—Un ganado se soltó y mi madre no ha estado muy bien de salud. Nada grave, pero necesito estar aquí. —Lamento oír eso, Humberto. Espero que todo se resuelva pronto, tanto con el ganado como con tu madre. —Gracias, bonita. Te voy a extrañar estos días —dijo, como si fuéramos una pareja de verdad. —Cuídate —le pedí antes de cortar. Al colgar, volví a la cocina, donde Cecilia me esperaba con los brazos cruzados. —¿Qué pasa? —preguntó ella, tratando de ocultar su curiosidad. —Se fue a la hacienda. Tiene problemas con el ganado y su madre está enferma. Cecilia me observó en silencio por unos segundos pero luego sonrió con picardía. —Deberías ir a visitarlo. Sorprenderlo. Ayudarlo como él te ha ayudado a ti. —No quiero involucrarme en su vida más de la cuenta —dije con honestidad, volvi

