Alessandro y yo estamos en la mesa del restaurante esperando a los hermanos Bianchi. Veo que en la entrada del restaurante están Davide, Salvatore y Chiara, que se empeñó en venir. En el carro con Salvatore y Davide. Al y yo veníamos en otro carro. —¿Lista? —Pregunta Alessandro tomando de su copa, mientras ve como Salvatore saluda a una chica que conozco muy bien, y después a otro que me gustaría no conocer tan bien. Salvatore se acerca con los dos Bianchi a nosotros. —Al, Zita ¿Cómo están? —Dice Mirna con su clásica voz molesta, abrazándonos. —Muy bien Mirna ¿Y ustedes? —Pregunta Al. —Muy bien—Dice y su mirada se dirige a Salvatore, que lo mira de arriba abajo. Y con todo el descaro del mundo, acaricia el pecho de Salvatore, y él le dedica una sonrisa con deseo. —Zita…—La voz de

