POV DAMIÁN La vuelta a la mansión fue un ejercicio de contención forzada. Amelie se había quedado dormida en el Bentley, acurrucada contra la puerta, su respiración suave e inocente. El esmoquin arrugado y el pie descalzo que asomaba bajo la seda eran la prueba física de la brecha que acababa de abrir en mi existencia perfectamente calculada. Ella era un problema de gestión de riesgos que se había transformado en un riesgo existencial. Cargué su cuerpo fuera del auto. Su peso era ligero, casi etéreo, pero el peso de su vulnerabilidad, esa combinación letal de fragilidad y fuerza que me había mostrado al bailar, era algo que mis brazos no estaban acostumbrados a sostener. La llevaba por el largo pasillo hacia el ascensor de mi suite, concentrado en el esfuerzo para evitar concentrarme

