POV DAMIÁN El viento fresco de la noche londinense golpeaba mi rostro mientras conducía hacia las afueras. A mi lado, Amelie miraba por la ventana con una sonrisa curiosa, una de esas expresiones que me hacían sentir que el mundo, a pesar de toda su fealdad, todavía guardaba rincones de una belleza pura. Llevaba un vestido de seda color esmeralda que resaltaba cada destello de sus ojos, un color que siempre asociaría con la esperanza que ella trajo a mi vida cuando todo parecía ser solo negocios y dinero. Durante todo el camino, no pude evitar que mi mano buscara la suya sobre la palanca de cambios. Cada vez que rozaba su piel, un escalofrío recorría mi espalda, pero no de nervios, sino de una gratitud abrumadora. Recordaba el peso de la culpa que me había acompañado durante tanto tie

