La familia Salvatore disfrutaba de su estancia en Italia, siendo cálidamente recibida por Nicole Briss y Mateo Rinaldi. A pesar de las tensiones en el pasado, actualmente mantenían una sólida amistad.
Los adultos se dirigieron a discutir asuntos importantes, dejando espacio para que Alana disfrutara de una charla dichosa con Kiara. Kiara, siendo la única amiga femenina de Alana a lo largo de su vida, compartían risas y confidencias.
Aidan, en cambio, se sentía fastidiado en la mansión. Despreciaba todo lo relacionado con el viaje, incapaz de soportar las charlas entre Kiara y Alana. Además, su relación con Luca, a pesar de ser primos, carecía de la más mínima química. La mansión se tornaba un lugar incómodo para él en medio de las dinámicas familiares.
— Alana, lamento mucho no haber podido asistir a tu cumpleaños. Surgió algo y no pude llegar a tiempo, mamá se sintió mal.— Pronuncia Kiara.
Kiara exhibe la distintiva de ojos tono cielo , una característica heredada directamente de Mateo, cuyo atractivo matiz celeste es evidente. Su piel refleja la misma tonalidad, complementando armoniosamente la conexión familiar. Además, su cabello largo y ondulado es otro rasgo que comparte con Nicole, consolidando la herencia genética de ambos progenitores.
— ¡No te preocupes en absoluto, Kiara! Entiendo que a veces las cosas se complican. Además, lo más importante es que estamos juntas ahora.
— Gracias, Alana. Me sentí mal por perdérmelo. Pero cuéntame, ¿cómo fue tu fiesta de cumpleaños?
— Fue increíble, mucha diversión y buena compañía. Y hablando de chicos...
—¿Chicos? Cuéntame todo.— Inquiere Kiara con curiosidad —He oído que Milán Romanov estuvo allí. Dicen que es muy guapo.
Alana ríe fuerte—Sinceramente, ni le presté atención. Mi atención estaba totalmente en Luca, tu hermano es hermoso.
— ¡Luca! ¿En serio?— Inquiere Kiara entre risas
— Sí, nos divertimos mucho. Bailamos pegados, fue muy romántico. Kiara debes ayudarme y decirme si alguna chica se le acerca.
—Alana, por ahora Luca no tiene ninguna chica en su vida. Se ha enfocado en en entrenar y estudiar en el laboratorio con papá. Está decidido a asumir su papel como líder de Italia después de terminar la carrera.
— ¡Vaya, Kiara! ¿En serio? ¿No hay nadie especial para él?
— No, por el momento está completamente centrado en su responsabilidad como líder. Quiere demostrar que es tan valeroso como los Rinaldi, a pesar de no tener la misma sangre.
— ¡Qué estupidez! Luca es increíble, y estoy segura de que será el mejor líder de Italia. Es más, será mucho mejor que ese tonto de Milán Romanov.
—¡Exacto! ¡Gracias, Alana! Es bueno saber que hay alguien más que ve el potencial de Luca y no se deja llevar por prejuicios sin sentido.
[...]
Después de dejar las maletas en sus respectivas habitaciones y acomodarse, esa misma noche, la familia Rinaldi se encontraba reunida. No solo estaban presentes Mateo y Nicole con sus dos hijos, Kiara y Luca, sino también la hermana de Mateo, Irina, junto a su esposo Silvano, un hombre imponente que lideraba la camorra. Ana y Lucian, los hijos adoptivos de Irina, completaban la escena, formando parte integral de la familia extendida.
En este encuentro íntimo, se guardaba un secreto conocido por todos. Irina, debido a los traumáticos episodios de su juventud, no podía tener hijos biológicos. Golpeada por su esposo en ese oscuro pasado, quedó estéril. Sin embargo, en lugar de resignarse a esa realidad, Irina tomó la valiente decisión de adoptar a Ana y Lucian, quienes eran tratados con el mismo amor y consideración que si fueran descendientes de sangre.
Mateo, el patriarca, había proclamado abiertamente que los hermanos adoptivos eran sus sobrinos de sangre, y nadie en la familia tenía el derecho de menospreciarlos. Esta declaración de lealtad y amor se extendía también a su propio hijo, Luca, quien, a pesar de no compartir la misma ascendencia sanguínea, era aceptado y respetado de la misma manera.
En esa noche especial, la unidad familiar se manifestaba con risas compartidas y conversaciones animadas, destacando que los lazos de sangre no eran la única fuerza que sostenía a la familia Rinaldi. Era un testimonio de que el amor, la lealtad y el respeto trascendían cualquier diferencia genética, creando una verdadera familia basada en el corazón y la elección consciente de aceptarse mutuamente.
Irina no podía apartar sus ojos de Paulina, teñidos de desprecio. A pesar de los años transcurridos, Irina no había perdonado las acciones que consideraba una afrenta a la familia. Resultaba incomprensible para ella cómo Mateo y Nicole podían haber aceptado nuevamente a Max, junto con su esposa e hijos.
