Me despido de mi padre y mis hermanos en el restaurante, ellos deben ir a trabajar en el negocio.
—Te iras con Salvatore—Me ordena mi padre, yo solo asiento—Nena, es por tu bien, ¿De acuerdo?
—Lo sé—Es todo lo que le digo, lo abrazo. Mi padre mira a Salvatore
—Cuídala, Salvatore—Le ordena, Salvatore asiente y le extiende la mano a mi padre, cuando mi padre la toma su mirada se vuelve fría—Si algo le pasa, lo pagaras con tu vida
—Lo sé, señor
—Y no olvides lo que hablamos antes—Le advierte, y por primera vez desde que lo conozco, noto un atisbo de preocupación y culpa en el rostro de Salvatore
—No señor—Responde Salvatore. Nos dirigimos al estacionamiento del lugar.
—¿Cuál es tu carro? —Le pregunto con burla
—Oh creo que lo recuerdas, preciosa—Me dice de nuevo con esa voz ronca, pongo los ojos en blanco, y caminamos a su Porsche. Me abre la puerta, rodea el carro y sube, se pone lentes oscuros y se pone en marcha, cuando nos quedamos lejos de todo, y esta algo mas nublado, se quita los lentes. —¿Quieres hablar?
—¿Por qué querría? —Le pregunto haciendo el asiento un poco atrás, para acomodarme, sin mirarlo, solo miro el paisaje pasar. Aunque mi padre dice que no debo volver al anonimato, sé que tarde o temprano tendré que hacerlo, siempre lo he sabido
—Por lo que pasó, porque eres la hija de mi jefe, y porque eres mujer… y debo decir que mujer—Esto ultimo lo suelta suave, casi para que no lo escuche
—No quiero—Le digo y volteo a ver de nuevo el paisaje, disfrutándolo. Los enormes arboles, el cambio de color entre unos y otros, extrañaré esto cuando todo se vaya a la mierda.
—Zita… si causé algún conf…—Comienza a decir, pero tengo que parar su diatriba
—Salvatore—Llamo su atención, por lo que se calla, lo observo un momento, cuando toma la desviación hacia Huston—Solo cogimos, básicamente fue una noche con un desconocido. Bueno tu si que me conocías.
—Algo—Me dice cuando hago una pausa
—Pero solo fue sexo—Continuo diciéndole—Y debo reconocer, uno muy bueno…Pero no volverá a pasar.
Nos quedamos en silencio un momento, el toma algo de aire profundamente, sonríe de medio lado, al parecer divertido.
—Si que fue bueno—Dice nos miramos solo una fracción de segundo. Cuando de pronto el da un volantazo, sacándonos del camino a un lugar escondido, entre su repentina acción al volante, la electricidad que de pronto hay en el carro, y la maldita atracción, nuestra respiración esta completamente agita, sus ojos negros se clavan en los míos, apaga el motor, dejando el switch prendido, para que la música siga sonando—¿Nunca?
Pregunta con su voz sexy. Solo con esa frase acaba de lograr que un escalofrío recorra mi cuerpo, terminando en mi entrepierna, su mirada baja un segundo a mis pechos, notando que mis pezones se han puesto duros, su sonrisa de medio lado es mi maldita perdición. Me acerco a él para besarlo. Sus besos saben tan bien. Su boca es suave, pero tan segura. Y su experta lengua busca la mía, moviéndose con maestría. Mi mente divaga un poco, en lo que esa lengua podría hacerme. Gimo un poco cuando sus manos me toman por la cintura, incitándome a acercarme, sin pensarlo lo hago, me subo a él a horcajadas. Nos separamos un segundo, cuando el hace el asiento hacia atrás. Acomodándonos perfectamente en el asiento. Sus ojos están mas negros, sus labios están hinchados por mis besos, y su cabello comienza a despeinarse. Sus manos van a mi trasero, lo aprieta con brusquedad, gimo de placer. Me baja los tirantes de la blusa que tengo hasta los codos para bajarla con brusquedad junto con mi brasier, dejando mi pecho expuesto a él.
—Eres un bruto—Le digo, y su boca atrapa uno de mis pezón, mientras que su mano aprieta fuertemente el otro seno. Mierda, que bien se siente. Muerde mi pezón y lo succiona de forma salvaje, me arqueo al sentirlo.
—Pero te encanta que lo sea, preciosa—Sus manos bajan hasta mi trasero, y lo aprieta hacia abajo, subiendo su cadera un poco, haciéndonos fricción, gruñe
—Mierda—Digo cuando repite el movimiento de su cadera, toma mi mandíbula entre su dedo índice y su pulgar apretándola.
—Que boquita—Me dice aun con voz ronca—Me pregunto las maravillas que debe hacer
—No tendrás tanta suerte—Le digo moviendo mi cadera sobre la suya, torturándonos de placer, gruñe al sentirme, sus labios de nuevo atrapan mi pecho.
La música se detiene, cuando suena una llamada, parece que el la va ignorar, porque no deja de atender mi pecho, con su boca, mientras sus manos guían mi cadera.
—Tu no necesitas guía, sabes lo que haces—Me dice subiendo sus manos a mi nuca, para atraerme a su boca, mordisquea mi labio inferior con fuerza
—NO—Le digo alejando mis labios de los suyos, sus ojos negros muestran todo el deseo que amerita la situación, su sonrisa de medio lado me da a entender que lo volverá a hacer sin importarle.
Su celular vuelve a sonar, cuando muerde mi labio de nuevo, me hago para atrás, y sin notarlo, aprieto el botón de contestar del volante
—Salvatore—La voz chillona de una mujer resuena en las bocinas del carro, justo cuando el succiona mi pezón gimo fuerte—¿Qué mierda estas haciendo, amor?
