro que no había manera de escapar de los oficiales uniformados que la observaban nerviosamente desde la puerta. Aún no habían entrado, pero estaba claro que estaban algo perdidos. Claramente, esta no era la situación que esperaban. —No me toques, vieja bruja —amenazó Tony cuando la trabajadora social intentó acercarse de nuevo. —Tony, ven aquí —dijo Savannah acercándose a su habitación aun sosteniendo a Gabriella. —Carlos, tú también. Vamos. Los chicos retrocedieron a regañadientes con ella. Entrando en la habitación, cerraron la puerta con fuerza y la bloquearon, pero eso no sería un gran impedimento para los oficiales una vez que fueran llamados a actuar. Savannah sentó a Gabriella en la cama y secó sus lágrimas hablando suavemente.

