Cerré la puerta detrás de mí con un nudo en la garganta. Cecilia me miraba como si esperara una confesión. Yo bajé la vista, me sentía avergonzada y no quería mirarla a los ojos, pero no podría estar así todo el tiempo. —¿Qué es lo que te pasa, Azucena? —me preguntó sin rodeos, cruzándose de brazos. —¿Por qué actuaste así? ¿Por qué humillaste a Humberto delante de todos? El solo quería celebrar tu cumpleaños. Levanté la mirada con lágrimas en los ojos, pero fingiendo una indiferencia que me dolía más que cualquier cosa. —No me pasa nada —respondí, dejando caer mi bolso sobre la silla cerca de la cama. —Lo pensé mejor y es mejor no seguir con la relación. No quiero casarme y punto, sé que quería celebrar mi cumpleaños pero no contaba con que me pediría matrimonio. —No me engañas Azuce