La hostilidad de Irina persistía, alimentada por el recuerdo de las acciones pasadas. No comprendía cómo la reconciliación había tenido lugar después de tantos años. Sin embargo, en este intrigante rompecabezas familiar, solo un puñado de personas estaba al tanto de la verdadera conexión entre Luca y Paulina: Mateo, Nicole, Max y, por supuesto, la propia Paulina. Este selecto grupo mantenía en secreto la identidad de Luca, conscientes de los riesgos que implicaba su revelación. Mientras tanto, en el círculo más amplio de familiares y conocidos, la reconciliación entre estos miembros continuaba siendo un misterio sin resolver.
— Luca, estoy muy orgullosa de tus logros. Tu mamá me ha contado que vas increíble en la universidad, siendo un prodigio adelantado varios años.— Lo elogia Paulina
— Sí, tía Paulina, gracias. Me graduaré pronto, solo me faltan dos años para obtener el título de bioquímico. Después, seguiré con la maestría. La verdad es que la universidad es fácil para mí, papá me ha enseñado todo lo que sé sobre la creación de sustancias.— Comenta Luca
Aidan, con gesto fruncido, rodea los ojos con sus manos, expresando claramente su frustración. La razón subyacente es evidente: la molestia ante la atención preferencial que su madre le otorga a Luca. Desde su perspectiva, Luca no es más que un sabelotodo, y la idea de que su madre le dedique tanto tiempo y atención le resulta insoportable.
— El conocimiento es poder, Luca. Eso es lo que me ha mantenido en el poder durante tantos años. Saber cómo manipular sustancias, como lo hice con el Drakon y otras drogas, es crucial. La fórmula está en mi cabeza, y solo mi hijo la conoce, nadie más. Esa es el arma que tiene Italia contra sus enemigos.— Afirma Mateo
Mateo es consciente de que han imitado varias de sus sustancias sin éxito.
—Así es, Mateo. — Asiente Max—Las armas de Italia son los conocimientos en bioquímica. En cambio, las de Rusia son las armas convencionales. Cada país tiene sus fortalezas, y sus habilidades en bioquímica les brindan una ventaja estratégica única.
Max: Muy pronto, mis mellizos estarán estudiando en la universidad.
—Alana, con lo hermosa que eres, podrías unirte fácilmente con algún hombre importante en lugar de perder el tiempo en la universidad. En nuestro mundo, las mujeres ni siquiera deben estudiar.— Le comenta Irina
— Yo pienso todo lo contrario. Durante casi un año, fui la líder de Rusia. Si hubiera tenido más conocimientos, tal vez habría tenido más poder. Eso es lo que quiero para mi hija. No quiero que sea solo una esposa o una marioneta. Quiero que sea una mujer poderosa, y el conocimiento es poder. Por eso, Alana estudiará, y por supuesto, Aidan también.— Anuncia Paulina
— Nada te sirvió todo tu poder si terminaste siendo solo la esposa del líder del Ejército Rojo. Todo se debe a mi primo Max. Sin él, no tendrías absolutamente nada. Empezaste siendo sumisa, y eso es todo.— Pronuncia Irina
— Sí, exactamente. No es ningún secreto para mis hijos ni para todos los presentes que fui una sumisa cuando tenía la edad de nuestras hijas, Irina. Sin embargo, no me conformé con solo eso y pude escalar hasta ser la líder de Rusia. Pero dime tú, ¿qué has hecho además de tener el apellido Rinaldi? ¿Cuál es o ha sido alguno de tus logros?— Pregunta Paulina sarcástica
Sus hijos la observan con orgullo a igual que su esposo porque conocen su carácter y saben que se sabe defender bastante bien.
— Bueno, no necesito escalar posiciones, ni ser una arribista .Tengo el apellido Rinaldi, y eso ya es un logro en sí mismo.— Pronuncia Irina
— El apellido puede abrir puertas, pero lo que hagas con esas oportunidades define tu legado.— Pronuncia Paulina
— Creo que deberíamos hablar de algo más agradable, ¿no creen? Como el cumpleaños de Alana y Aidan. Me dolió no poder estar allí para celebrar.— Anuncia Nicole
— Tienes razón, princesa. Es un tema mucho más agradable. Alana y Aidan merecen un buen recuerdo de su cumpleaños.— Pronuncia Mateo
La discusión entre Paulina e Irina concluyó abruptamente, pero Aidan continuaba observando la situación con desdén. Para él, la familia Rinaldi no era de su agrado en absoluto, y le resultaba desconcertante la buena relación entre su padre y Mateo, ya que no soportaba a ninguno de los Rinaldi.
Aidan estaba completamente consciente de la historia familiar. Sabía que él era el único Rinaldi de sangre, ya que Luca solo poseía el apellido y Kiara era una mujer. En cambio, los hijos de su tía Irina eran adoptados, lo que lo convertía en el único heredero de la sangre de su abuela. No comprendía por qué su padre no dejaba de lado las formalidades y simplemente tomaba el poder. Podría enfrentarse a Silvano o incluso reclamar la camorra, que perteneció a su familia durante años pero que había sido cedida a Silvano hace tiempo. Ahora, Silvano y Irina, junto con sus hijos, disfrutaban de todo lo que alguna vez perteneció a los abuelos de Aidan.
Uno de los fervientes deseos de Aidan al crecer era recuperar lo que legítimamente le pertenecía a su familia. Aunque Alana podía casarse con alguien de poder, él anhelaba expandir el dominio del Ejército Rojo. A pesar de su juventud, su ambición ardía con fuerza, y estaba decidido a reclamar el legado perdido de su familia.