Tras dos horas en la que la gente no paraba de hablar, e intentaba impresionar a Peter Wilson. Algunos daban verdadera pena, porque decían cosas que no tenían mucho sentido, una chica dijo que con diez años ya se diseñaba la ropa, perdón pero yo vengo de una familia de diseñadores, y os aseguro que de niña, jugaba con muñecas, no con telas.
—Y así llegamos al fin de hoy—dijo Peter.
Hace tiempo que había dejado de hacer caso y me había puesto a dibujar, porque para ser sincera no me importaba mucho la vida de esas doce personas, no sabía como una persona sin conocer a nadie de nada podía ponerse a contar su vida como si nada.
Todos se levantaron, y se pusieron a recoger, y salieron en fila india.
Ahora toda la parafernalia de vestirse así y de intentar impresionar, se había visto arruinado porque no había servido para nada.
Guarde mis bolígrafos y antes de que cerrara mi cuaderno, alguien lo cogió.
Levante mi cabeza para encontrarme con Peter.
—Dame lo—le dije y me levante con la intención de quitarle el cuaderno.
—Tienes talento—me dijo mientras miraba mis diseños.
Obviamente tenía talento, no solo porque diseñar fuera algo que tenía en la sangre, por dios era una jodida reina del diseño, era la mejor en ello, no necesitaba que él viniera a alagar mi trabajo que ya sabía que era bueno, quizás el mejor.
—Lo se—dije y le quite mi cuaderno.
Él me miro impresionado.
—Que poca modestia—comento y le mire.
—¿La confianza es mala?—le pregunte.
Él me miro sorprendido.
Todo el mundo creía que tener confianza en ti mismo, era por egocentrismo, por creerte superior a los demás, pero no, simplemente sabías que tu trabajo era bueno, y confiabas en el, no por ello tenías que desvalorizar a los demás, eso era otra cosa. Yo sabía que era buena, mejor que muchos pero también tenía claro que había gente mejor que yo, pero iba luchar por ser la mejor de todos.
—No—comento él, y le mire.
—No me creo mejor que nadie, aunque podría—le deje claro y él me miro.
—¿Cómo te llamas?—me pregunto y le mire.
Liana, concéntrate en seguir con el plan de Tom, solo tienes que decir una cosa, recuérdala con fuerza.
—Danna—dije y le mire.
Él me miro, me analizo, mi ropa y mi aspecto.
—No tienes cara de Danna—me dijo y le mire.
—¿Y de que tengo cara?—le pregunte y él me miro.
—Lucia o algo con ele—me dijo.
Le mire.
Esperaba que no supiera nada, o al menos que no lo sospechara, porque sino estaba perdida.
—Bueno, ese no es mi problema—le dije y recogí mis cosas.
—Espero verte el lunes—me dijo y le mire.
—He pagado la matricula, así que lo harás—le dije.
No le iba a recriminar los cinco mil dólares, pero ganas no me faltaban, para que negarlo, pero no lo iba ha hacer por miedo a que me echaran del curso.
—¿Que?—me pregunto sorprendido.
—Adiós—le dije.
No tenía ganas de seguir aquí, ni de tener esa conversación por lo que me fui, tarde poco en salir del edificio, y camine para ir al autobús, podría pedir un taxi o llamar a alguien pero no se porque, me apetecía usar el autobús.
Fui a la parada, para esperar a que el autobús viniera.
Saque mi móvil y empecé a ver fotos de mis amigos, la mayoría estaba en la playa o disfrutando del verano, yo era la única idiota que se ponía a estudiar en verano, esperaba que el alcohol del bar de Tom , porque sino me iba cagar en el y en todo.
En ese momento, un coche n***o se paro enfrente mía.
Mierda.
La ventanilla se bajo, dejando ver a mi madre.
—Sube—me ordeno.
Suspiré.
Aunque no quisiera, tampoco quería armar un espectáculo en la calle, por lo que respire hondo y subí al coche, donde estaban mis dos hermanos también.
—¿Por que estás aquí?—me pregunto mi hermana.
—He venido a pintar al parque—dije.
Obviamente mi familia no podía saber que estaba yendo a un curso y menos que era de los enemigos a muerte, como eran los Wilson.
—¿No deberías estar en clase?—me pregunto mi madre y la mire.
—¿En clase?—le pregunte sorprendida.
—La universidad—me dijo mi madre.
—Hace una semana que estoy de vacaciones—dije.
Quisiera darle una leche y decirle, que atendiera un poco más mi vida, pero no iba hacerlo, al menos me daban dinero que, ya era demasiados.
