Se quitó la chaqueta de tela negra y esta cayó rápida y elegantemente al suelo del baño, luego llevo sus dedos al borde de su camiseta blanca y tiro hacia arriba quitándosela, revelando primero una sexy pero casi invisible línea en V en la parte baja de su abdomen, la cual resaltaba su pequeña y bien definida cintura, adornada por los músculos en la zona de su estómago; no eran como los de los tipos en las portadas de las novelas, ya que no estaban muy “marcados” pero aun así ahí estaban y a decir verdad, aunque sea él mismo quien lo piense, se veían igual de elegantes y atrayentes que los de cualquier modelo.
Sus pectorales tampoco eran la gran cosa, es decir, no son como los de los tipos de Fitness, que parece ya que tuvieran pechos, pero si poseen un tamaño considerable y según las mujeres con las que ha frecuentado, incluso se consideran apetecibles. Cuando finalmente la camisa dejó su cuerpo y la dejó caer al suelo, sus hombros y brazos quedaron al descubierto; sus hombros son anchos con la clavícula sobresaliendo ligeramente, y sus brazos son largos y fuertes; con los músculos en estos marcando delicadas líneas que separan sus bíceps.
“Mierda, si tuviera una personalidad narcisista diría que fui esculpido por los ángeles en persona” – pensó Jack mientras se miraba en el espejo. Se dio la vuelta y vio su espalda – “igual de apetitosa que el frente” – pensó. Sus hombros anchos favorecían la hermosa caída hasta donde la espalda perdía su nombre. Los lados tenían un tamaño considerable de anchura y si cuadraba los hombros ambos se oprimían resaltando más la elegante línea de la espina dorsal – “sep. Soy una delicia” – entonces se deshizo de sus pantalones y su ropa interior para seguir alimentando su ego.
Sus piernas son delgadas, fuertes y largas; no son rectas dado que están un poco arqueadas desde la zona de la entre pierna hasta la rodilla, pero aun así son llamativas y sus muslos están tan llenos, redondos y firmes como su trasero. Por último, pero no menos importante: miró su entre pierna y una sonrisa ladina se creó en su rostro; su ego subió al instante. A continuación se metió a la ducha y abriendo la regadera procedió a lavarse.
Algo que también vale la pena mencionar, es que su cuerpo fue cubierto por tres tatuajes desde hace unos años: el primero está en la espalda, que es el tatuaje de un ala de ángel y junto a esta un escrito “I cry when angels deserve to die” que en español sería “Lloro cuando los ángeles merecen morir” muchos pensarían que es por su concepción demoníaca o por alguna clase de odio hacia los ángeles, pero en realidad, solo es el coro de su canción favorita.
El segundo tatuaje está ubicado en su hombro derecho, es una calavera con un manto n***o y una oz llena de sangre sobre su cabeza, tributo al ángel de la muerte quien en más de una ocasión estuvo con él pero jamás se lo llevo. Honestamente, no sabía si estar agradecido o triste por eso.
Y el tercero se encuentra en su brazo izquierdo, es un fondo totalmente n***o pero sobre él hay una rosa roja con pequeños destellos blancos y tallos verdes. Nadie sabe exacta o parcialmente qué significa aquella rosa en su brazo. Muchos le han preguntado qué significa, pero él tiende a cambiar la respuesta cada vez que se lo preguntan.
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Mucho más allá de ahí, en Queens, existe una mansión con décadas de antigüedad. El frente está destruido y sin color, la madera rajada y con la pintura caída desde hacía años. Pero, a pesar de su mal aspecto, por dentro era cálida y estaba, relativamente, bien cuidada, a comparación con el frente claro.
En una esquina del recibidor había una chimenea apagada con tres muebles viejos frente a esta y una sucia alfombra bajo ellos. Dos grandes puertas a izquierda y derecha de la estancia le daban la bienvenida a la cocina, la cual era la puerta a la derecha, y al sótano que se había convertido en el cuarto de lavandería, que era la puerta a la izquierda.
En los pisos de arriba de la mansión, los cuales daban paso a las habitaciones, los pasillos eran oscuros y sombríos, las cortinas pasaban todo el día cerradas y eran cinco pisos hasta arriba, por lo que los escalones eran casi interminables y las tablas crujían cada vez que ponían un pie en ellas.
Aun así, la mansión operaba como un hotel, uno malo pero funcional, administrada por dos hermanos de origen eslovaco, los Molnárová. Uno de ellos había recibido y alquilado una habitación a una joven mujer cuyos padres la habían botado de la casa por estar embarazada, por lo que ella, sola en el mundo y sin dinero, llegó a ese lugar.