—Carajo—Dice él—¿Qué?
Parece confundido, mientras yo me subo mi blusa, acomodando mi brasier, y quitándome de él.
—¿Qué sucede Salvatore? ¿Estas cogiendo? ¿Quién es la zorra con la que estas…?
—Estoy trabajando Chiara—Dice muy quitado de la pena, acomodándose el pantalón en la entrepierna
—Donde te acuestes con esa puta…
—No la llames así Chiara—Dice él mientras se acomoda el cabello—¿Qué quieres?
—Seguro ya te estas revolcando con todo Huston…—Ay que molesta niña.
—Hola Chiara—La saludo, para ponerle un alto a la maldita mujer esa—Soy Zita Vannicelli ¿Tienes algo que decirme?
—Señorita…—Dice sorprendida, y veo la sonrisa de burla de Salvatore—Yo… no… no sabía que Sal, estuviera trabajando con usted…—Su voz es realmente irritante.
—Ya—Le digo, abro la puerta del carro y salgo
—¿Qué haces? —Dice Salvatore—Mierda…
Es lo ultimo que escucho, mientras me adentro en el bosque. Necesito despejarme. Camino unos metros. Agradezco que en la cabaña mi padre tuviera tenis. Me jalan del brazo
—¿Adonde crees que vas? —Me gira de forma violenta
—Lejos de ti—Le digo, soltándome con la misma fuerza que él
—¿Celosa?
—Jamás—Le digo riéndome, ¿Quién se cree que es para pensar que me pondría celosa? Sigo caminando
—Aun así, me temo que alejarte no va ser posible—Me dice alcanzándome, tomándome de la cintura, pegándome a un árbol, quedando demasiado cerca de mi, esa electricidad de nuevo. El deseo no nos hace esperar mas, me besa, con tanta urgencia como la que yo siento. Lo deseo, es una dulce tentación, el lo sabe, yo lo sé. Sin darme cuenta, me baja el pantalón, pero al no poder sacarlo por los tenis, lo rompe, ver los músculos apretarse a su camisa cuando hace el esfuerzo, es excitante. Nuevamente frente a mi de pie, vuelve a dejar mis pechos al aire, chasquea la lengua y sonríe de medio lado, remojando sus labios con su lengua—Si, así esta mejor
Desabrocho su cinturón y pantalón con premura, hasta liberar su m*****o. Se pone el preservativo, me carga a la cintura, donde lo rodeo con mis piernas, mueve un poco mis pantis, y sin mas nos fundimos en un placer extremo, excitante y magnifico. Ambos descargamos la tensión del día, el deseo. Terminamos jadeantes. Me sostiene por el trasero, mientras aun esta dentro de mi. mis brazos se aferran a su cuello, recargándome en sus hombros, mis piernas lo atenazan para no caer.
—Mierda—Dice con voz ronca, recuperándose del encuentro—Tu padre va a castrarme.
Me levanta un poco con los brazos para salir, me ayuda a ponerme en equilibrio, mis piernas tiemblan entre el esfuerzo de sostenerme, y el monstruo que tiene este hombre entre sus piernas, hicieron estragos.
—Mi pantalón—Lo veo hecho jirones en el pasto, el se quita la americana, y luego la camisa, extendiéndomela, con una sonrisa
—Te quedará como un vestido—Se ríe. Mientras me pongo su camisa, el se pone de nuevo su americana. Huele muy bien, varonil, un tipo de madera—¿Qué pasó con eso de nunca?
Me dice mientras se sube la cremallera. Me río bajo. Terminando con el ultimo botón de su camisa. Me acerco a él y se sorprende, pongo mis manos en su cinturón que aun no abrocha.
—¿Qué pasó con eso de que mi padre te cortará las bolas? —Le sonrío de medio lado, y de un solo y hábil tirón, saco su cinturón y se ríe mientras lo pongo en cintura y con la punta del metal le hago un agujero mas para que me ajuste bien.
—Ese cinturón me lo regaló tu hermano Santino—Me dice riendo me pongo en marcha de regreso al carro.
—Seguro después de que te encargaron cuidarme—Se pone a mi lado, su celular vuelve a vibrar, lo saca y en la pantalla dice claramente “Chiara” gruñe con molestia, desvía la llamada y para mi sorpresa bloquea el numero
—Odio que me agobien—Dice muy bajo, creo que mas para él—¿Cómo supiste lo del cinturón?
Pregunta cuando me abre la puerta y yo solo me encojo de hombros, y entro al carro. Sonríe pero no insiste, solo cierra la puerta. Subiéndose a mi lado. Poniendo en marcha el carro.
—Mi padre no es el único que te castraría…
—Lo sé—Me dice con calma—Si me convierto en un castrati, quedará sobre tu consciencia
—Pudiste decir que no—Le digo quitándome los tenis
—Es difícil resistirse a ti
—Si lo es—Le digo—Dame tu celular
El me lo extiende sin pensarlo. Abro los ojos al desbloquearlo sin contraseña. Le descargo Spotify, y conecto mi cuenta personal, donde pongo algo de variedad de música. Mientras selecciono mi playlist, le llegan como 20 mensajes de Chiara. Pongo la música, y dejo su celular en su lugar.
—Pensé que pondrías tu numero
—Seguro lo tienes—Le digo encogiéndome de hombros
—Luego dicen que uno no es galante—Estira su brazo a la parte de atrás y saca dos botellas de agua, y me da una. Yo me río de su comentario—¿Música latina?
—Tengo gustos variados—Le digo—Por cierto tu novia, te acaba de mandar 20 mensajes
—No es mi novia—Me replica. Me encojo de hombros, pero me concentro en la música que suena a un volumen considerable. Aun nos quedan 1 hora de viaje. Espero podamos estar en silencio.