La habitación estaba envuelta en una completa oscuridad. El olor a sábanas limpias mezclado con el aroma del cuerpo que estaba sobre mí llenaba el aire. Mis piernas temblaban, y mis uñas se clavaban en la piel sudada de su espalda mientras mi cuerpo se arqueaba al ritmo de sus movimientos. —Dafne... —susurró mi nombre, su voz grave, cargada de deseo, mientras me sostenía por las caderas y me guiaba con firmeza. Él me estaba cogiendo como un animal, sin piedad, con una fuerza que hacía que cada fibra de mi cuerpo se rindiera a su dominio. Sus manos se aferraban a mis caderas como si fueran suyas, guiándome al ritmo que él dictaba, sin permitirme un solo segundo para recuperar el aliento. Cada empuje era una mezcla perfecta de placer y tortura, como si supiera exactamente dónde y cómo pres