La chica estaba sentada en la cama de la habitación hablando por teléfono tranquilamente con una amiga sobre su situación actual, sin tener idea de que Lilith y su secuaz Bruce la observaban desde la azotea del edificio de en frente, a través de su ventana.
- ¿Es la que estamos buscando? – preguntó Bruce.
- Es una de ellas – respondió Lilith.
- ¿Y qué hacemos aquí parados? ¿Por qué no vamos por ella? – preguntó el demonio.
- No – respondió Lilith con simpleza.
- ¿No? – preguntó Bruce.
- No necesitamos hacer nada – dijo la princesa del infierno mientras su segundo solo la miraba incrédulo – vamos, iremos por la siguiente – y sin más ambos desaparecieron.
La chica seguía sumida en su conversación por teléfono, cuestionándole a su amiga que debía hacer a continuación.
- ¿Y el padre de tu bebé? – preguntó la chica al otro lado de la línea.
- Es un idiota – respondió la chica de forma directa – jamás se haría cargo – y entonces, un sonido. La chica giró la mirada hacia el lugar de donde el sonido había venido, pero no había nada.
- Aunque sea intenta llamarlo. Dile que lo demandaras por pensión alimenticia o algo – insistió su amiga.
- No tengo dinero para pagar una casa, y ¿crees que tengo para una demanda? – cuestionó la chica y otra vez se escuchó otro sonido, solo que esta vez fue de pasos. La chica, empezando a ponerse nerviosa, se cambió de lugar y fue hacia el mueble frente a la cama, alejada del pasillo de la puerta, que fue donde escuchó los ruidos.
- Pues, tienes que hacer algo, no te puedes quedar en ese lugar de mala muerte para siempre – replicó su amiga.
- ¿No puedes recibirme en tu casa unos días? – preguntó la chica en parte por su situación y en parte por los ruidos que escuchaba.
- Seguro, sabes que siempre puedes contar conmigo – dijo su amiga.
En ese momento se escuchó como alguien abría la puerta. La chica sintió una pared de escalofríos subir por su espina dorsal en cuanto escuchó la madera del piso crujir, dando a entender que alguien había entrado en la habitación.
- ¿Lindsey? – preguntó su amiga por el teléfono, pero ella colgó rápido temiendo que hubiera alertado al extraño en su cuarto.
Con suma cautela se levantó del mueble y fue a esconderse al baño, llevando el teléfono consigo. Una vez encerrada en este, se sentó en el piso y empezó a marcar el 911.
- 9.1.1 ¿cómo podemos ayudarle? – dijo la operadora al otro lado de la línea.
- Hay un extraño conmigo – dijo la chica temblando de miedo.
- Dígame donde se encuentra – pidió la operadora.
- En… - pero cuando quiso dar su ubicación la llamada se cortó – mierda – dijo en casi un susurro.
Hizo silencio otra vez y escuchó lo que pasaba afuera, el suelo crujía y eso solo significaba que alguien caminaba por la habitación, pero los pasos se escuchaban lejos; a continuación, se escuchó el chirrido de la puerta cuando se abre y posteriormente cuando se cierra. El extraño se había ido.
Con sumo cuidado y desconfianza, la chica abrió una r*****a de la puerta y miró por ella, no había nada; la abrió hasta la mitad y miró el cuarto donde estaba el mueble y su cama con su mochila sobre esta, fue entonces que decidió armarse de valor y salir de su escondite.
Cruzó el pequeño cuarto y apenas se asomó por el pasillo hacia la puerta, comprobando que no hubiese nadie y no lo había, pero allí, al final del pasillo junto a la puerta, estaba una caja extraña de madera. No supo si era porque su curiosidad era más fuerte que su miedo o si había algo más atrayéndola, pero decidió acercarse lenta y prudentemente hacia la caja.
Mientras caminaba por el pasillo, no tenía idea de que el extraño se había ocultado entre la oscuridad y ahora seguía sus pasos de cerca. Una vez que estuvo frente a la caja, vio que esta estaba vacía y sin la tapa, pero cuando se dio la vuelta se topó de frente con el individuo y ella gritó por un segundo antes de que este la golpeara con fuerza y ella cayera de espaldas en la caja.