—¿Cuántas has suspendido?—pregunto mi hermano.
Le mire, ¿Por que se creía que había suspendido?
—Ninguna—me queje.
Puede que no sacara todo dieces, pero no era una persona que suspendiera, me pasaba todo el día estudiando para tener unas buenas notas, para estar tranquila todo el verano, me esforzaba para tener un buen futuro, para conseguir las cosas.
—¿Segura?—me pregunto mi hermana.
Mire a mis hermanos, Victoria y Richard eran totalmente como mis padres, tanto físicamente como mentalmente, tato mis padres como ellos, tenían unos intensos ojos color miel, y el pelo castaño, y eran demasiado insoportables, y obviamente no aguantaban mi personalidad en la que simplemente era directa y no me andaba con rodeos como ellos.
—Si—dije.
Mis hermanos se miraron.
—Bueno, que hayas aprobado no significa nada—dijo mi madre y la mire.
—¿Qué quieres que haga?—le pregunte.
Mi madre me sonrió y paso su mano por mi pelo, para colocar un mechón de pelo que se me había salido de la coleta.
—Tengo grandes planes para ti—me dijo, y la mire.
Quizás había mal entendido a mi familia, quizás habían decidido que podía ser parte de la empresa familiar, quizás no me querían seguir apartando.
—¿Que?—pregunte.
—Pues hacer un curso de marketing digital—me dijo mi madre, la mire sorprendida.
—¿No puedo trabajar en la empresa?—les pregunte.
Mis hermanos rieron.
—No seas ridícula—me dijo mi hermana—No vas a participar en la empresa—.
Le mire.
—¿Por que no?—les pregunte sorprendida.
—Porque no vamos a compartir la empresa contigo—me dijo mi hermana.
Victoria y Richard, mis dos hermanos eran los mellizos de la muerte como le gustaba llamarles a Bianca, entre ellos si se querían, para toda mi familia yo fui un error, era lógico, me llevaba diez años con mis hermanos pero eso no les daba derecho a tratarme mal.
—Mama—me deje.
—No te quejes—dijo mi madre y la mire—No tienes lo que hay que tener para ser una mujer de negocios, eres demasiado respondona—me dijo y la mire.
—Quizás si me dejarais intentarlo—dije y mi madre negó.
—Cariño, solo has tenido un pez y murió a los dos días—me dijo.
—Tenía cinco años—me queje.
Dory, era un pez azul que me compre en la feria, era precioso pero tenía cinco años y no sabía que los peces debían comer todos los días, ni menos que había que limpiar la pecera, pero si mis padres me hubieran ayudado a cuidarlo, o mis hermanos, seguramente todo abría salido bien, pero creyeron que una niña de cinco años, podía con ello.
Obviamente no, se murió y estuve una semana deprimida y llorando.
Lo peor fue que no me dejaron enterrarlo y lo echaron a la basura, como si no tuviera valor, pero era mi maldito pez.
—Y duro un mes—me queje.
—Eso no importa—dijo mi madre—No voy a dejarte una empresa de millones, cuando no sabes cuidar de ese animal—me dijo y suspire.
—Lo que debes hacer es ponerte guapa y buscar un marido—me dijo mi hermana.
—Hablo la solterona—le dije sin pensarlo.
—Yo tengo una empresa a mi cargo, y es esa la que te paga los caprichos, así que haz algo productivo y busca aliados para el negocio—me dijo.
No dije nada, me quede callada, me gustaría arrancarle el pelo y arrastrarle por la carretera pero no podía hacerlo.
Así que respire.
El coche se volvió a parar y mire por la ventana, vi que estabamos enfrente de mi edificio.
—Deberías dejar de estar con esas amigas tuyas y centrarte en buscar a un hombre—me dijo mi hermana y la mire ¿Ahora tampoco mis amigas le gustaban?
—A mis amigas las dejas en paz—le avise y ella me miro.
—Te lo digo para que no te hagas bollera—me dijo y la mire.
No podía estar diciendo eso, era la peor cosa que jamás me había dicho.
—Pues para tu información, Victoria, me gustan las mujeres, igual o quizás más que los hombres—le dije.
Y sin esperar respuesta, salí del coche y le di un portazo a este para después entrar a mi edificio.
Steven me miro cuando entre, con preocupación por mi cara, pero no me dijo nada.
Suspire.
Y en ese momento recibí un mensaje de Amanda, que nos íbamos de compras y era lo que necesitaba, distraerme de todo.