Cuando la chica cayó dentro del objeto, el extraño la acomodó bien para que sus extremidades quedaran adentro también, una vez que logró esto, busco detrás de la caja la tapa y se la colocó encima, luego fue hacia la cama y tomó el bolso con las cosas de la chica y se lo colocó al hombro. El extraño rodó la caja con la chica adentro para poder abrir la puerta, una vez abierta empujó la caja hacia el pasillo y él salió detrás de esta cerrando la puerta del cuarto tras de sí.
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Una vez que Jack terminó de asearse, se puso la primera ropa limpia de caballero que encontró en el armario, la cual consistía en unos jeans azules y una camisa blanca de algodón de manga larga. Se puso sus botas de montaña y se colgó la chaqueta negra con el sobre que Azazel le dio al hombro.
Mientras bajaba las escaleras un olor agradable llegó a sus fosas nasales, terminó de bajar las escaleras y llegó a la cocina, encontrándose con “Baby Angel” leyendo uno de los libros que había en la pequeña repisa de la sala.
- ¿Hiciste café? – preguntó el demonio al ver hacia la encimera de la cocina y ver la cafetera llena.
- Mark volteo y vio lo que Jack miraba, luego volvió a su lectura y simple respondió – sí – bebiendo un sorbo de su café.
- ¿Sabes preparar café? – preguntó el demonio apoyándose al marco de la cocina – y más importante aún, ¿tú tomas café?
- Sí – respondió Mark dejando su lectura para alzar la vista hacia Jack – no es que lo necesite, claro, pero me gusta su sabor.
- Mira tú eso – comentó Jack para sí mismo y luego siguió de largo hasta la cafetera para servirse su propia taza del preciado líquido.
Una vez tuvo la taza en sus manos, camino hasta llegar a la mesa de la cocina, donde estaba Mark sentado leyendo un libro. Al llegar a ella, giró una de las sillas quedando el espaldar frente a su pecho y sus piernas a ambos lados de esta.
Jack, cual niño desesperado por la atención de su madre, puso su cara sobre el espaldar y clavo su mirada en Mark haciendo sus mejores ojitos de cachorro abandonado, pero al ver que este ni lo miró procedió a cambiar de estrategia; puso el café sobre la mesa y sujetándose del espaldar inclino todo su torso y cabeza hacia atrás como si se estuviera estirando, al volver a su posición inicial empezó a tamborilear en la mesa con sus manos y hasta hacia sonidos con la boca.
- ¿Te pasa algo? – preguntó Mark bruscamente luego de que Jack interrumpiera su lectura.
- No, ¿Por qué? – preguntó Jack.
- Pareces un niño de cinco años haciendo eso – dijo Mark.
- ¿Haciendo qué? – preguntó Jack y volvió a mover los dedos sobre la mesa.
- Eso – dijo Mark viendo sus dedos.
- ¿Qué cosa? – preguntó Jack y lo volvió a hacer.
- Lo que acabas de hacer, Jack – dijo Mark empezando a irritarse.
- Yo no hice nada – dijo y volvió a tamborilear con los dedos.
- ¡El tambor con tus dedos! – dijo Mark perdiendo la paciencia. Jack miró hacia sus dedos y vio que sí se movían cada cierto tiempo.
- Ah, eso – dijo bajando sus manos de la mesa – es un tic. Bueno, es un tic, pero al mismo tiempo no lo es. Lo hago cuando estoy nervioso, desesperado o aburrido, en este caso es la tercera opción – Mark se lo quedó viendo un buen rato tratando de dilucidar si era cierto lo que decía o si solo quería fastidiarlo - ¿Qué lees? – preguntó el demonio inocente.
- Mark bajó la vista hacia su libro y contestó – La llave menor de Salomón.
- Oh, yo lo he leído – comentó Jack – mi padre me lo hizo leer una vez para que tuviera idea del poder de su adversario. Según la leyenda, Dios le regalo a Salomón, por medio del arcángel Miguel, un anillo mágico con el cual debía construir el templo de Jerusalén. Pero este anillo tenía una cualidad única: podía dominar a los demonios. Salomón hizo que un contingente de demonios, capturados y sometidos a su voluntad, cargaran las piedras del Templo de Jerusalén, acelerando así la construcción del edificio.
- Bueno, veo que sí lo leíste – comentó Mark, Jack rió un poco – y me contaste el final – dijo Mark apartando el libro, pero en ese momento sintió algo extraño, como un bajón de energía.
- ¿Qué sucede? – preguntó Jack tomando de su café.
- Creo que Lilith asesinó a otro de tus no natos – dijo Mark y se levantó de la mesa – andando.